EL FUTURO DE LA LEGISLATURA

La tensión entre PSOE y PNV amenaza el equilibrio que sostiene las instituciones vascas

Imagen de archivo de Aitor Esteban y Pedro Sánchez.

A Maribel Vaquero no le gustan especialmente los focos. Pero este miércoles estaban todos sobre ella. Con los otros 349 diputados mirándola atentamente. Expectantes. En especial el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Sus palabras en la sesión de control eran mucho más importantes que las de Alberto Núñez Feijóo (PP). El PSOE y el PNV viven unos días de tensión, extraños, tambaleantes.

El silencio que inundó la Cámara Baja durante el intercambio de palabras entre la portavoz del PNV y el jefe del Ejecutivo materializaba la sensación que recorre la política española. ¿Se acabó la relación fructífera entre socialistas y nacionalistas vascos? ¿Puede haber un giro de guion inesperado? ¿Se tambalea la legislatura por el enfado de los jeltzales?

La política española en las últimas décadas ha girado en muchas ocasiones al son del PNV. En las paredes del Congreso todavía resuena el comunicado de mayo de 2018 que puso fin al apoyo de los nacionalistas vascos a Mariano Rajoy, apenas horas después de haber pactado con él los presupuestos generales. De esta forma, darían su respaldo a Pedro Sánchez en la moción de censura. El PP todavía no lo perdona. Y ese poder lo conocen muy bien en el Palacio de la Moncloa y en la calle de Ferraz. Orden desde arriba: rebajar el clima caldeado.

El detonante de esta tensión es un tuit del Partido Socialista vasco (PSE-EE) con una imagen generada por IA en la que se ve al líder peneuvista, Aitor Esteban, tirándose a la piscina, en referencia irónica a su comentario de que había agua en la piscina para la reforma del Estatuto. La difusión de ese tuit generó un terremoto entre los nacionalistas, que suspendieron una reunión que iban a tener con los socialistas. Una relación que ahora pilota Antonio Hernando desde la remodelación de la dirección de Ferraz tras la dimisión de Santos Cerdán.

No es solo un tuit

Pero ese tuit fue la gota que colmó el vaso para el PNV, que mantiene con el PSE-EE una serie de encontronazos. No solo de fondo, sino también de forma. Como señalan fuentes conocedoras, esto también va de “una cuestión de piel”. A los nacionalistas les molesta el estilo del líder de los socialistas en Euskadi, Eneko Andueza, que no está dentro del Ejecutivo de coalición. Y dentro de ese Gobierno también le ha sentado mal al lehendakari, Imanol Pradales, la actitud del consejero de Vivienda, Denis Itxaso, del ala socialista. 

Este choque se debe enmarcar también en el espacio temporal: falta justo un año para que se celebren elecciones municipales en Euskadi en un momento en el que EH Bildu está muy fuerte en las encuestas. Y ya todos los partidos empiezan a marcar mucho perfil, conscientes de que quedan, como mucho, apenas catorce meses para que haya elecciones generales.

Pero la bronca afecta al corazón de la relación entre el PSOE y el PNV, una de las más fructíferas en el mapa político español actual. Esto no va solo de los apoyos en la madrileña Carrera de San Jerónimo, sino que estas dos formaciones pactaron el Gobierno de coalición en Vitoria, además de las tres diputaciones forales (con un peso político y económico altísimo porque son las que recaudan los impuestos). Asimismo, ambos partidos tienen acuerdos de gobernabilidad en las tres capitales vascas.

Qué supondría una ruptura

Por lo tanto, una ruptura total entre ellos no solo afectaría a la legislatura nacional, sino que podría hacer saltar por los aires todas las instituciones vascas, donde el PSE-EE podría virar hacia EH Bildu y cambiar el color político. Y se rompería ese win-win que hasta ahora han tenido: los socialistas consiguen ese halo de centralidad de la mano de los de Esteban frente a la apuesta arriesgada de acordar con la izquierda abertzale, mientras que el PNV se asegura con Ferraz mantener las instituciones y su poder territorial. Como señala un veterano dirigente socialista. “El PNV sin la Lehendakaritza no sería lo que es”.

En este combo está también la figura de Aitor Esteban en el centro. Sus relaciones en Madrid son muy buenas con Moncloa y Ferraz, pero no existe esa conexión en Euskadi. En la izquierda vasca creen que el PNV está “sobreactuando” y reflexionan que el líder del PNV venía muy “mimado” de Madrid.

Los sudokus de Madrid y Vitoria

El propio Sánchez se ha puesto al frente de esta crisis con sus palabras en el Congreso para reconducir la situación. El líder de los socialistas elogió la “oposición constructiva” y tendió la mano a la “buena compañía” de los peneuvistas para agotar la legislatura. En el Palacio de La Moncloa rechazan que haya una ruptura: “No hay una crisis”. Quieren que amaine pronto el temporal.

Pero hay otro factor que también se ha cruzado durante estas horas: el PNV subió el tono contra los socialistas en una semana en la que los nacionalistas vascos se abstuvieron en la votación del decreto de prórroga de los alquileres, que fue tumbado por el ‘no’ del PP, Vox y Junts. En las bancadas progresistas, durante la sesión plenaria de este jueves, se comentaba que los nacionalistas vascos saben que su posición también es impopular y no están cómodos al situarse en el lado “de los especuladores”.

Las primarias de Más Madrid, un debate sobre el modelo de la izquierda más allá de los nombres

Las primarias de Más Madrid, un debate sobre el modelo de la izquierda más allá de los nombres

El PNV se inquieta cuando entra en la ecuación con el PP y Vox, un tándem muy mal visto en Euskadi. El acercamiento a la derecha y a la extrema derecha españolas puede suponer un revulsivo precisamente para EH Bildu, su gran rival por la hegemonía en el Parlamento vasco. Es un quebradero de cabeza para el partido de Esteban quedar como uno de los culpables de la posible llegada a La Moncloa de Alberto Núñez Feijóo y de Santiago Abascal.

La historia entre el PSOE y el PNV ha estado marcada por diferentes etapas de encuentros y desencuentros. Los dos partidos formaron equipo en el Gobierno vasco entre 1986 y 1998, con el liderazgo del lehendakari José Antonio Ardanza y bajo el “espíritu de Arriaga”, que buscaba fórmulas para la comodidad dentro del Estado. Pero luego la política vasca cambiaría de eje con el Pacto de Lizarra, que supuso un marco para aventuras de corte soberanista como la impulsada por Juan José Ibarretxe, que distanció al PNV de los socialistas, quienes lograrían durante unos años el Gobierno con Patxi López a la cabeza gracias a los votos del Partido Popular. El reencuentro se produciría en 2016, cuando Iñigo Urkullu pactó con el PSE-EE de Idoia Mendia, una fórmula que se ha mantenido hasta ahora. 

El PSOE y el PNV se miran de nuevo. Saben que se necesitan. Pero queda un año para las elecciones. Y Pedro Sánchez también ha avisado: quiere ocho años más de Gobierno. Su futuro pasa también por Aitor Esteban.

Más sobre este tema
stats