ATAQUE A IRÁN

Irán en el epicentro de una guerra regional en Oriente Medio

Concentración iraní durante las protestas contra Estados Unidos e Israel en Teherán, Irán, el 28 de febrero de 2026.

El estallido que se veía venir y no muchos quisieron ver. Las reacciones ante la guerra regional están pasando por una condena a la respuesta iraní y un llamamiento a la contención y a la monitorización general. De alguna manera parece que estamos ante una continuidad de la Guerra de los Doce Días. Pero todo ha cambiado mucho.

En junio de 2025 Israel lanzó una serie de “ataques preventivos” contra Irán que, lejos de apuntar solo a su programa nuclear, se enfocaron en asesinatos selectivos de personal y material clave en el aparato militar, balístico, científico y político del país.

El enfoque de Israel siempre ha estado en Irán como régimen político. El interés estadounidense es la primacía israelí en Oriente Medio, como garante de su propia influencia regional. Por eso las negociaciones entre el conflicto de 2025 y el de 2026 no se han centrado en absoluto en el programa nuclear.

Las negociaciones que auguraban la guerra

A pesar de la oportunidad dada a la diplomacia y de la aceptación de los marcos de negociación y mediación iraníes, rápidamente quedó clara la intención estadounidense.

Tras el final de las protestas del mes de enero en Irán, Donald Trump llamó al resurgimiento de las mismas y al asalto a las instituciones iraníes por parte de los manifestantes. Si no se llegó a lanzar el ataque en enero no fue solo por el decaimiento del pretexto sino por la constatación de que Irán respondería más firmemente que en junio de 2025.

Hacía falta un mayor despliegue militar. De esta manera, al grupo de ataque del portaaviones Abraham Lincoln, Estados Unidos le quería sumar el del Gerald Ford, el mayor del mundo. Con la llegada del mismo, de forma repentina las negociaciones que reportaban una aproximación positiva, se truncaron.

Washington exigía la rendición completa de Irán: el fin del enriquecimiento de uranio, la entrega del material enriquecido, el control de su programa de misiles, el fin de su apoyo a sus socios por la región y, de esta manera, la hegemonía completa de Israel.

Irán sorprendió a muchos en la Casa Blanca negándose a tales cláusulas. Pero tras lograr que Omán fuese el mediador oficial de las conversaciones, el país árabe acabó publicando un último órdago. Irán había aceptado condiciones que parecían inasumibles como la cláusula del “enriquecimiento cero” y la entrega del material disponible para el programa nuclear.

El valor de esta declaración omaní estaba en la presión que ejercía a Estados Unidos en torno al discurso de que Irán no estaba dispuesta a ceder. La esperanza pasaba porque se le siguiera dando una oportunidad a la diplomacia. Pero el ataque estaba decidido. Y con los portaaviones en su sitio, el despliegue militar ya era el mayor desde la invasión estadounidense de Irak en el año 2003.

Los ataques se expanden rápidamente

A pesar de todo, la decisión estaba tomada. Sin el pretexto en las calles de Teherán, se ha apostado por una justificación sencilla. Irán representa una amenaza y debe ser combatido, de nuevo, preventivamente.

Ante los ataques de Estados Unidos e Israel, la respuesta iraní no ha sido limitada ni ofreciendo una ventana para la desescalada. Ha sido una respuesta regional. En la Guerra de los Doce Días ya se produjeron ataques iraníes sobre bases extranjeras, concretamente la de Al-Udeid en Catar.

Irán ha apuntado contra prácticamente todos los puntos de presencia estadounidense: Jordania, Bahréin, Catar, Kuwait, Emiratos Árabes, Arabia Saudí e Irak. Y por supuesto, Israel

Pero en esta ocasión, Irán ha apuntado contra prácticamente todos los puntos de presencia estadounidense: Jordania, Bahréin, Catar, Kuwait, Emiratos Árabes, Arabia Saudí e Irak. Y por supuesto, Israel.

Muchos países, tanto árabes como occidentales, han decidido centrarse en la condena a la respuesta iraní, contrastando la posición española con un Pedro Sánchez que ha señalado directamente a Israel y a Estados Unidos.

Algunos de los países cuyo territorio ha sido golpeado se han reservado el derecho a responder, posibilitando que un conflicto que ya se encuentra en una fase regional escale aún más. Pero cabe esperar que estos sí busquen fórmulas limitadas que les dejen fuera de la espiral.

No obstante, a Estados Unidos no le interesa una guerra prolongada. Como reportaba la prensa estadounidense durante estas semanas, es bastante probable que la Administración Trump busque alcanzar sus objetivos en un periodo relativamente corto.

Estados Unidos e Israel lanzan un ataque masivo contra Irán

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Pero una solución con asesinatos selectivos o destrucción de objetivos concretos podría no existir para los objetivos que desea Estados Unidos en este caso. Irán no es Venezuela, aunque coinciden en que un cambio de régimen no es tan fácil sin una intervención que fuerce la situación sobre el terreno. Y eso conviene más a Israel que a Estados Unidos.

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Alejandro López Canorea dirige el medio Descifrando la Guerra. Antropólogo, profesor, escritor y analista de política internacional en prensa, radio y televisión.

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