CONVERSACIONES DE PAZ
Estados Unidos abandona el diálogo con Irán pese a las "conversaciones sustanciales" y lanza una "última oferta"
Las negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán han encallado tras más de 20 horas de diálogo directo en Islamabad (Pakistán) y sin anunciar una nueva fecha para retomar el diálogo. El encuentro, el de mayor nivel entre ambos países en casi medio siglo, concluyó sin acuerdo y con una sensación compartida: las posiciones siguen demasiado alejadas en los famosos 10 puntos clave.
El vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, compareció al término de la reunión con un mensaje un tanto ambiguo al asegurar que Estados Unidos "ha mantenido varias conversaciones sustanciales", lo que ha destacado como la "buena noticia", pero "la mala noticia es que no hemos llegado a un acuerdo”. Y añadió un matiz para aumentar la presión sobre la República Islámica: “Creo que eso es mucho peor para Irán que para Estados Unidos”.
Desde Washington, insisten en que hay "una propuesta muy simple, un método de entendimiento, que es nuestra mejor y última oferta. Veremos si los iraníes la aceptan”. Por su parte, Irán se ha mantenido tranquilo y asegura que no esperaban llegar a un acuerdo este fin de semana.
Más allá del tono diplomático, las razones del fracaso son concretas y con varios frentes abiertos que bloquean un entendimiento entre ambas delegaciones diplomáticas.
El principal escollo sigue siendo el programa nuclear iraní. Estados Unidos mantiene una línea roja inamovible. “Necesitamos ver un compromiso firme de que no buscarán un arma nuclear, ni las herramientas que les permitirían obtenerla rápidamente”, subrayó Vance. Y remató con la duda que ha atravesado toda la negociación: “¿Vemos un compromiso de voluntad por parte de los iraníes? Todavía no lo hemos visto”.
Desde Teherán, el tono ha sido distinto, pero contundente. El portavoz de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, evitó hablar de fracaso total y rebajó las expectativas: “Nadie esperaba un acuerdo en una sola reunión”. Sin embargo, dejó claro los límites iraníes al advertir de que el proceso solo avanzará si la otra parte se abstiene de “demandas excesivas” y “peticiones ilegales”.
A la condición nuclear, se suma el control del Estrecho de Ormuz, que se ha convertido en la pieza central del pulso geopolítico entre ambos países. La posición estadounidense pasa por una apertura inmediata, pero desde el lado iraní se ha advertido que “no habrá cambios en el estrecho a menos que EEUU acepte un acuerdo razonable”. Otra fuente iraní citada durante las negociaciones fue más allá: cualquier tránsito deberá estar “coordinado directamente con las Fuerzas Armadas iraníes”, una condición que Irán lleva tiempo pidiendo a la comunidad internacional.
El tercer elemento que ha erosionado el diálogo es el papel de Israel. Mientras Washington e Irán negociaban, los bombardeos israelíes en Líbano han continuado sin atisbo de final. Teherán exige garantías para frenar el conflicto, mientras que Estados Unidos sostiene que el alto el fuego “se limita al conflicto directo” entre ambos países.
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En paralelo, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, lanzó un mensaje que sobrevoló toda la negociación: “La campaña aún no ha terminado” y defendió los ataques israelíes contra Hezbolá y el Líbano para “aplastar su programa nuclear” y no descarta "hacer más” frente a Irán y sus aliados.
El desacuerdo económico ha sido otro de los puntos de bloqueo. Irán reclama el levantamiento inmediato de sanciones y la devolución de activos congelados, mientras que Washington condiciona cualquier alivio a la firma de un acuerdo nuclear. Es un choque clásico, pero en este contexto se ha convertido en un freno total.
El fracaso llega, además, en un momento especialmente delicado. La tregua de dos semanas es “muy frágil” y está “abiertamente amenazada”, según advirtió el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. El ministro fue más allá al señalar que hay actores interesados en torpedear el proceso y apuntó directamente a Israel: “Cuando toda la humanidad respiraba aliviada por el alto el fuego, el Gobierno de Israel seguía empecinado en una guerra que no es buena para nadie”.