Oposición venezolana
María Corina Machado seduce a las derechas con su agenda ultraliberal y los choques con Sánchez
María Corina Machado es ahora la musa de la derecha española, pero lo fue mucho antes de Washington. El expresidente George W. Bush la recibió en el despacho oval en 2005 pese al enfado del entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que calificó la reunión como una injerencia inaceptable. Tiempo después, Machado fundó su propio partido –Vente Venezuela– pero tuvo que esperar hasta 2023 para hacerse con las riendas de una oposición en horas bajas, tras el fiasco que supuso la autodenominada presidencia interina de Juan Guaidó.
Machado pertenece a una de las principales familias de la vieja oligarquía venezolana y representa al sector más duro de la derecha. Su perfil ultraliberal y anticomunista la convierte en una suerte de dama de hierro latinoamericana, la misma que defiende el derrocamiento del chavismo por vías violentas y la “privatización total” de la petrolera estatal venezolana, PDVSA. Así lo afirmó este lunes en un desayuno informativo celebrado en Madrid acompañada por el expresidente socialista Felipe González y el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. “Si quieren invertir, vengan a hablar con nosotros, que les diremos lo que vamos a hacer en electricidad, sistema bancario, petróleo, turismo…”, manifestó.
El país que ambiciona María Corina Machado está predefinido en un documento que ya fue presentado en las elecciones presidenciales de 2024 bajo el nombre de “Venezuela, tierra de gracia”. Sus planes pasan por privatizar todo el sector industrial del país atrayendo capitales extranjeros, principalmente estadounidenses. Es el mismo plan que tiene Donald Trump, ya que Venezuela es su gran apuesta geoestratégica porque cuenta con la mayor reserva de petróleo del mundo, enormes yacimientos de gas y es rica en minerales y tierras raras.
Sin embargo, tras el secuestro de Nicolás Maduro, el magnate prefirió optar por una transición ordenada con la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez. Una decisión incomprensible para Machado, que confiaba en que el presidente de EEUU forzara unas elecciones o la situara a ella en el poder. Ni ofreciéndole el Nobel de la Paz lo consiguió.
PP y Vox se vuelcan con Machado
Para la derecha española, Machado no es solo la bestia negra del chavismo, sino también una adversaria ideológica del Gobierno de Pedro Sánchez. En el citado desayuno, la líder opositora afirmó que espera que España “pueda tener pronto unas elecciones impecables” de las que “salga un Gobierno que acompañe la causa hispanoamericana”. Unas palabras que contrastan con las decisiones del Ejecutivo de Sánchez de no reconocer la victoria de Nicolás Maduro en las últimas elecciones, de dar asilo al candidato impulsado por Machado, Edmundo González, y de conceder la nacionalidad al dirigente opositor Leopoldo López.
Tras una gira europea con parada en Francia, Países Bajos e Italia — y reuniones con sus mandatarios—, Machado aterrizó en Madrid para recibir las llaves de la ciudad por parte del alcalde de la capital, José Luis Martínez Almeida, y la Medalla de Oro de manos de la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso. Tras el encuentro entre ambas, la Puerta del Sol se llenó de manifestantes y se profirieron gritos racistas de "¡Fuera la mona!" dirigidos a Delcy Rodríguez auspiciados por el cantante Carlos Baute.
Sin embargo, Machado declinó reunirse con el presidente del Gobierno, pese a que se cursó una invitación oficial por parte de Moncloa. “La reunión de Barcelona es la demostración por la que no es conveniente”, argumentó la venezolana, en referencia a la cumbre progresista auspiciada por Sánchez en Barcelona con líderes de la izquierda internacional. La líder opositora sí se reunió, en cambio, con Feijóo, y el líder de Vox, Santiago Abascal.
Albares recuerda que le ofreció asilo en la Embajada
Este lunes, además, fue recibida por Pedro Rollán, presidente del Senado. Desde la Cámara Alta defendió que acudía precisamente a la que es "la casa del pueblo español”, aunque lo cierto es que no ha hecho parada por el Congreso, presidido por la socialista Francina Armengol y volvió a reafirmarse en su idea de no haberse reunido con Sánchez tras las críticas del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares.
En una entrevista concedida a RNE, Albares calificó de "error" que Machado busque presentarse en España como "líder de una facción ideológica", especialmente de la extrema derecha. Para el titular de Exteriores, resulta "extremadamente chocante" que la opositora emita "críticas gratuitas" para agradar a un determinado sector político, recordando tajantemente que "no se puede venir a pedir ayuda y luego desmerecer a las instituciones españolas".
En esa línea, desveló que la política venezolana llegó a solicitar asilo en la Embajada española en Caracas. “Yo personalmente le dije que no había ningún problema”, aseguró el ministro, si bien “al final no lo usó, pero eso estuvo ahí”. Por lo tanto, consideró “completamente injusto” que se critique al Gobierno español, “el que más ha hecho por el pueblo venezolano de todo el mundo”.
La derecha repite su manual: de Guaidó a Leopoldo López
No es la primera vez que la derecha española se vuelca con la oposición venezolana ni sigue el mismo manual. En enero de 2020, tanto PP como Vox se movilizaron para arropar a Guaidó, que fue recibido en Madrid con honores de jefe de Estado por la Comunidad y el Ayuntamiento tras una concentración de opositores venezolanos en la Puerta del Sol. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, le entregó la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid, que todavía no había recibido nadie desde su creación en 2017.
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Con ese apoyo a Guaidó, las derechas trataron de poner en evidencia a Pedro Sánchez por no haberlo recibido durante su visita a España, a diferencia de lo que habían hecho otros mandatarios europeos como Angela Merkel, Emmanuel Macron o Boris Johnson. Todo ello a pesar de que Sánchez encabezó la decisión de reconocerle como presidente interino. En septiembre de 2024, el PP también impulsó una resolución para reconocer a Edmundo González como presidente electo del país, al que el Gobierno de Sánchez dio asilo tras las elecciones venezolanas.
Antes lo intentaron con Leopoldo López, condenado en Venezuela en 2014 a casi 14 años de prisión por instigar manifestaciones contra el Gobierno de la República Bolivariana que terminaron con 43 muertos y cientos de heridos. López esperaba que la ira de sus seguidores derivara en una insurrección contra un Maduro que llevaba apenas unos meses en el poder tras la muerte de su mentor ideológico, Hugo Chávez, en marzo de 2013. Pero no fue así.
Durante su encarcelamiento, López contó con un amplio respaldo en los círculos políticos y mediáticos de España, pero también encontró un fuerte respaldo en los expresidentes Felipe González (PSOE) y José María Aznar (PP) que promovieron un manifiesto que reclamaba la libertad de López. Años más tarde, en las elecciones europeas de 2019, el PP de Pablo Casado fichó al padre de Leopoldo López para que se integrara en sus listas. Tan solo unos días después de este anuncio, Leopoldo López se refugiaba en la Embajada de España en Caracas, donde permaneció hasta huir del país hacia Madrid un año y medio después. Hace menos de un mes, el Gobierno de Sánchez nacionalizó a López con un decreto exprés.