Venezuela sin Maduro: el incierto experimento político de Trump en América Latina
Venezuela vive “un nuevo momento político”. La presidenta interina, Delcy Rodríguez, definía así la inédita situación que atraviesa el país tras la agresión militar de Estados Unidos. Es, en todo caso, un momento político muy singular en el que la estructura del chavismo ha quedado descabezada pero se mantiene intacta en todas las esferas de poder. La nueva doctrina Monroe de Donald Trump ha generado ya su primer experimento político en América Latina: un régimen bajo el control remoto de Washington que se presta a concesiones económicas y políticas mientras gana tiempo para dilatar el proceso de transición democrática.
Desde el 3 de enero, cuando el ejército estadounidense bombardeó Caracas y sus alrededores y secuestró a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, en una operación relámpago que dejó un centenar de asesinatos en el camino, los acontecimientos se han precipitado en el país sudamericano. La entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez tomó las riendas del país y se plegó a las condiciones impuestas por el mandatario estadounidense bajo amenaza de muerte, según ha confesado.
El matrimonio de conveniencia entre Trump y Delcy ha dado ya algunos frutos. La dirigente chavista anunció el viernes una ley de amnistía “que cubra todo el periodo de violencia política de 1999 al presente”. La medida, que afectaría a varios cientos de disidentes, se une a la lenta pero progresiva liberación de presos políticos desde el 3 de enero. Además, Rodríguez informó que su Gobierno cerrará la cárcel de El Helicoide, símbolo de la represión del régimen.
El anuncio de una inminente amnistía a los presos políticos se produjo sólo un día después de que la Asamblea Nacional aprobara una reforma de la ley de hidrocarburos que abre la puerta a la inversión extranjera. Paralelamente, y mientras en Washington se anunciaba la reapertura del espacio aéreo de Venezuela, el Departamento del Tesoro estadounidense emitía una licencia que permitirá a las compañías petrolíferas realizar transacciones con Caracas en condiciones ventajosas para la exportación, compraventa, almacenamiento y refinamiento de crudo, entre otras actividades. Los ingresos que correspondan al Estado venezolano quedarán bloqueados en una cuenta controlada por Washington en Qatar. Será la Administración de Trump quien gestione los fondos en función de las necesidades de gasto en servicios públicos que le proporcione el Gobierno de Rodríguez mensualmente. Se desmonta así el andamiaje de nacionalismo petrolero que Hugo Chávez había apuntalado en 2007 en torno a la compañía estatal PDVSA. No deja de resultar paradójico el hecho de que Maduro, hoy en prisión en una cárcel estadounidense, fuera el promotor de ese desmantelamiento desde 2018, cuando optó por una liberalización del sector petrolero.
En estas primeras cuatro semanas como presidenta encargada, Delcy Rodríguez, que hace unos días fue reconocida como comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), ha impulsado un paquete de reformas legislativas aperturistas y ha remodelado el Gobierno con la entrada de perfiles técnicos en puestos clave de la gestión económica para que el diálogo con la Casa Blanca sea más fluido. Los cambios han afectado también a las áreas de Defensa e Inteligencia.
Pese a la retórica nacionalista que tiñe sus intervenciones públicas, la tutela de Washington aparece como una marca de agua en las principales decisiones políticas de Delcy Rodríguez. Expuesta a los habituales cambios de humor en la Casa Blanca, la mandataria tiene además que hacer malabares para tranquilizar a las distintas familias chavistas. Cuenta con el apoyo inquebrantable de su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional y cerebro político del ala dialogante del oficialismo. Pero la presencia en el Gobierno de Diosdado Cabello, ministro de Interior y jefe de las fuerzas policiales y parapoliciales, obliga a Delcy a dormir con un ojo abierto.
“Estamos en un proceso de reacomodo del poder. En este momento hay en Venezuela una situación de conexión entre rupturas y continuidades, algo que a la población le está costando procesar. Tenemos también un campo de especulación. Delcy Rodríguez es la actriz central en el tejido de relaciones internacionales que se fue construyendo. Hay evidencias que sugieren que Maduro fue entregado previamente o, en un segundo escenario, que esa entrega se produjo mucho más recientemente en vista de la inminencia de un ataque. Todo apunta a que se establece un acuerdo para gobernar de forma subordinada, en el que Trump encuentra una gran utilidad en dos aspectos fundamentales: la gobernabilidad y el negocio petrolero”, explica en conversación telefónica desde Caracas Emiliano Terán Mantovani, sociólogo, profesor de la Universidad Central de Venezuela y miembro fundador del Observatorio de Ecología Política.
Un mes después de la agresión militar estadounidense, los gestos aperturistas de Rodríguez conviven con el mantenimiento de un Estado policial en el que la censura y la represión no han desaparecido. A Washington, sin embargo, sólo parece preocuparle la liberalización económica que le permita el acceso privilegiado a las ingentes reservas de petróleo de Venezuela, cuya sumisión total reclama. El panorama resultante se sustenta así sobre una base de contradicciones: “El Gobierno está constituido por facciones que funcionan por sobrevivencia política. Es una contradicción muy delicada porque los hermanos Rodríguez cuentan con una sólida estructura de relaciones internacionales pero carecen de liderazgo entre las bases chavistas, y tampoco tienen control sobre el sector militar, como sí lo tiene Cabello”, señala Terán Mantovani.
La obligada cohabitación entre Trump y Delcy Rodríguez se estaría desarrollando entonces sobre la base de unas contradicciones que, en algún momento, tendrán que despejarse. Para el sociólogo venezolano, “la colusión Trump-Delcy tiene que avanzar hacia una suerte de depuración de esas contradicciones, porque son insostenibles, y eso implica un proceso largo, progresivo y fluido, un proceso que no puede darse de un día para otro porque se corre el riesgo de que te estalle en la cara”.
Los escenarios posibles
Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, declaró el miércoles en el Senado que no hay sobre la mesa nuevos planes militares contra Caracas, aunque un día antes había amagado con esconder la zanahoria y sacar de nuevo el palo si Rodríguez se salía del guion escrito por Washington. El itinerario político de la Casa Blanca pasa por un periodo de estabilización, seguido de una recuperación económica para dar paso a la transición política con la celebración de elecciones. No se habla de plazos pero Rubio citó en su comparecencia el ejemplo de la transición española para plantear que se trata de procesos largos y complejos.
El Laboratorio de Paz —un centro de investigación y resolución de conflictos de Venezuela— ha proyectado tres escenarios sobre el futuro político del país. La primera hipótesis vislumbra un periodo prolongado de “estabilidad sin democracia”, sostenido por la recuperación económica al calor de las inversiones en la industria petrolera. “El chavismo lograría recomponerse internamente […] y mantenerse en el poder al menos hasta 2030, fecha prevista para nuevas elecciones”, exponen los autores del informe. Un segundo escenario pasaría por una “salida civil y democrática”, gracias a las sinergias entre la presión internacional y “la capacidad de la sociedad venezolana para reorganizarse como actor autónomo”. La convocatoria de unas elecciones sería el punto culminante de ese proceso de cambio. La tercera hipótesis planteada es la más preocupante, una “regresión autoritaria” derivada de la fractura interna del chavismo, con riesgo de un golpe de Estado o el estallido de la violencia política.
Para Pablo Ospina, historiador y docente de la Universidad Andina Simón Bolívar, el régimen chavista no va a poder sostenerse durante mucho tiempo “a menos que pase algo inesperado”. “Algo así como una tabla de salvación a partir de los recursos que provengan del petróleo y de una ampliación de la coalición de apoyo con sectores moderados de la oposición”, argumenta en conversación con infoLibre.
El papel de las Fuerzas Armadas en el complejo tablero venezolano es otra de las incógnitas que quedan por despejar. Instruidas en el último cuarto de siglo bajo un fuerte sentimiento nacionalista y bolivariano, la operación armada de Estados Unidos ha dejado descolocados a los mandos de la FANB. “Se puede entender el nivel de humillación que deben sentir los militares tanto si hubo una traición como si todo se debió a la incapacidad absoluta de las Fuerzas Armadas para defender a su presidente. Esta sensación debe estar generando mucho ruido interno en el sector militar”, sospecha Terán Mantovani.
La oposición espera su turno
Perteneciente al sector más intransigente de la disidencia, María Corina Machado se mantiene como la alternativa al chavismo tras los acontecimientos del 3 de enero. Ninguneada por Trump en un primer momento, Machado cabildea ahora en Washington mientras espera que el autócrata republicano le suba el pulgar. “No han surgido nuevos liderazgos en las filas de la oposición y los antiguos dirigentes están quemados”, apunta Terán Mantovani. Figuras más moderadas, como el diputado Henrique Capriles (que en 2013 estuvo a punto de batir a Maduro en las urnas), no cuentan a día de hoy con respaldo popular. Tampoco tiene relevancia la izquierda crítica con el chavismo. “La izquierda fue históricamente muy pequeña en Venezuela. Chávez logró congregar a mucha gente en clave de sector popular, y fue politizando un bloque gigantesco hacia la izquierda sin posibilidades para una tercera vía o la crítica interna. Quedan militantes chavistas de base, pero esos actores están muy desdibujados hoy en día por el fracaso del Gobierno”, sostiene el sociólogo y activista medioambiental.
Las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 dejaron al descubierto que el chavismo, con Maduro al frente, había dejado de ser una fuerza hegemónica. La oposición se adjudicó la victoria mientras el régimen se negaba a publicar las actas electorales. Lejos en el tiempo quedaban los arrolladores triunfos en las urnas de Chávez, cercanos al 60% y sin sombra alguna de fraude. Ese primer chavismo, con una clara vocación de transformación social y redistribución de la riqueza, también distaba mucho del régimen autocrático impuesto progresivamente por Maduro a partir de la muerte de su mentor en 2013.
Impacto en la región
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Venezuela ha sido el laboratorio de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump en el hemisferio occidental, cuyo objetivo final es el desplazamiento de China y Rusia de una región que Estados Unidos considera de su propiedad. Tras las primeras reacciones contra la intervención armada por parte de Brasil, México, Colombia y Chile, las aguas parecen haberse calmado. Con su demostración de fuerza, Washington les ha enseñado a los dirigentes latinoamericanos progresistas que puede tumbar un gobierno en un abrir y cerrar de ojos.
Para Ospina, no es probable que haya un efecto desestabilizador de momento en la región por la crisis venezolana: “Ese efecto ya se produjo hace unos años por el éxodo masivo de migrantes, pero si se produjera, Colombia sería el país más afectado”.
El “nuevo momento político” venezolano va mutando cada día que pasa. Mientras Delcy Rodríguez sea capaz de mantener el equilibrio entre las demandas de Washington y el orgullo herido de la nomenclatura chavista, la estabilidad parece garantizada. El futuro del experimento político está, sin embargo, rodeado de interrogantes. Terán Mantovani subraya una de las preguntas que quedan en el aire: “¿Qué harán los poderes nacionales de Venezuela para contraponer la presión de Estados Unidos en un país tan debilitado?”.