Caracas en la incertidumbre tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro

Personas hacen fila en un supermercado para abastecerse este sábado en Caracas (Venezuela)

Alice Campaignolle (Mediapart)

Caracas (Venezuela) —

En un barrio del sur de la capital, muy próximo a la mayor base militar del país, la angustia se reflejaba el sábado por la mañana en los rostros. Toda la zona permanecía sin electricidad desde los primeros bombardeos. "Creo que han alcanzado la central eléctrica que abastece al barrio —comenta un vecino—. Aquí solo podemos hacer conjeturas, ya no tenemos red telefónica".

Al no circular la información, resulta difícil saber realmente qué está ocurriendo, "pero, en cambio, sí nos enteramos de lo de Maduro", se alegra Josefa, una vecina. "Por fin, nos hemos librado", añade.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, fueron secuestrados por soldados de Estados Unidos el sábado de madrugada, durante un ataque que alcanzó la capital y diversas instalaciones militares en todo el país. El anuncio lo hizo Donald Trump en su red Truth Social, pocas horas después de los primeros bombardeos.

Aunque Josefa dice sentirse "satisfecha" por la marcha del heredero de Chávez, cuya deriva despótica era evidente, la situación resulta muy angustiosa para esta ferviente opositora: "Tengo miedo de los días que vienen, ¿cuándo vamos a recuperar la electricidad? ¿Qué podemos esperar?".

Todos los vecinos de la zona se reunieron rápidamente en la cola frente al supermercado. "Hay que comprar lo esencial: agua, papel higiénico, alimentos no perecederos", explica la mujer, de unos cincuenta años. A su lado, Miguel cuenta que, aunque están acostumbrados a las crisis, los venezolanos "nunca habían vivido algo así": "¿Bombardeos, se imagina?".

Silencio inquietante en la capital

"Me desperté tras una detonación que hizo temblar todos los cristales", explica el hombre de 62 años, con el rostro crispado por la angustia. Lleva ya más de dos horas esperando. "Y estoy dispuesto a esperar el tiempo que haga falta", dice este padre de familia. La misma escena se repetía ayer en todos los barrios de la capital, con los habitantes abalanzándose sobre las tiendas de alimentación para hacer acopio "por si acaso".

Pero la mayoría de las calles de Caracas permanecieron desiertas durante todo el día. "Yo no salgo bajo ningún concepto —explica Silvia, una joven que vive en un barrio acomodado de la capital—. En realidad ya había hecho algunas provisiones. No gran cosa, pero me permitirá aguantar varios días".

Donald Trump había multiplicado en los últimos meses las amenazas de ataques terrestres contra Venezuela, sembrando la duda entre la población venezolana, que aun así había pasado las fiestas de fin de año con tranquilidad. "Con el tiempo, ya no creíamos en esas alertas", comenta Silvia.

En su barrio se escucharon algunos gritos de alegría al conocerse la captura del presidente. Después, ante la incertidumbre de la situación, el silencio. Tras el shock, los partidarios del Gobierno se fueron organizando poco a poco y se concentraron en distintas ciudades venezolanas.

Los apoyos al régimen salen del estupor

"Hay que movilizarse, salir, defender nuestra patria —proclamaba José en el centro de Caracas—, no nos vamos a dejar avasallar por estos imperialistas. Van a por nuestros recursos, ¿ya está más claro ahora?". Donald Trump, durante su rueda de prensa del sábado en Florida, expuso en efecto sin tapujos su proyecto de recuperar el control de las instalaciones petroleras del país. A petición del ministro de Defensa, José acudió a reunirse con otros compañeros en la plaza Bolívar, en el centro histórico de Caracas.

Rodeada por varios ministerios y situada a pocas manzanas del palacio de Miraflores, la plaza es el lugar habitual de reunión de los partidarios del Gobierno. Todos aseguran estar dispuestos "a luchar cuando se dé la orden". A pocos pasos de allí, varios miembros de los "colectivos" se organizaban subidos a motocicletas, con armas automáticas en la mano.

Estas milicias paramilitares trataban así de mostrar su fuerza, dispuestas a la lucha armada para defender a sus dirigentes. Conocidas por su ferocidad, su presencia podría explicar la calma en las calles de la capital.

Tras varias horas de confusión y de rumores que la situaban rumbo a Rusia por la tarde, la vicepresidenta Delcy Rodríguez apareció en la televisión pública al frente de un Consejo de Defensa. Rodeada, entre otros, por varios ministros, Rodríguez se mostró combativa, anunciando que "no cedería" ante estos ataques. Exigió la liberación del presidente Maduro y de su esposa.

El estado de emergencia había sido declarado con anterioridad y se desplegaron militares en la capital. Según la Constitución, la vicepresidenta está ahora al frente de Venezuela —aunque, según ella, Nicolás Maduro sigue siendo el presidente—. Llamó a sus conciudadanos a "mantener la calma" y a "resistir".

Unos instantes antes, Donald Trump había anunciado en una rueda de prensa que colaboradores "administrarían" el país "durante la transición hacia la democracia" y que Rodríguez estaba dispuesta "a colaborar". Fue así, en la más absoluta confusión, como los venezolanos terminaron la jornada del sábado. La más inverosímil de su historia reciente.

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