Las cloacas del Estado
El tribunal de 'Kitchen' plantea dudas en la declaración del comisario vinculado a Cospedal
La Audiencia Nacional ha retomado este miércoles el juicio del caso Kitchen, centrado en la supuesta operación parapolicial para evitar que información comprometedora para el PP pudiera incorporarse al sumario de Gürtel. Y lo ha hecho con la declaración de Andrés Gómez Gordo, antaño asesor del Gobierno de María Dolores de Cospedal en Castilla-La Mancha. Durante su comparecencia, el comisario, que solo ha respondido a las preguntas de su abogada, ha reconocido que facilitó la captación como confidente de Sergio Ríos, exchófer de Bárcenas. Pero ha negado haber tenido conocimiento de la operación. Una versión que ha generado dudas al tribunal. "¿Por qué dedica esa cadena de mensajes a hablar de algo que le es ajeno?", le ha preguntado la presidenta, Teresa Palacios, en relación a las comunicaciones mantenidas con el ex secretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez.
Gómez Gordo, para quien la Fiscalía Anticorrupción pide 15 años de prisión, ha comenzado su declaración como acusado haciendo un repaso de su trayectoria profesional en aquel periodo de tiempo. Así, ha explicado que estuvo desde octubre de 2011 hasta marzo de 2015 como asesor del Ejecutivo castellanomanchego. Y que luego reingresó al Cuerpo Nacional de Policía. Estuvo destinado en la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), donde fue jefe del área de vigilancias. "Excepto cuatro meses que estuve en atribución temporal de funciones en la Dirección Adjunta Operativa (DAO)", ha completado Gómez Gordo, a quien siempre se ha considerado comisario de cabecera de la ex secretaria general del PP –sus compañeros, de hecho, se referían a él como Cospedín–.
Durante la hora que ha durado la comparecencia, el nombre de Cospedal ha quedado al margen. Solo ha salido a flote en una ocasión. Y Gómez Gordo ha levantado una suerte de cortafuegos alrededor de la exministra de Defensa y su exmarido Ignacio López del Hierro. "¿Le pidieron ellos que facilitara la presentación [de Ríos con el comisario José Manuel Villarejo] o lo comentó con ellos?", le ha preguntado la letrada. "Para nada", ha contestado el acusado, quien también ha querido dejar claro que durante su etapa en la UDEF nunca tuvo "acceso a nada de la Gürtel". Durante su comparecencia como testigo en el juicio, Manuel Morocho, antaño investigador principal de ese caso de corrupción, dijo que sus informes eran analizados, entre otros, por Gómez Gordo.
En su escrito de acusación, la Fiscalía Anticorrupción resalta el papel clave del acusado en la captación del topo en la familia Bárcenas. Y durante su declaración, el entonces inspector ha reconocido haber facilitado esa gestión. Así, ha relatado que Ríos, con quien había coincidido durante la etapa en la que ambos trabajaron para el Gobierno de la Comunidad de Madrid, se puso en contacto con él después de que el comisario jubilado Enrique García Castaño, quien fuera máximo responsable de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO) de la Comisaría General de Información –quien no se sienta en el banquillo de los acusados por un problema de salud–, hubiera intentado captarle. "Me dice que le han tocado, que no sabe de dónde son y que le han dejado una tarjeta", ha explicado Gómez Gordo.
Tras eso, el acusado ha contado que llamó al número de teléfono y se identificó como inspector jefe. Unos días después, ha continuado, recibió una llamada en la que el comisario jubilado José Manuel Villarejo, a quien ha asegurado que entonces no conocía, le citaba a una reunión en un hotel de la capital. Allí, le dijo que era "seguridad del Estado" y que les ayudase, a lo que él respondió que si todo eso era "oficial" que le citara en "un sitio oficial". Al acabar el encuentro, Gómez Gordo se puso en contacto con el entonces director adjunto operativo, Eugenio Pino, a quien conocía, y le contó todo. El jefe policial, tras escucharle, le citó en la Dirección Adjunta Operativa. Y allí, oficialmente, se le pidió que facilitara la presentación de Ríos a Villarejo.
El exchófer, quien ha declarado tras él y para el que Anticorrupción pide 12 años, ha confirmado que García Castaño, a quien conocían en el Cuerpo como El Gordo, intentó captarle y que pidió ayuda a Gómez Gordo después de que "algunos compañeros" no pudieran "comprobar" quién era la persona que le había abordado. "En ningún momento se identificó como policía, pensaba que era prensa o un detective privado", ha resaltado. Algo que, ha querido poner de manifiesto el fiscal Anticorrupción, entra en contradicción con lo dicho por el acusado en fase de instrucción, donde declaró que habló con "compañeros" de Fuencarral-El Pardo que habían estado en Policía Judicial y que le dijeron que la persona que le había tocado –en el argot policial– era un comisario principal.
Aquella presentación, han sostenido ambos acusados, se produjo en las inmediaciones de un aparcamiento público. Ríos acudió con su coche. Y a Villarejo lo llevó Gómez Gordo, quien se retiró para que ambos hablaran. En aquel primer encuentro, el exchófer ha explicado que el comisario le advirtió que se podía meter en problemas con algunas gestiones que estaba realizando para la familia Bárcenas y le informó de que se "había abierto" una "línea de investigación" orientada hacia la mujer del extesorero "para intentar saber de dónde venía el dinero y dónde estaban los testaferros". ¿El encargo? Que no "obstaculizara" los seguimientos y que "facilitara los lugares a los que llevaba a la señora", las "personas con las que se reunía", los "números de teléfono que pudiera tener de prepago" o las "matrículas de los vehículos que usábamos".
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En aquella primera cita, según ha resaltado, Villarejo le dijo que consultaría en qué categoría de confidente podría encajar. Algo que se concretó en una segunda reunión en un centro comercial, en la que Ríos ya accedió a colaborar. "Me manifestó que habían aceptado que iba a ser colaborador con cargo a los fondos reservados y se calculó una cuantía de 2.000 euros", ha señalado. Del mismo modo, el comisario jubilado le informó que se le iban a facilitar unos "teléfonos ilocalizables" –conocidos en el argot policial como canutos– y que los utilizara para comunicarse con él cuando hubiera "cualquier tipo de problema o sospecha". "Al principio, me veía con Villarejo dos o tres veces por semana. Luego, las visitas se fueron espaciando", ha completado.
Ríos ha asegurado que nunca le pidieron "discos duros" ni "ningún tipo de material" relacionado con el extesorero. Y que "jamás" tuvo acceso a dispositivos de Bárcenas. De hecho, ha negado haber facilitado a García Castaño los teléfonos del extesorero cuyo contenido fue volcado en un restaurante de la capital por miembros de la Unidad Central de Apoyo Operativo. Dicha extracción ha sido confirmada durante el juicio por dos agentes, los cuales relataron que los dispositivos les fueron entregados por El Gordo, quien acudió a la cita junto con otra persona. El escrito de la Fiscalía Anticorrupción identifica a Ríos como el acompañante. Él, sin embargo, rechaza todo. "Yo no fui a ese Vips", ha insistido ante el tribunal.
Gómez Gordo ha afirmado que nunca fue informado de la Operación Kitchen ni del interés que había por el exchófer de Bárcenas. "Nadie me dijo ni me explicó nada", ha resaltado, si bien ha dicho que tampoco había que ser un "lumbreras" para imaginarlo, dado que por aquel entonces el extesorero era "el delincuente uno". Ríos, del mismo modo, trató de dejar al comisario al margen. "Solamente traté con él los últimos tres meses durante este tema", ha resaltado el exchófer, un periodo de tiempo en el que estaba "latente" y solo tenía por "misión" vigilar un par de coches de gran cilindrada que tenía el extesorero. "Jamás le di ningún tipo de comunicación de los sitios a los que iba la señora", ha insistido Ríos.
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El comisario ha reconocido que, efectivamente, se encargó de abonar durante tres meses al colaborador los pagos con cargo a los fondos reservados. "Lo hice porque me lo ordenó el director adjunto operativo", ha aseverado. También ha confirmado que fue él mismo quien se encargó de registrar la operación en Gati, el fichero de inteligencia policial en el que se registran las diferentes investigaciones, de forma que se establezcan cruces entre ellas por si hubiera elementos coincidentes y, en ese caso, se tuvieran que tomar medidas a nivel de coordinación entre unidades investigadoras. Lo hizo en 2015, pese a que el grueso de las vigilancias a la familia Bárcenas se desarrollaron en el verano de 2013.
La desvinculación total de Gómez Gordo ha generado algunas dudas a la presidenta del tribunal. "¿Por qué dedica esa cadena de mensajes a hablar de algo que le es ajeno?", ha lanzado la magistrada Teresa Palacios en relación a unos mensajes intercambiados con el ex secretario de Estado de Seguridad en julio de 2015 en los que este último preguntaba si Bárcenas estaba tan enfadado como para "tener intención de hacer daño", algo a lo que responde el comisario tras ponerse en contacto con Ríos. "Fíjese qué importancia le da usted que cuelga y habla con el señor Ríos", insiste la presidenta del tribunal. "Joe, es el secretario de Estado, le quiero contestar a la pregunta", ha intentado zanjar.
Este tipo de apuntes por parte de Palacios se han repetido en más ocasiones. Por ejemplo, cuando le ha preguntado por qué ese interés que ponía en las noticias que salían sobre la Kitchen o por qué en los mensajes se refería al exchófer como El Coci. "Todo el mundo le llamaba El Coci. Villarejo, los que estábamos en la DAO", ha contestado él. "¿Los acusados casualmente?", ha insistido la magistrada. "Puede ser", ha respondido el Gómez Gordo, quien ha querido culminar así su comparecencia: "Lo único que he hecho ha sido presentar al conductor porque me lo han ordenado, subir la nota a Gati porque me lo han ordenado y hacer los pagos porque me lo han ordenado. [...] Intentar medrar no es delito ninguno, intentar complacer [al secretario de Estado] yo creo que no es delito ninguno".