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10-N, la 'madre' de todas las campañas

Rafael Sánchez Sánchez

La campaña electoral del 10-N que comenzó, de hecho, el pasado 23 de septiembre cuando se confirmó que Pedro Sánchez no contaba con apoyos para intentar de nuevo la investidura, reúne todos los requisitos para ser considerada como la madre de todas las campañas. Pero veamos cuales son los ingredientes de esta nueva cita ante las urnas.

La guerra por el relato

Sin duda el punto de partida es “la guerra por el relato”. Se dice que los electores castigarán a quien consideren culpable del fracaso en las negociaciones para la investidura y del consiguiente bloqueo. En este sentido todas las miradas se dirigen a Pedro Sánchez, a pesar de que el descalabro en los intentos de formar gobierno tiene varios responsables. El PP culpa a Pedro Sánchez del bloqueo, pero resulta evidente que tras el estrepitoso fracaso de Pablo Casado el 28 de abril, la repetición de elecciones es para su partido, y para la derecha en su conjunto, una nueva oportunidad de que los números den y repetir así en España el gobierno del “tripartido” que ya funciona en Andalucía, Madrid y Murcia.

En el mismo barco de los que impidieron la investidura están también Unidas Podemos, que no aceptó en julio la fórmula de gobierno de coalición que le ofreció el PSOE, convencidos de que en septiembre conseguirían una oferta mejor; y Ciudadanos que, en el último momento y ante el fracaso electoral que vaticinaban las encuestas, propuso a Pedro Sánchez una investidura condicionada. Conviene recordar también, en el caso de Unidas Podemos, un argumento reiterado por Pablo Iglesias por el que mantiene que “sus cuatro millones de votantes tienen derecho a estar representados en el gobierno”. Por esa lógica, Vox debería estar en los gobiernos de Andalucía o en el de la Comunidad de Madrid. Si un partido por su representación parlamentaria es imprescindible para la formación de un gobierno, tiene siempre dos opciones: entrar en el ejecutivo o firmar un acuerdo programático o de investidura. En este último caso tiene la “llave del gobierno” y por tanto puede derribarlo si no cumple lo acordado y obtener de esta forma un importante rédito electoral. Pero Pablo Iglesias lo ha dicho bien claro, él lo que quiere es gobernar y una vez conseguido no le importaría renunciar al poder si fuera necesario. Es como el niño que se encapricha con un juguete y cuando por fin lo consigue se olvida de el.

Exhumación de Franco

Pero esta campaña está siendo también intensa por el azar judicial. La exhumación de los restos de Franco se ha producido en plena precampaña. Pero no por decisión del gobierno, sino porque el pasado 10 de octubre una sentencia del Tribunal Supremo daba vía libre al Ejecutivo para sacar a Franco del Valle de los Caídos. En mayor o menor medida este acontecimiento, que se puede calificar de histórico, influirá en la decisión de voto de muchos ciudadanos. Resulta paradójico que Unidas Podemos, que ha criticado de forma reiterada el retraso en llevar adelante esta iniciativa, ahora que se pone en marcha –superados los trámites administrativos y judiciales– tilde de electoralista esta decisión del gobierno. Conviene recordar en este sentido lo que manifestaba el líder de la formación morada en una entrevista concedida al diario Público el pasado 24 de febrero: “El dictador Francisco Franco no será exhumado en diciembre del Valle de los Caídos porque el PSOE nunca ha tenido voluntad política real para desenterrar sus restos”.

Sentencia del procés

Pedro Sánchez pasó de puntillas sobre el conflicto de Cataluña el pasado 22 de julio en su discurso de investidura, pero resultaba evidente, ya en ese momento, que la sentencia del procés y las previsibles reacciones de protesta marcarían totalmente la campaña electoral. Los violentos disturbios que se han producido en Cataluña desde que el pasado 14 de octubre se hizo pública la sentencia, están siendo una auténtica prueba de fuego –nunca mejor dicho– para el gobierno en funciones. Ante las reiteradas peticiones de los partidos de la derecha, que han ido desde la aplicación del artículo 155 de la Constitución en el caso de Ciudadanos, la ley de Seguridad Nacional que pedía el PP, e incluso el estado de excepción reclamado por Vox, Pedro Sánchez ha preferido llevar a cabo una respuesta policial firme y proporcional que mantuviera el control de las calles.

En esta política del Gobierno sobre el conflicto catalán está sin duda la clave de los resultados electorales del 10 de noviembre. Es un auténtico pulso que se mantendrá hasta la misma jornada electoral, y en el que cualquier error puede tener imprevisibles consecuencias. El Gobierno lo sabe y mide cada paso que da, no solo para controlar la situación sino también pensando en las consecuencias electorales que pueda tener. El PP, Ciudadanos y Vox intentan, por supuesto, sacar tajada electoral de lo que consideran una posición “blanda” del gobierno en este tema. De momento, la mayoría de las encuestas reflejan un crecimiento electoral tanto del PP como de Vox, sin duda procedente de su posición ante el conflicto catalán.

Errejón y Más País

En las infructuosas negociaciones entre el PSOE y Unidas Podemos para llegar a un acuerdo de investidura, estuvo desde el primer momento la posibilidad de que Íñigo Errejón saltara a la arena política nacional. De forma no explícita era una especie de “fantasma” que flotaba en el ambiente para contribuir a que Pablo Iglesias apoyara finalmente la investidura de Sánchez ante el temor de una fuga de votos hacia Errejón, si se repetían las elecciones. La realidad es que Más País es ya la sexta fuerza electoral en liza en la cita del 10-N y añade un factor más de incertidumbre en los resultados electorales. Las previsiones indican que Errejón puede llevarse votantes del PSOE, pero evidentemente también de Unidas Podemos. Más País llega para contribuir a la formación de un gobierno progresista alejándose de los intereses partidistas y personalistas que han provocado el bloqueo y la repetición electoral.

Por otra parte, la presencia de Errejón en las elecciones del 10 de noviembre tiene otras dos consecuencias. Una negativa, el fraccionamiento del voto de la izquierda, pero otra positiva –sin duda importante– que sería convertirse en un factor movilizador con el que se evitaría la previsible abstención que afecta a cualquier repetición electoral.

Las campañas “sucias”

La última hora de esta breve pero intensa campaña electoral viene marcada precisamente por la abstención, sin duda el gran caballo de batalla de estas elecciones. La abstención beneficia a la derecha y perjudica a la izquierda. En los últimos días una investigación periodística del diario.es ha desvelado una campaña en barrios y zonas que tradicionalmente votan a la izquierda en la que se induce a la abstención. Al parecer detrás de esta campaña, que se mueve tanto en carteles callejeros como en Facebook, están apareciendo nexos con el Partido Popular. El PP en boca de Pablo Casado lo niega, pero la citada investigación periodística deja pocas dudas sobre la vinculación del partido de Génova con esta campaña. De confirmarse no sería esta la primera vez que el PP maniobra en campaña electoral para potenciar la abstención. En la campaña electoral de 2008, Gabriel Elorriaga, que en ese momento era secretario de Comunicación del PP, lo admitía en una entrevista concedida al rotativo británico, The Financial Times. Estas fueron sus palabras: “Toda nuestra estrategia está centrada en los votantes socialistas indecisos. Sabemos que nunca nos votarán. Pero si podemos sembrar suficientes dudas sobre la economía, sobre la inmigración y sobre cuestiones nacionalistas, entonces se quedarán en casa”.

Así pues, todas las cartas –las visibles y las que están debajo de la manga– están sobre la mesa electoral en esta intensa y breve campaña. El 10 de noviembre todo puede ocurrir. Atentos. _________________

Rafael Sánchez Sánchez es socio de infoLibre y autor del libro El mitin en España. De la plaza de toros a la señal institucional.

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