Para argumentar la no celebración de unas jornadas sobre la Guerra Civil propuestas por Reverte, Ana Iris Simón dice que la Guerra Civil la ganaron aquellos a quienes recordamos con orgullo. Es decir, en su opinión, la ganó García Lorca pues lo recordamos con orgullo. Asombro, estupor e indignación producen estas palabras.
No me atrevo a escribir qué pensaría Garcia Lorca de estas palabras. Supongo que estaría orgulloso de que su labor como poeta sea valorada a pesar de que su memoria solamente ha sido reivindicada por los que lamentaron su fusilamiento desde que se produjo. Los que lo fusilaron no creo que tuvieran luces para saber qué atrocidades cometían.
90 años después siguen teniendo las mismas luces y pensamientos los que se oponen a que se desentierren los miles de cuerpos que yacen en cunetas. Claro, dicen que lo hacen por la paz y la convivencia; repiten machaconamente: el turbio pasado hay que enterrarlo en el olvido. Pero el pasado no fue turbio, sino asesino, tan prístino y claro como agua de manantial y como la luz de la luna que cantaba García Lorca. Hubo un golpe de Estado, que acabó con un gobierno democrático y con cientos de miles de ciudadanos españoles. Mr. Aznar y Espinosa de los Monteros están cansados de repetir que para qué desenterrar cuerpos que reavivan odios y rencillas. También ponen en cuestión si hubo realmente un golpe de Estado, no solamente se atreven a semejante insulto a la verdad histórica, sino que además de haber golpe de Estado, la República fue responsable...
Es decir, la víctima es culpable de haber sido asesinada. Supongo que García Lorca desearía que su cuerpo fuera enterrado en el panteón familiar, no parece muy descabellado pensarlo. Creo que también desearía que lo mismo se hiciera con los que fueron asesinados junto a él y con los miles cuyos cuerpos como despojo yacen desperdigados por toda la península. Dudo que García Lorca se considerara vencedor de la Guerra Civil, y todavía dudo más de que se sentara con personas que dicen que él ganó la guerra, aunque perdiera su vida por rojo y maricón.
Ana Iris Simón, García Lorca perdió algo más que su vida, también perdió la guerra. Como la han perdido varias generaciones que solamente han conocido la dictadura, precisamente por haber perdido la guerra, también han perdido la oportunidad de vivir y educarse en un Estado laico y democrático, hayan o no vivido en primera persona la guerra. Estas generaciones también han sido víctimas de esa cruel e innecesaria contienda promovida por ideas fascistas y apoyada por las potencias de igual e innoble nombre.
De ahí que quienes ponen en duda los datos objetivos, los ocultan y alimentan relatos alternativos merecen el calificativo de fascistas. Comprenderá que también pienso que con estos fascistas, García Lorca tampoco se sentaría. Pues son los legítimos herederos de la Dictadura los que sostienen que el golpe de Estado era necesario, que era necesario imponer un orden fascista y dictatorial durante 40 años y, para sonrojo de los muertos y de los vivos, descubrir sus cadáveres y enterrarlos en un lugar digno es reabrir odios y rencillas.
Son los legítimos herederos de la dictadura los que sostienen que el golpe de Estado era necesario, que era necesario imponer un orden fascista y dictatorial durante 40 años
Ana Iris Simón, siento de veras que su abuelo tuviera que exiliarse, pero no comprendo a qué viene su constancia en el artículo que ha dado lugar a este comentario. La ideología de su abuelo no la hace a usted heredera de la misma, ni deudora o acreedora; tampoco asienta la imparcialidad de su artículo. Su artículo tiene el sesgo de las palabras y frases que escribe. Deje a su abuelo en paz, que por lo que usted dice, bastante sufrió la Guerra Civil, no solamente guerra, o la dictadura.
¿Usted cree que García Lorca sería un fascista por negarse a sentarse a dialogar con los que 90 años antes lo habrían fusilado o justificado?
A estas alturas de la Historia de España, pedir cordura y respeto a la verdad histórica es una condición mínima imprescindible y exigible a todos los ponentes de una mesa de diálogo. No hacerlo es alentar exclusivamente la desinformación y la publicidad de relatos alternativos que ponen en cuestión la información histórica existente. Es dar a opiniones personales el valor de argumentos, además, esas opiniones se sustentan en flagrantes mentiras; es decir que equipararlas, en un plano de igualdad, con argumentos fundados en hechos y datos históricos hace inviable el diálogo. Los que mienten con el descaro de los ignorantes mienten sabiendo que lo hacen, saben que su salario colgará de la soga del éxito que tengan. Si fuera solamente un problema de ignorancia, se podría establecer un diálogo, pero no son personas dispuestas a contrastar opiniones, argumentos, ideas, proposiciones de futuro. Son gente del pasado con ideas del pasado fracasadas y con resultados demoledores para la humanidad, por eso no es posible un diálogo enriquecedor.
Ana Iris Simón, el diálogo solamente es posible entre iguales que se reconocen como tales, a pesar de las diferencias que pudiera haber. Resultará enriquecedor si, partiendo de la premisa anterior, el ánimo es el de cotejar y contrastar ideas. Si al final de ese diálogo la situación fuera la misma que antes de sentarse a hablar, no sería importante, siempre y cuando los dialogantes no se considerasen poseedores de la verdad absoluta y con derecho a aniquilar a los del otro lado de la mesa.
Por eso no es posible un diálogo enriquecedor con los que niegan el origen de la Guerra Civil; que niegan el golpe de Estado de una parte importante del ejército; que se limitan a ignorar el bombardeo de población civil indefensa, Málaga, Guernica y otras ciudades; que dicen que la dictadura franquista fue necesaria y que no fue tan cruel, que fue una dictablanda; que se olvidan de los cuerpos en las cunetas; que cierran los ojos ante juicios sumarísimos una vez acabada la contienda militar y de los fusilamientos pasado el año 1939... No basta con hacer de Lorca una gloria nacional para sentarse a la mesa del diálogo.
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José Amella es socio de infoLibre.
Para argumentar la no celebración de unas jornadas sobre la Guerra Civil propuestas por Reverte, Ana Iris Simón dice que la Guerra Civil la ganaron aquellos a quienes recordamos con orgullo. Es decir, en su opinión, la ganó García Lorca pues lo recordamos con orgullo. Asombro, estupor e indignación producen estas palabras.