Devaluando profesiones

Cesar Moya Villasante

El fallecimiento de Soledad Gallego Díaz me da la opción de escribir de dos profesiones importantísimas para la democracia, como es el periodismo y la abogacía, acogiéndome a mi admiración por la que fue directora de El País, mi periódico de cabecera desde su primer número en aquellas fechas tan señaladas para este país.

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Y porque vivimos un momento en que se puede explicar lo que la derecha, ultra o no, de este país propone sin decir nada, pero haciéndolo: devaluar ambas profesiones con subvenciones de nuestros impuestos a medios de comunicación compuestos por periodistas y también por seudoperiodistas que se ofrecen a lavar el cerebro a jóvenes y mayores con sus manipulaciones, a veces vergonzosas, para luchar contra un Gobierno que cumple su misión, pero con la intención de gobernar, aunque luego esa gobernanza tenga tantos fallos como conocemos en su historial.

Fallos cometemos todos en el mundo, pero gobernar teniendo encima tragedias como la dana, el 11M y todo lo que sabemos casi todos es algo que debería desilusionar a muchos de ese ejército civil que les votará agarrándose a esas manipulaciones y mentiras y a la fabulación de esa palabra mágica que impuso Franco: la patria solo de unos. 

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El periodismo y la abogacía sufren el ataque de esa derecha que nos promete la felicidad, quizá a base de devaluar su valor con esas paguitas desconocidas

Por otra parte, la abogacía ha perdido en estos últimos años mucha credibilidad para una mayoría de ciudadanos que vemos cómo se demoran juicios de gente de la derecha y se aceleran los de la izquierda, incluyendo prospecciones en las que se buscan imposibles a base de mentiras. Y también por sentencias de bochorno, como la del FG, y por olvidos de políticos sobre hechos escuchados por todos, pero apoyados por esa parte de la judicatura que debe de estorbar a aquellos que nos consideramos simplemente demócratas, una palabra que obliga a la imparcialidad. 

Y estas dos profesiones sufren el ataque de esa derecha que nos promete la felicidad, quizá a base de devaluar su valor con esas paguitas desconocidas, que deberían abochornar a quienes incluso les aplauden, porque a veces pueden ser negativas hasta para ellos si se ven sometidos a problemas personales. La democracia no podrá subsistir con dos profesiones manejadas al gusto de quienes no aman la democracia y tratan de destruirla desde dentro. Que lo sepan todos esos jóvenes que pueden votarles, porque quizá en algún momento los padecerán, y sin tardar mucho tiempo. Quizá Extremadura o Aragón den motivos a algunos para entender lo que puede suponer el fascismo, que, por cierto, nada tiene que ver con una derecha sensata y capitalista, pero que en España parece que van juntos. Debería hacer pensar a los votantes del PP antiguo.

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Cesar Moya Villasante es socio de infoLibre.

El fallecimiento de Soledad Gallego Díaz me da la opción de escribir de dos profesiones importantísimas para la democracia, como es el periodismo y la abogacía, acogiéndome a mi admiración por la que fue directora de El País, mi periódico de cabecera desde su primer número en aquellas fechas tan señaladas para este país.

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