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Diálogo

Eloy Blanco

Escribo esto bajo la influencia de una gran pena por la discusión con un familiar a quien tengo gran cariño. Nunca habíamos coincidido mucho en nuestras opiniones políticas, pero desde hace algunos meses la distancia ha aumentado vertiginosamente, hasta el extremo de que es imposible hablar sin terminar en un enfado.

Se hacen muchos chistes sobre las cenas navideñas, los cuñados, etc., sin embargo creo que no tiene ninguna gracia. Si entre personas a las que nos unen sentimientos más o menos intensos no podemos dialogar sobre los temas que ahora mismo más nos deben importar, cómo podemos esperar y exigir que haya respeto en los medios y en el Parlamento. Y ese respeto y ese diálogo son imprescindibles en este momento. Yo tenía 19 años cuando murió el dictador y tengo la sensación, quizá equivocada, de que nunca hemos estado tan enfrentados y de que, de nuevo, se perfilan las dos Españas.

Me dice mi esposa que rehúya las discusiones políticas, porque son inútiles. Pero yo creo que es necesario hablar de ello, aprender a escucharnos, a ponernos en el lugar del otro, a pensar que la razón no está toda de un lado, porque si sólo escuchamos y hablamos con los que piensan igual que nosotros, terminamos formando islas incomunicadas. De esa incomunicación surge el temor y el odio, que, con frecuencia, ha protagonizado la triste historia de nuestro país.

Por desgracia hay gente interesada en el enfrentamiento y la rabia, con ganas de fusilar. Frente a ellos no tenemos más arma que el diálogo a todos los niveles, desde la comida o cena familiar, a los medios y el Parlamento. Porque hay que hablar de todas las cosas que están pasando y hay que buscar la forma de arreglarlas. Está en nuestras manos no repetir las historia.

Eloy Blanco es socio de infoLibre

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