En las sociedades democráticas, la educación constituye un derecho fundamental, un servicio público que el Estado debe asegurar como garantía de igualdad de oportunidades, independientemente de que la iniciativa privada pueda actuar en mayor o menor medida. Con la entrada en la sociedad del conocimiento y la información, el capital humano y la formación son un factor esencial del desarrollo: las capacidades de las personas, así como la creación, transmisión y aplicación de los conocimientos, constituyen hoy en día la materia prima y el capital más preciado.
De un tiempo a esta parte podríamos decir que la "educación vuelve a estar de moda", vuelve a formar parte de las prioridades y de las agendas políticas de los gobiernos de la mayoría de los países desarrollados. Pero la educación, entendida como un proceso social y no meramente institucional, se encuentra inmersa en una grave crisis. Una crisis que se manifiesta, entre otras cosas, en la diversidad de demandas que recaen sobre el sistema educativo reglado y que van desde la exigencia de mayores niveles de preparación e instrucción para hacer frente a una sociedad cada vez más competitiva, hasta hacerlo responsable, casi exclusivamente, de la educación en los valores de una ciudadanía democrática.
El gran valor de la oferta educativa existente en la ciudad más allá de la escuela es la posibilidad que da al alumno de ampliar su horizonte de experiencias
Esta nueva sociedad plantea retos y desafíos, y exige cambios radicales y profundos que van más allá de los sistemas educativos formales y de la educación reglada. La educación entendida como un proceso a lo largo de toda la vida; la responsabilización educativa de los diferentes agentes que forman parte de una comunidad y la no delegación de responsabilidades en la escuela; la revalorización social y mayor cualificación de las y los profesionales de la educación; la reafirmación de la educación como un instrumento poderoso de lucha contra las desigualdades y a favor de la cohesión social; la formación de una ciudadanía crítica y solidaria, más creativa y capaz de seleccionar y transformar la información en conocimiento, son solo algunos de los retos a los que debe enfrentarse la educación en el presente y en el futuro más inmediato si queremos construir la "sociedad educativa" y una educación cuyo objetivo fundamental sea el de "aprender a ser" o, lo que es lo mismo, "aprender a conocer", "aprender a hacer" y "aprender a convivir".
La escuela, para satisfacer la tarea que le demanda la sociedad, necesita cooperar con otras entidades. En muchos casos debe ser el Ayuntamiento el que cree instrumentos de organización de la información sobre los múltiples recursos educativos que las entidades de la ciudad ofrecen a las escuelas, dando lugar a las numerosas experiencias que surgen alrededor de la sistematización y difusión de esta información. El gran valor de la oferta educativa existente en la ciudad más allá de la escuela es la posibilidad que da al alumno de ampliar su horizonte de experiencias. Por eso, las actividades extraescolares no solo contribuyen a la construcción del conocimiento, sino también a la compensación de las desigualdades en el acceso a experiencias culturales.
Es importante tener en cuenta la necesidad de integrar de manera coherente estas actividades externas en el proceso de aprendizaje que se da en el aula y, por este motivo, es necesaria la participación del profesorado en su diseño, realización y evaluación. Porque el hecho de salir físicamente de la escuela no puede significar nunca que la acción educativa se modifique, pierda importancia o deje de ser responsabilidad de la escuela. Por tanto, desde el Ayuntamiento, desde la Concejalía de Educación, debe ser nuestro deber lanzar propuestas que contribuyan a ofrecer una enseñanza de calidad y que resulten de utilidad en la tarea cotidiana de los centros y del profesorado, puesto que la educación debe ser clave para el conocimiento y la convivencia.
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Ximo Estal es socio de infoLibre.
En las sociedades democráticas, la educación constituye un derecho fundamental, un servicio público que el Estado debe asegurar como garantía de igualdad de oportunidades, independientemente de que la iniciativa privada pueda actuar en mayor o menor medida. Con la entrada en la sociedad del conocimiento y la información, el capital humano y la formación son un factor esencial del desarrollo: las capacidades de las personas, así como la creación, transmisión y aplicación de los conocimientos, constituyen hoy en día la materia prima y el capital más preciado.