La espada, los borbones y la ceguera política

Marcelo Noboa Fiallo

“Donde fueres, haz lo que vieres”. Este refrán me ha acompañado toda la vida y, sinceramente, no me ha ido mal. El refrán lleva implícito algo tan básico como es la educación, el respeto a la cultura y costumbre de los otros. Al parecer a los diplomáticos que se preparan para ejercer sus cargos se les hace mucho hincapié en este principio del refranero popular… Pero, los borbones no son de éste mundo.

En la ceremonia de la toma de posesión del nuevo Presidente de la República de Colombia el pasado 7 de agosto de 2022, Felipe VI, no ha hecho más que continuar con la enseñanza de su padre, Juan Carlos I, “El campechano estafador” que dejó su marca en otra Cumbre de las Américas, en el año 2007 en Santiago de Chile con el “Por qué no te callas!!” dirigido a Hugo Chávez. En aquel acto el borbón estafador, volvió al siglo XIX encarnando a Fernando VII, “El rey felón” y destapando las esencias de la anti-España colonial que todavía corre por las venas de Ñamérica; a pesar de los esfuerzos de José Luis Rodríguez Zapatero por calmar al borbón desatado.

Felipe VI ha perdido la oportunidad de fortalecer los puentes entre España y América Latina, enviando un mensaje de respeto. Lejos de ello ha ofrecido munición del siglo XIX a un mundo del siglo XXI que no deje de dispararse a los pies.

Esta vez, en Colombia, no había junto a Felipe VI, nadie que le pinchara el culo para que se levantara. Dejó la “marca España” otra vez, como su padre, en el siglo XIX. Si hubiese leído “El general en su laberinto” de García Márquez, a lo mejor habría entendido algo del espíritu de Colombia y, por extensión, de América. Tampoco le habría venido mal, leer en el avión que le llevó de Madrid a Bogotá, el último libro de Berna González Harbour, “Goya en el país de los garrotazos”, sobre el genial sordo que mejor conoció y retrató a la España más torpe y atrasada del XIX e inmortalizó las miserias de los borbones. Pero, quizás todo esto es “pedirle peras al olmo”.

La justificación que, desde Zarzuela se ha hecho, es que el homenaje a la espada de Bolívar no figuraba en el protocolo. Pobre y patética justificación que saca a la luz la incapacidad de poner en práctica el tan sencillo y elemental, “donde fueres haz lo que vieres” y la descoordinación con el Ministerio de Asuntos Exteriores, quienes sabían que la espada iba a estar presente una vez Gustavo Petro jurara la toma de posesión de la presidencia, porque el antiguo guerrillero del M-19, no iba a permitir que Iván Duque se saliera con la suya (que la espada no debía estar presente en la ceremonia por razones de seguridad) ¿O es que Felipe VI se había puesto del lado del ex presidente Iván Duque en la disputa de la política colombiana?

“Como presidente de Colombia solicito a la Casa Militar traer la espada de Bolívar… Esta espada representa demasiado para nosotros, es la espada del pueblo” ¿Es tan difícil de entenderlo ?...no hay nada hermenéutico detrás de estas palabras. Así lo entendió (en otros tiempos, en la otra vida) el mismísimo Juan Carlos I (1976), con motivo de un homenaje a Simón Bolívar en Caracas: "Con profunda emoción dejo aquí esta ofrenda [floral] como símbolo del respeto de España hacia Simón Bolívar, figura eminente de nuestra raza… Nos queda como herencia colectiva su gran esperanza comunitaria, el ideal de unidad de todos los pueblos hispánicos al que rindo homenaje con profunda reverencia". ¿Qué ha quedado de aquello? ¿Qué ha quedado de las lecciones de primer curso de diplomacia?

Felipe VI ha perdido la oportunidad de fortalecer los puentes entre España y América Latina, enviando un mensaje de respeto. Lejos de ello ha ofrecido munición del siglo XIX a un mundo del siglo XXI que no deje de dispararse a los pies. A ofrecido combustible a los que encienden la convivencia a este lado y al otro del Atlántico. De momento, en España, PP/Vox y sus terminales mediáticas han salido en tromba a defender (no se sabe bien de qué) al inquilino de la Zarzuela y a quemar en la hoguera de la inquisición al otrora alabado Libertador de la Gran Colombia. Rafael Hernando, senador por el PP y ex portavoz en el Congreso: “El ex terrorista y actual presidente de Colombia, Gustavo Petro, monta una chirigota con la espada de un esclavista como Bolívar, no contemplada en el protocolo oficial y la izquierda podemita se rasga las vestiduras porque el Rey no se arruga. Jo que tropa, ¡!Viva el Rey!!” (¿se empezarán a demoler las estatuas de Bolívar?) El aquelarre está servido, falta por conocer el otro aquelarre, el de los populistas del otro lado del Atlántico con López Obrador como maestro de ceremonias. Malos tiempos para la lírica.

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Marcelo Noboa Fiallo es socio de infoLibre

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