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Feijóo está condenado a pagar a Sánchez la deuda de Rajoy

Domingo Sanz

Cada vez que usted compra un negocio o conquista o reconquista el liderazgo de un partido, que para cualquiera de estos proyectos hay que invertir tiempo y dinero, sabe bien que está adquiriendo un paquete completo de activos y pasivos, tanto los que figuran en el contrato como los que no. 

Después la vida sigue, van pasando años durante los que olvidamos casi todo lo que no nos conviene recordar siempre que no afecte al día a día, pero el mundo gira sin pedirnos permiso y, de repente, nuevos escenarios sacan a la palestra derechos y, sobre todo, deudas pendientes.

En resumen, que Pedro Sánchez “compró” de nuevo el liderazgo en el PSOE con todo, tanto si el responsable de lo anterior fue él o lo fueron otros.

En octubre de 2016, la mayoría de los únicos 85 diputados que tenía el PSOE se abstuvieron para que Rajoy pudiera gobernar y lo que menos importa ahora es si lo hicieron a la desesperada, pues una repetición electoral en plena crisis de liderazgo habría supuesto que, muy probablemente, UP les alcanzara, pues en aquel momento sólo tenían 14 escaños más que los de Iglesias.

Tampoco importa que Sánchez esté condenado al éxito, pues se trata de un hombre al que salvan incluso quienes lo castigan porque meten la pata hasta el fondo, en este caso un voto fatal en la urna.

Interprete usted si no de otra manera los resultados de la repetición electoral de junio de 2016, en la que perdiendo el PSOE sólo 101.469 votos, es decir, el 1,8% de los recibidos el 20D de 2015, le supuso un retroceso de más del 5,5% en su poder parlamentario. De esa forma, el electorado socialista propició la conocida revuelta de barones y jarrones liderada por Susana y Felipe que terminó sacando a Sánchez de Ferraz, lo que, paradojas socialistas, le permitió ahorrarse muchas situaciones delicadas que desde la cima hubiera tenido que afrontar, especialmente las de un procés en fase de aceleración hacia el 1 de octubre de 2017, un momento en el que, desde el liderazgo recién recuperado, Sánchez se permitió la doble chulería de pedir un día la reprobación de la ministra Soraya por enviar policías a masacrar votantes y retirar esa propuesta al día siguiente, o el cinismo supremo de apoyar el discurso de un rey a quien, sin la menor duda, él jamás habría autorizado a salir por televisión para quitar protagonismo a un presidente del Gobierno que es quien debe resolver los problemas políticos.

Y si los propios electores socialistas se pasaron de frenada en su rapapolvo a Pedro, qué decir del único responsable de aquellas elecciones de 2016, un Iglesias en la salsa de su propio ego sin cuyo voto a favor de que siguiera Rajoy en el gobierno cuando Sánchez intentó la investidura en marzo nunca hubiera conseguido ahorrarle al del PSOE el insufrible compromiso de gobernar contra un Puigdemont a quien no le hubiera parado nadie, como nadie consiguió descubrir el escondrijo de las urnas chinas para la historia. 

Un Pablo, el que primero lo fue de Podemos y después de UP, que jamás entendió que, entre el 20D de 2015 y el 26J de 2016, lo importante no había sido conservar los 71 escaños, sino perder 1.051.956 votos, es decir, la diferencia entre los que sumaron las dos candidaturas de 2015 que se habían convertido en una sola en 2016. 

Pero este es un asunto más para la LOREG, y por eso estamos construyendo www.sistemaselectorales.es. Se trata de acabar con la legislación que durante más tiempo ha contribuido a tergiversar la voluntad popular. 

Lo que decíamos: si existiera la pena de muerte y sus enemigos condenaran a Sánchez, a la hora de colocarlo ante el paredón elegirían al preso equivocado.

Hasta los medios que apoyan a PP y Vox están comenzando a asustarse ante una repetición electoral que no entendiera la tontería de Feijóo de “no gobierno, aunque hubiera podido” y dé lugar a un Congreso con más escaños para los de Puigdemont

Regresando al título, que es la actualidad, dos detalles para terminar.

Hasta los medios que apoyan a PP y Vox están comenzando a asustarse ante una repetición electoral que no entendiera la tontería de Feijóo de “no gobierno, aunque hubiera podido” y dé lugar a un Congreso con más escaños para los de Puigdemont. 

Por tanto, es probable que arrecien los mensajes destinados a obligar a los de Feijóo a hacer el papel de los traidores que ellos no consiguieron hace unos días y le resuelvan a Sánchez la investidura, que una “unidad de la patria” bien vale pasarse por el arco del triunfo un programa electoral. Y cientos.

Y el segundo: sólo retiraré todo lo dicho sobre la deuda del PP de Rajoy con el PSOE de Sánchez a pagar por el PP de Feijóo si veo a Mariano y a Pedro salir juntos por la tele confesando que la moción de censura de mayo de 2018 fue un cuento y que el Congreso era el único teatro donde podían representarlo, y que cosas más guarras sigue guardando la Ley de Secretos del Estado, así que, “españoles, no os quejéis, que nos volvemos a poner de acuerdo entre los dos y volvemos a instaurar un bipartidismo por decreto que nos volverá a hacer ricos”.

(A nosotros, por supuesto, y firmado en el BOE por Felipe VI, que es un rey estupendo, lo de que quiere seguir cometiendo delitos, si se tercia, como su padre, ya tal...).

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Domingo Sanz es socio de infoLibre.

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