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Librepensadores

Mi patria

Antonio García Gómez

La patria, en un momento en que es lo menos que debería importarnos definir, de entender, de descubrir, el sentido de la patria, de mi patria. Aunque tal vez resultara que ningún momento fuera de gran interés tratar de definir tal concepto, como poco, abstracto. Y sin embargo, aunque solo por necesidad de hacérselo entender, uno vuelve a las andadas y trata de definir qué es eso de la patria.

Tantas definiciones ha escuchado uno, la inmensa mayoría muy acertadas, muy cercanas, muy sentidas, sobre que si la patria es el tiempo de la infancia, la dimensión del lenguaje, la seguridad de la pitanza y el bienestar, el territorio incluso … la emoción contenida o exaltada …, sin duda, como para quedarme al final con una definición muy simple, muy inclusiva, y también poco concreta, o no, o absolutamente precisa. Y me refiero a quienes piensan y definen a la patria identificándola con “la gente”, para bien, para mal, o para, sencillamente, creer en la gente capaz de los sacrificios más exigentes que han ido sacando a la humanidad de sus abismos para mantenerla a flote.

En la sesión extraordinaria que se ha celebrado, en el día de hoy, en el Congreso de los diputados, en formato reducido, con apenas 30 diputados/as presentes, por seguridad ante la epidemia del virus Covid-19 , he observado algo que me ha impactado. Dispuesto a seguirla me he sentido, por lo tanto, concernido emocionalmente cuando, tras cada intervención de nuestros líderes en el estrado, salía a la “palestra pública” una “señora de la limpieza”, una trabajadora, seguramente sin galones, embutida en sus herramientas de básica seguridad, mascarilla y guantes, encargada de limpiar el estrado de toda posibilidad de rastro del citado virus. Y ahí mismo, sin duda alguna, sin estridencias ni aparatosidad, he visto y me he sentido orgulloso, de esa compatriota que sabe y necesita exponerse y hacer su trabajo sin error. Y ahí he sentido a mi patria latir y sentir que, al cabo, sobreviviremos. Ésa era mi patria.

Del mismo modo que he podido contemplar cómo una taquígrafa también cumplía su trabajo sin perder ni palabra de lo que decían sus señorías. Y ayer, de igual modo, tuve otra muestra para ayudarme a entender lo de la patria. Cuando vi, cómo sus vecinos, en el barrio de Lavapiés, de Madrid, habían decidido cantarle a su vecina Charo, amenazada de desahucio, “Cumpleaños feliz”, precisamente, por sus ochenta años de vida. La habían llamado a voces para que al abrir su puerta se encontrara de frente un trozo de dulce con una vela encendida y, de paso, pudiera asomarse al patio de la corrala a escuchar la canción de homenaje y afecto. Desde la más pura emoción y a partir de la asunción por la solidaridad imprescindible, humana, moral, insustituible. Como para entender que, al final, para bien, la patria, mi patria, nuestras patrias están en buenas manos, están en manos de patriotas de a pie, humildes, sencillas, ¡heroicos! En manos de nuestros limpiadoras/es, taxistas, camioneros/as, barrenderos/as, farmacéuticos/as, cajeras/os, reponedoras/es, ganaderos/as, agricultores/as, mantenedores/as, policías, soldados, médicos/as, enfermeros/as, celadores/as …

Antonio García Gómez es socio de infoLibre

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