Librepensadores

La provocación de Theresa May

Juan José Torres Núñez

Cualquier persona en su sano juicio y con un mínimo de inteligencia tiene que llegar a la conclusión de que Vladímir Putin no necesitaba envenenar en Salisbury (Reino Unido) a un exagente de la inteligencia rusa, convertido en agente MI6 británico, Serguéi Skripal, unos días antes de las elecciones presidenciales rusas en donde Putin se presentaba como candidato; un exagente que como sabemos estuvo en la cárcel en Rusia y allí pudo haberlo hecho. Además, como informó el embajador ruso en la ONU, Vassili Nebenzia, este espía había sido perdonado y “ya no era una amenaza para Rusia”. Tampoco tenía Putin ninguna necesidad de envenenar a este espía en vísperas del Mundial de Fútbol.

Lo que sí parece posible es que la primera ministra británica Theresa May, que ya hablé de ella en mi artículo La paloma y el halcón, al encontrarse debilitada en el gobierno de coalición que ella preside, haya utilizado precipitadamente este caso de intento de asesinato como una oportunidad para cambiar los pronósticos de las próximas elecciones, que según las encuestas dan como ganador al líder del Partido Laborista Jeremy Corbyn. Conociendo la  trayectoria del imperio británico, al ver que de ese imperio ya solo quedan cenizas y rescoldos, es posible que  la señora May se haya lanzado al vacío en un intento desesperado de convencer al “hermano tonto” –Estados Unidos– para ponerlo en pie de guerra contra Rusia. Este intento es muy peligroso porque como se desprende de lo que ha dicho en su intervención histérica en el Parlamento de Londres, acusando a Rusia del intento de asesinato con gas nervioso del ex espía y su hija, sin presentar pruebas, es una provocación hecha sin respetar la presunción de inocencia.

May se dirigió al país y a sus aliados con las siguientes palabras: “It is highly likely” [es altamente probable] que Rusia sea la responsable de este ataque químico. Y cuatro países, Alemania, Francia, Reino Unido, y Estados Unidos, ya han comunicado en una declaración conjunta que “no hay otra conclusión alternativa”. May, Merkel, Macron y Trump han exigido a Rusia que “responda a todas las preguntas” porque su actuación “constituye un asalto a la soberanía británica”. Esta exigencia resulta patética porque Estados Unidos y sus aliados invaden y ocupan otros países sin tener en cuenta su soberanía. Citemos por ejemplo Siria. Allí está EE UU sin haber sido invitado, con tropas y bases aéreas y con la intención de quedarse para entorpecer cualquier posibilidad de un acuerdo de paz. Y el ministro británico de Exteriores, Boris Johnson, en vez de mostrar sensatez, ha declarado que “es abrumadoramente probable” que Putin haya dado la orden de envenenar al espía en suelo británico. Es decir, en vez de cortar el fuego, le echa más gasolina.

Con sus palabras, May y Johnson creen que nosotros somos imbéciles y no sabemos interpretar lo que dicen. “Creemos que”, “es altamente probable”, “estamos convencidos de”, “es abrumadoramente probable”, son suposiciones. Y para condenar hay que presentar pruebas. ¿Ha querido la señora May internacionalizar el caso al invocar el artículo 5 de la OTAN que especifica que un ataque a uno de sus miembros es un ataque al conjunto de todos los países que la forman? Su solicitud pidiendo apoyo al Consejo de Seguridad de la ONU nos brindó la oportunidad de ver un triste espectáculo: la embajadora de EE UU en la ONU, Nikki Haley, espetó que “Rusia es culpable”. Esta señora ya nos tiene acostumbrados a culpar a cualquier país y a cualquier persona sin pruebas. Barbara Boyd en su artículo Perfidious Albion: The Fatally Wounded British Beast Lashes Out llama a May “impopular y excéntrica al crear una fiebre bélica en el Reino Unido. Ahora busca implicar a Trump y a la OTAN en esta agresión contra Rusia”.

No debe sorprendernos que la presidenta del Instituto Schiller, Helga Zepp, haya manifestado que acusar a Rusia como responsable de un intento de asesinato con gas nervioso, sin pruebas, “es una provocación increíble”. Y nos recuerda el caso del dossier falso del exagente del MI6, Christopher Steele, un fraude que ya conocemos. La señora Helga Zepp ha escrito un artículo Mrs. “M” Draws Western Allies Into Dangerous Confrontation with Russia en el periódico alemán semanal Neue Solidarität en el que da datos suficientes sobre el círculo de los ex agentes del MI6 y asevera que este caso es “una operación del servicio secreto británico”. Para ella, las palabras de Haley condenando a Rusia, sin pruebas, y también amenazando con que “EE UU puede bombardear Siria”, muestran que “el Nuevo Paradigma está ganando” y que la geopolítica imperial británica ha colapsado. Por esta razón May busca desesperadamente controlar a EE UU, como siempre ha querido hacer el imperio británico. ¿Está May siguiendo los pasos de Tony Blair con su dossier sobre Saddam Hussein y sus armas de destrucción masiva?dossier

Ya conocemos la triste consecuencia de esta mentira que desencadenó el infierno terrorista en Oriente Medio con la patética actuación de George W. Bush. Ahora ha sido precisamente un británico, el exembajador del Reino Unido en Uzbekistán, Craig Murray, el que ha desacreditado estas alegaciones contra Rusia, advirtiendo que “La historia del Novichok [gas nervioso] es verdaderamente otra estafa como las armas de destrucción masiva de Irak”. Según Murray, lo primero que tenían que haber hecho los expertos británicos es “haber enviado una muestra de ese gas nervioso a la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW, por sus siglas en inglés), organización a la que pertenece el Reino Unido”. También ha puntualizado que el laboratorio del gobierno británico Porton Down (a 12 km de Salisbury) ha reconocido en sus publicaciones “que nunca ha visto Novichoks rusos”. Y añade, “Es completamente falso que solo los rusos podrían haber fabricado ese gas”. No olvidemos tampoco que cuando hablan de este grupo de agentes nerviosos Novichok, “desarrollados por Rusia”, se refieren a “un programa en Uzbekistán”, en la antigua Unión Soviética, en una planta química desmantelada por EE UU.

El ministro de Exteriores ruso, Seguéi Lavrov, también ha hablado de provocaciones y de la necesidad de establecer una “decencia elemental” porque Rusia “no busca la confrontación”, sino que “desea una cooperación basada en el respeto mutuo”. Y ha observado que lo que está pasando ahora es que “EE UU y sus aliados reconocen que los 500 años de dominación occidental en los asuntos internacionales está llegando a su fin. La transición a un nuevo orden mundial, multipolar, democrático y justo es dolorosa para [los países] que han dirigido el mundo durante siglos”. También se ha quejado de que “Theresa May en vez de completar su propia investigación y utilizar los protocolos internacionales establecidos en la OPCW, ha optado por la confrontación con Rusia”.

Quien sí ha mostrado una gran coherencia ha sido el líder laborista Jeremy Corbyn al sugerir que “puede haber una explicación alternativa” en este intento de asesinato de Serguéi Skripal y su hija Yulia. Corbyn cree que “no hay pruebas suficientes para concluir que Rusia ha envenenado al exagente y su hija. Con serenidad y compostura preguntó a la primera ministra: ¿Qué respuesta ha dado el gobierno británico a la petición del gobierno ruso de una muestra de ese gas nervioso para que ellos puedan examinarlo? May contestó con tono airado que ya había dado la posibilidad a Rusia para que explicara de dónde procedía el gas nervioso.  Dio a Rusia 24 horas cuando la OPCW establece diez días. Hoy Moscú ha pedido al Reino Unido que envíe pruebas o que pida perdón.

Cuando los periodistas le preguntaron a Putin por este caso, después de ganar las elecciones del 18 de marzo por mayoría arrolladora, con el 76,6%, él contestó que era “absurdo porque Rusia no tiene armas químicas”, ya que “las ha destruido en un proceso supervisado por organismos internacionales”. Y confirmó lo que mucha gente, excepto Theresa May y Boris Johnson, sospechaba desde el principio: “Es una tontería pensar que Rusia actuara así en vísperas de las elecciones presidenciales y del Mundial de Fútbol”. ________________

Juan José Torres Núñez es socio de infoLibre

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