Vuelve 'El Caso' a mi vida

M.Isabel Reboredo Castiñeiras

En mi preadolescencia, cuando empecé a interesarme por algo más que jugar y discutir con mi hermana mayor, descubrí un periódico llamado El Caso, que cada vez que lo veía en el kiosko me hacía sentir auténtico pavor.

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Lo combatía leyendo ávidamente a Lovecraft y EA Poe y viendo en la tele, única en esa época, las Historias para no dormir de D. Narciso Ibáñez Menta.

El Caso lo veía en el kiosko del Marqués, el hombre más admirado por mí del barrio porque tenía TODO lo que a mí más me gustaba del mundo: los libros de Los 5 de Miss Enid Blyton, que fueron mi aprendizaje de vida en todos los sentidos, lápices y pinturas de Staedtler y la maravilla de las maravillas, la pluma Parker.

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Marqués tenía la costumbre de merendar cada tarde una sardina vieja que aplastaba en el papel de estraza y, como no debía de sentarle muy bien, tomaba en el cuenco de la mano una porción de bicarbonato. Un día me lo dio a probar, supongo que ante mi cara de "a qué sabrá", y comprendí que algo malo tenía que pasarle para insistir a diario.

El mayor éxito del Marqués eran sus cajones de madera llenos a rebosar de novelas de segunda mano de Marcial Lafuente Estefanía y Corín Tellado.

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El cliente compraba una nueva y eso le daba derecho a poder cambiarla después por una pequeña cantidad. Era un negocio redondo.

Yo soñaba con relevarle en el negocio y me encantaba zascandilear por allí con su permiso. Esto venía a cuento de El Caso.

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Era el periódico donde se publicaban con todo tipo de detalles los crímenes de este país entonces franquista y miserable y donde, por cierto, también se publicaban los asesinatos del régimen.

Con la democracia se hizo una serie excelente de TV sobre los criminales más "famosos". Estos días le doy vueltas al hecho de que procuro no ver las noticias y huyo de cualquier tipo de debates sobre el país y el mundo en general, con el gusto que he sentido siempre por la información.

Luchar por el bien común como norma de vida da aire a los pulmones. ¿Por qué entonces parece que nos estamos ahogando en pura mierda?

Y caigo en la cuenta de que el mundo es un enorme El Caso para mí.

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Apenas hay noticias que le hagan a una saltar de la cama contenta porque se avanza en derechos, se respeta el medio ambiente, a los seres humanos y tantas buenas noticias del pasado. Recuerdo la alegría que sentí cuando se decidió restringir los plásticos en los súper, cada cual tenemos nuestras fobias, y hoy el resultado es el pago de las bolsas de plástico si has olvidado llevar la tuya. Una genialidad.

Hoy las noticias se han convertido en un infierno en la tierra y no tienen visos de mejorar; al contrario, cada día peor.

¿Qué pasa con la gente? ¿Qué hace que estemos tan enfadados todos con todo?

¿Por qué nos caen mal el pobre de la esquina, el que hace malabares en el semáforo y las/los que cuidan y limpian a los viejos de este país y recogen las fresas que tanto les gusta desayunar a nuestros niños, y se pide que se vayan a su pueblo, nación o es igual a dónde? La pobreza asusta y nadie la quiere cerca.

Hemos olvidado que antes los pobres éramos nosotros.

Cuando olvidamos lo que es la SOLIDARIDAD, nos volvemos huraños y malpensados y queremos que nos pongan a toda costa una alarma VERISURE, léase VERISHIUR, y que nuestros nietos no vean Los SIMPSON porque es una familia problemática; en el trabajo rendimos más y no pedimos permisos, no nos vayan a despedir, y la vida no creo sinceramente que merezca mucho la pena.

Ser solidarios es sinónimo de buenas personas.

Querer el bien del otro como lo quieres para ti.

Luchar por el bien común como norma de vida da aire a los pulmones. ¿Por qué entonces parece que nos estamos ahogando en pura mierda?

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M.Isabel Reboredo Castiñeiras es socia de infoLibre.

En mi preadolescencia, cuando empecé a interesarme por algo más que jugar y discutir con mi hermana mayor, descubrí un periódico llamado El Caso, que cada vez que lo veía en el kiosko me hacía sentir auténtico pavor.

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