La España que hiperventila contra los nietos María Eugenia Rodríguez Palop
La FIFA es una filfa, es decir, un engaño. Maradona, que tuvo con ellos una relación de coches de choque, decía que sus dirigentes “odian el fútbol y aman el dinero que ganan con él.” Qué diría ahora, si levantase la cabeza y viera a su jefe lamiéndole los zapatos al presidente de los Estados Unidos, entregándole, en plan María Corina Machado, un trofeo honorífico y ahora, en el colmo de los colmos, quitándole a uno de los mejores delanteros de la selección norteamericana la tarjeta roja que le habían sacado, de forma absolutamente justa, en el partido anterior, para que pueda jugar el próximo, saltándose todas las normas. El servilismo que muestran las autoridades deportivas, y las otras también, ante el inquilino de la Casa Blanca, produce vergüenza ajena. Ni que les fuera a bombardear también a ellos.
Estamos en el mundo de los sabelotodo y los mandamases, gente que opina de lo divino y lo humano sin sentirse poco preparado para nada ni pararse a estudiar y gobernantes con resabios de rey medieval y esquinas absolutistas en el discurso, que también se meten en cualquier cosa, sin límites ni fronteras, ni complejos, sino al contrario, con la arrogancia de quien se sabe más fuerte que otros y no necesita más argumento que ese para imponerles su santa voluntad. Lo más triste es la sumisión que recibe, los parabienes, las palmadas en la espalda, los regalos para los oídos… La ley de la selva ya está aquí, la del embudo nunca se fue y nosotros, los de en medio, lo llevamos claro.
La ultraderecha tiene tres formas de crecer: avanzando ella, haciendo retroceder a los conservadores moderados y asustando con su catastrofismo a una cantidad suficiente de votantes que les terminen apoyando por miedo a esas amenazas inventadas que dicen que penden sobre nuestras cabezas. Son mentira y la espada la han colgado ellos mismos, pero hay quienes se asustan y se ponen en sus manos para que los protejan.
Estamos en el mundo de los sabelotodo y los mandamases, gente que opina de lo divino y lo humano sin sentirse poco preparado
Primero fue la prioridad nacional, ahora la ley del concebido no nacido y en ambos casos el candidato Núñez Feijóo pasa por el aro y hace suyos los apostolados de los ultras propios y ajenos: lo que sea, con tal de llegar a La Moncloa, le abra sus puertas quien sea, independentista o no, demócrata de verdad o por guardar las apariencias. Su brújula, Isabel Díaz Ayuso, que es la Charlie Watts de esta banda, la que marca el ritmo, también pretende quitarles el abono transporte a los inmigrantes que pueda, y él tragará esa rueda de molino en cuanto se la pongan en el plato. Las encuestas no le van también como él pensaba, pero no le hará variar el rumbo ni pensárselo dos veces: la reflexión es la única flexión que no va a hacer.
La filfa de la FIFA es sólo un ejemplo, un síntoma de estos tiempos efectivamente genuflexos, que no les paran los pies a los neototalitarios que están haciendo girar hacia atrás el planeta entero. Habría que pararlos, porque mientras miramos el fútbol no vemos lo que pasa en los palcos.
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