Cultura

Brujas somos y brujas queremos ser

Fotograma de la película 'El retorno de las brujas'.

Prólogo

"We are the granddaughters of the witches you weren't able to burn (Somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar)". Tish Thawer esculpió la frase en su novela The Witches of BlackBrook (2015) y su eco no se apaga: reverbera en las tribunas públicas, se estampa en camisetas y tazas, inspira obras.

"Nunca he encajado en los esquemas que la sociedad ha construido para ser una chica perfecta. Desde pequeña me despeinaba de manera asombrosamente fácil ―afirma Ame Soler―. Recuerdo un día que había jugado, corrido, saltado... Y un profesor me dijo: Péinate, pareces una bruja. Estos años me prepararon para la adolescencia más insegura y dependiente que puedas imaginar. Un sufrimiento que parecía no terminar. Hasta que descubrí el feminismo y pude dar nombre y forma a todo aquello que me oprimió. Hasta que me uní a un grupo de luchadoras que volamos a contracorriente", Ella lo cuenta en el libro titulado… Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar.

Una poderosa estirpe

Laura Berja, portavoz socialista en materia de Igualdad, no es la primera mujer dedicada a la política que ha sido llamada "bruja"; no será la última.

En la campaña de 2016, la candidata demócrata Hillary Clinton transmutó en las redes sociales en bruja clásica: piel verdosa y sombrero picudo, a lomos de una escoba. "The Wicked Witch of the Left", la llamaban, la malvada bruja de la izquierda, y hubo quien aseguró que olía a azufre y la relacionó con una red de pedófilos. Un apunte: en EEUU, el 21% de la población cree que las brujas existen.

Es un clásico de la descalificación. Por citar solo dos casos más, Julia Gillard, primera mujer primera ministra de Australia, tuvo que soportar cánticos de "ditch the witch (deshazte de la bruja)"; y cuando la premier británica Theresa May fue grabada riéndose, su "witch’s cackle (risotada de bruja)" se hizo viral.

"La misoginia de todo esto es obvia ―escribió la novelista y filóloga Madeline Miller, autora de Circe―. Debatir y derrotar políticamente a estas líderes no es suficiente; como mujeres que muestran ambición, son abominaciones que deben ser consideradas malvadas y expulsadas."

Fuera de la arena política, sigue siendo relativamente frecuente la detención o asesinato de mujeres por prácticas de brujería. En algunos casos, las acusaciones son consecuencia del arraigo de creencias supersticiosas (el albinismo suele ser uno de los motivos invocados); a veces, es una manera de "solucionar" disputas relativas a terrenos y propiedades; en ocasiones, se utiliza para desembarazarse de mujeres que protestan por su situación… En Ghana incluso crearon campos de internamiento para brujas.

Los hombres siempre han temido a las mujeres ponderosas, y la bruja es la personificación perfecta de ese miedo. Es la tesis de Kristin J Sollee, autora de Witches, Sluts, Feminists: Conjuring the Sex Positive. "Brujas, zorras y feministas son la triada del terror para el patriarcado," afirma, porque encarnan el poder femenino, la libertad sexual e intelectual.

Lo han pagado caro. Charlotte-Rose Millar, de la Universidad de Queensland, autora de Witchcraft, the Devil and Emotions in Early Modern England, recuerda en un trabajo que en la Europa de los siglos XV, XVI y XVII, la brujería fue un crimen. "Diferentes países promulgaron diferentes leyes para tratar con las brujas, pero, en su mayor parte, a mediados del siglo XVI la brujería era un crimen secular, uno que podía ser castigado con encarcelamiento, picota o ejecución". Durante este período, unas 90.000 personas fueron acusadas formalmente de brujería y aproximadamente la mitad de este número fueron ejecutadas.

Presiento a alguien levantando la mano: "también mataron a hombres". Sí, la profesora Millar lo sabe. Muchos de ellos, parientes de las brujas; de hecho, ese parentesco era su único delito. En cualquier caso, las mujeres constituían la gran mayoría de los acusados ​​y ejecutados. "En Inglaterra, estimamos que las mujeres constituían aproximadamente el 90% de los acusados; en el Sacro Imperio Romano Germánico, en gran parte de habla alemana, esta cifra era del 76%; en Hungría, el 90%; en Suiza, más del 95%; y en algunas partes de Francia, el 76% Hay excepciones a esta tendencia. En Islandia, las mujeres representan solo el 8% de los acusados ​​y también se pueden ver cifras bajas en Rusia (32%) y Estonia (40%)". En resumen: las mujeres tenían muchas más probabilidades de ser acusadas de brujería que los varones.

Brujería, brujería 

Y la carga negativa que la palabra tiene para las mujeres queda perfectamente reflejada en la entrada "brujo, ja" de la RAE. Ellos y ellas son embrujadores, personas que hechizan, a las que se les atribuyen poderes mágicos obtenidos del diablo. Pero mientras el brujo es el "hechicero supuestamente dotado de poderes mágicos en determinadas culturas", la bruja, "en los cuentos infantiles o relatos folclóricos" es la "mujer fea y malvada, que tiene poderes mágicos y que, generalmente, puede volar montada en una escoba", parece presentir lo que va a suceder, es (en el habla coloquial) una "mujer de aspecto repulsivo" y "mujer malvada". Ni que decir tiene que esa atribución de rasgos físicos tiene un componente moral.

En la literatura, el arquetipo está bien establecido, y desde tiempos remotos. Por centrarnos en lo nuestro y algo más cercano, la profesora Eva Lara Alberola escribe que la literatura española áurea no se puede explicar en toda su profundidad y complejidad sin analizar personajes como la hechicera y la bruja (que es la hechicera que ha hecho un pacto con el diablo, vuela, roba niños…). "Leer uno de los textos en los cuales estos personajes tenían protagonismo era como asomarse a una ventana desde la que podía atisbarse tanto la realidad como la tradición literaria, ya que a medio camino entre ambas se hallarían estos actantes". No se pueden comprender los Siglos de Oro sin penetrar en los oscuros recovecos del pensamiento mágico, sostiene; tampoco se puede estudiar en toda su profundidad la literatura sin detenerse en dicha mentalidad.

Algunos de "relatos con bruja" de esa y otras épocas estaban destinados a lectores adultos, pero con el tiempo se incorporaron a la literatura infantil. Y en ese momento, escribe Beatriz Fernández Herrero, de la Universidade de Santiago de Compostela, se llevaron con ellos toda la carga negativa que tan bien conocemos. Sin embargo, "en los cuentos contemporáneos, el arquetipo moral de la bruja va cambiando, ya que es fruto ―y transmite― un tipo de sociedad que ya no considera de la misma forma los valores del patriarcado. Las brujas, ahora, ya no son esos personajes enfrentados por su autonomía a la sociedad dominada por los varones, sino que de alguna manera regresan a su función arquetípica originaria como representantes de las fuerzas naturales". Es decir, hay un creciente sentimiento positivo hacia ellas, que se refleja en la literatura infantil.

Una lee esto y piensa en Hermione Granger. "A lo largo de la serie de Harry Potter de JK Rowling, el intelecto, la bondad, el sentido de la justicia y la determinación de Hermione la convierten en un modelo a seguir para las niñas, y los niños, en todas partes", asegura Madeline Miller.

Brujas, y a mucha honra 

Por todo lo dicho, y por mucho no mencionado, la bruja se ha convertido en un personaje tremendamente popular en los movimientos feministas, muchas mujeres las tienen por maestras que les enseñan a abandonar los roles que la sociedad les impone, liberarse de las representaciones impuestas de una cierta femineidad, a vivir como les venga en gana; las reivindican como las mejores de entre ellas, la representación imperecedera del empoderamiento femenino.

No ha sido un proceso fácil. "He necesitado un período de tiempo asombrosamente largo para medir el malentendido que ha provocado el exceso de fantasía y la imaginería de la heroína con súper poderes asociados a las brujas en las creaciones culturales que me rodeaban ― escribe Mona Chollet en el prólogo de Brujas―. Para comprender que, antes de convertirse en un estímulo para la imaginación o un título honorífico, la palabra ‘bruja’ había sido la peor de las marcas de infamia, la imputación mentirosa que había supuesto la tortura y la muerte de decenas de miles de mujeres". En su libro, identifica tres tipos de brujas de hoy en día: la mujer independiente; la mujer sin hijos y la anciana.

Epílogo

En cierta ocasión, preguntaron a Terry Pratchett, autor la saga Mundodisco (1993-2015), por una de sus protagonistas, Tiffany Aching, y su mundo, donde ser bruja implica asumir deberes y responsabilidades.

"Ciertamente, para Tiffany, la brujería tiene muy poco que ver con la magia, como la gente generalmente la entiende. Tiene mucho que ver con asumir la responsabilidad de uno mismo y también con las personas menos capaces y, hasta cierto punto, con la protección de la sociedad. Esto se basa en cómo era realmente la brujería, sospecho. La bruja era la herbolaria del pueblo, la partera, la persona que sabía las cosas. Ella se sentaría con los moribundos, colocaría los cadáveres, daría a luz al recién nacido. Las brujas solían ser necesarias cuando los seres humanos se encontraban con los límites peligrosos de sus vidas, los lugares donde no hay mapa. No se entretienen con pequeños hechizos; se ensucian las manos".

Una explicación que quizá alivie a aquellas que, aun hoy, siguen siendo catalogadas de brujas para causar no su muerte física, sí su ostracismo social y político.

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