'Todos somos Gaza', filmar un genocidio desde dentro: "Es como haber estado con una cámara en Auschwitz"

Bombardeos salvajes, destrucción, ruina. Rescates imposibles bajo los escombros, carreras desesperadas al hospital. Asesinatos, dolor, familias hechas añicos. La muerte no ya rondando, sino permanentemente presente sobre las cabezas de los ciudadanos palestinos, abandonados a lo aleatorio de su suerte, de alguna manera resignados a que habrá un momento en que el cielo caerá sobre ellos. No parece que haya vida posible en una Gaza que como tal ya no existe pero, sin embargo, afloran también la solidaridad, la ayuda, la resistencia infinita, la dignidad jamás perdida e incluso la esperanza.

La condición humana despojada de todo artificio, cuando la humanidad es precisamente lo único que queda. El genocidio filmado desde dentro por un grupo de valientes cineastas palestinos. "Es como haber estado con una cámara en Auschwitz", remarca a infoLibre el cineasta italo-argentino Hernán Zin (Buenos Aires, 1971), director de Todos somos Gaza, nominada al Goya como Mejor Película Documental —también lo estuvo en los Premios Forqué— que se estrenará próximamente en cines comerciales y registra las masacres y violaciones de los derechos humanos perpetradas en la Franja durante los últimos dos años.

"Quería tener un documento completo de lo que durara el genocidio. Que todavía continúa, pero están los 710 días más terribles", resume, contando que su intención primera era entrar él mismo a rodar, como ya hizo en varias ocasiones en el pasado para otros proyectos, pero no fue posible en esta ocasión. Gracias a los contactos hechos en anteriores visitas, armó un equipo de profesionales decididos a registrar la realidad para la posteridad: "Se han jugado la vida, se han expuesto a las bombas, han tenido que ir a rodar en burro, caminando, durmiendo en sus coches. Han trabajado sufriendo también el genocidio, no es como cuando va un extranjero, que siempre tiene una salida; ellos estaban ahí atrapados con sus familias". 

"Han sido muy generosos", resalta el cineasta, que destaca, asimismo, la gran dificultad de grabar en un lugar en el que no hay presencia internacional para así tener "barra libre para bombardearlo todo". "Cuando hay periodistas o miembros de ONG extranjeras, toman más medidas pero, lamentablemente, en este mundo una vida vale más que otra, y la de un europeo vale más que la de un palestino, un sudanés, un congoleño o un somalí", denuncia. "Si me matan a mí o a diez periodistas europeos es un escándalo, pero con decenas de miles de palestinos es como que no pasa nada. Han sido perversamente listos y han podido matar a toda la prensa, a todos los médicos, sin preocuparse de que estuviéramos ahí. Por eso estos cineastas son unos valientes que han conseguido un documento para la historia", incide.

"Nosotros hemos tenido tres heridos y un evacuado, Ebrahim Abu Eshieba, el primer director de foto, que estaba en el hospital Nasser, llegó un comando israelí, le pegaron siete tiros y se llevaron los equipos. Ese nivel de impunidad", continúa Zin, encargado de dirigir desde Madrid para darle su estilo a las imágenes que recibía de Yousef Mashharawi, Amjad Al Fayoumi, Khames Al Refi, Zaher Saleh y el propio Ebrahim. "Son unos héroes y por eso les dedico la película. Ha sido el proyecto más difícil de mi vida, pensé hasta el final que iba a ser imposible", admite, destacando las complicaciones para enviar el material filmado ya que en la zona "no hay electricidad, no hay agua, no hay comida, obviamente no hay internet", por lo que tenían que acercarse a la frontera para usar "líneas israelíes". "Las imágenes caían con cuentagotas", apostilla.

Todos somos Gaza tiene, además, una intrahistoria que nos recuerda que lo acontecido allí desde el 7 de octubre de 2023, aun recrudecido, ya venía desde muy atrás. Y es que este film es la continuación del exitoso Nacido en Gaza (2014), que también consiguió la nominación a los Goya en la categoría de Mejor Película Documental. Entonces, Hernán Zin rodó una película que retrata la vida de diez niños y niñas durante la anterior ofensiva israelí. Desde su estreno fue todo un éxito internacional de crítica y público, y se convirtió en uno de los testimonios más importantes sobre la cruel realidad en Gaza. 

Diez años después, la misión era buscar a esos niños y niñas (ahora adolescentes o adultos) que se convirtieron en una referencia para millones de personas en el mundo y que humanizaron a los habitantes de Gaza. Una vez que el equipo los encontró, pasaron meses a su lado, documentando cada desplazamiento forzoso, cada bombardeo, cada pérdida en sus familias. También sus anhelos y su resiliencia, pues Bisan (18 años) sigue preparando los exámenes para la universidad a pesar del genocidio y quiere ser periodista. Udai (22), que en la primera película pierde a un hermano, en esta pierde a dos, pero se quiere casar con una chica que conoció en una escuela de la ONU. Mohamed (22), que una década atrás recogía basura para sobrevivir, lucha ahora por dar de comer a sus hijos en medio de la hambruna

Este es un producto español que no tiene parangón, pues nadie ha estado 24 meses rodando allí

"Lo que me sorprendió de encontrarles once años después es que siguen siendo exactamente los mismos", indica el director. "Siguen teniendo esas ganas de vivir una vida normal, que es lo único que piden. Pero no pueden porque hay muchos intereses económicos y la prensa está manipulada", añade. Y pone en valor la "resiliencia" y la "dignidad" de todo el pueblo palestino, que es un "ejemplo para la humanidad". "Nosotros dejamos que nos metan en la rueda política de discusiones triviales, en lugar de ver que vienen a por Gaza y luego pueden venir a por nosotros también. Por eso todos somos Gaza", argumenta. 

"Gaza es el ejemplo más grotesco de lo que se consigue con dinero. Con cara, con dinero y con buena propaganda consigues desmontar una sociedad entera, y Gaza es el ejemplo más extremo", denuncia, para acto seguido alertar: "Ojalá nosotros tengamos la dignidad y la capacidad de resistencia que tienen ellos, obligados o no. Quizás estemos obligados dentro de poco a ponernos las pilas".

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Todos somos Gaza, film que aspira a "generar puentes de empatía" y "humanizar" al pueblo palestino, llega también con el objetivo de seguir hablando de lo que sigue ocurriendo en la Franja, en un momento en el que la atención informativa está centrada en otras latitudes, después del plan de paz firmado (unilateralmente por EEUU e Israel) en septiembre. Al perder esa intensidad es cuando emergen este tipo de películas, explica Zin, para "recordar y volver a comprometerse". 

Y todavía prosigue, compartiendo su experiencia personal: "Nunca esperé que Nacido en Gaza, que la hice en 2014 solo con mi cámara, se convirtiera en noviembre de 2023 en el documental más visto en Netflix en el mundo y que lo pasaran en la ONU, en el Banco Mundial, en Harvard. Pero como nadie podía entrar en Gaza, esos diez niños se convirtieron en la voz, el rostro y la humanización de los que estaban muriendo entonces. Para eso sirve este trabajo, nuestro oficio, y el periodismo también. En cincuenta años se verá esta película, y la gente dirá,: 'hostia, mira lo que pasó y nadie hizo nada'".

Termina el cineasta, que recibe la cuarta nominación al Goya de su carrera por esta película, expresando su deseo de que la industria cinematográfica española tenga la "madurez" para valorar esta pieza, "no solo por lo que dice como documento histórico, sino por su calidad artística". "Ojalá como académicos demostremos que podemos lanzar al mundo un producto español que no tiene parangón, pues nadie ha estado 24 meses rodando allí y eso es un orgullo. Ojalá este premio, pero no por mí, sino por la película y para premiar a los cineastas que han hecho el milagro. Todavía no puedo creerme lo que han conseguido", concluye,

Bombardeos salvajes, destrucción, ruina. Rescates imposibles bajo los escombros, carreras desesperadas al hospital. Asesinatos, dolor, familias hechas añicos. La muerte no ya rondando, sino permanentemente presente sobre las cabezas de los ciudadanos palestinos, abandonados a lo aleatorio de su suerte, de alguna manera resignados a que habrá un momento en que el cielo caerá sobre ellos. No parece que haya vida posible en una Gaza que como tal ya no existe pero, sin embargo, afloran también la solidaridad, la ayuda, la resistencia infinita, la dignidad jamás perdida e incluso la esperanza.