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'Ignasi M.': retazos de una vida para contar otras muchas

Un fotograma del documental 'Ignasi M.'.

Se conocen hace 28 años y eso se nota. Cuando recuerdan sus muchos viajes, sus excursiones y salidas a lo largo de las décadas con su grupo de amigos; cuando el uno complementa las respuestas del otro, cuando se miran y dan lugar a un lenguaje tácito. Sobre todo se percibe en el documental que el uno ha dirigido y el otro ha protagonizado, un trabajo que, insisten, lanzan al mundo con la clara vocación de plantarse “contra el miedo” que define la sociedad actual. Ventura Pons e Ignasi Millet son respectivamente artífice e intérprete de la película biográfica Ignasi M., de estreno este viernes en cines, un retazo de la tumultuosa existencia de este restaurador de arte en paro por la crisis, gay, promiscuo, creativo, seropositivo, padre de dos hijos, exesposo de una mujer en silla de ruedas que convive ahora con otra mujer y optimista irredento.

Metáfora sin duda de la desnudez con la que se presenta la persona y el personaje de la película es el cartel que han elegido para promocionarla, con una foto a pecho descubierto de un coqueto y divertido Millet tomada por su hijo pequeño. Este completa junto a su otro hermano, su madre y sus abuelos -o sea, la exmujer y los padres del protagonista-, además de amigos, vecinos, antiguos compañeros de trabajo, médicos que le atienden... un elenco en el que cada persona aporta una tesela al mosaico Ignasi M. Orgullosos y emocionados de presentar el filme, que ya ha pasado por dos decenas de festivales de todo el mundo, el director de La vida abismal o Forasteros y su buen amigo responden incluso antes de que se les haga ninguna pregunta.

Qué mejor que dejar plasmado un extracto de su conversación.

Ventura Pons: Ignasi es un tío tan extrovertido, te hace reír tanto, que te da una alegría de la vida tremenda, y además es un hombre muy sabio. Estos últimos años han sido muy nefastos para mucha gente, ¿no? Y yo supe que a él le habían pasado todas estas desgracias con su empresa, al haberse ido las vacas gordas. A todos nos afecta muchísimo la crisis, porque imagínate si no me afecta a mí, que soy del mundo del cine, que nos tienen cual putas por rastrojo. A él también le afectó y pensé, hostia, pobre Ignasi… Hasta que el año pasado estoy en el cine, voy a ver una película que me dicen: 'es americana y es buena', y a los 20 minutos me dije: 'esto no es bueno, ya te están vendiendo eso de los personajes en conflicto'... Y pensé: después de 28 años, ¿por qué no hago una película sobre Ignasi? Salgo del cine, le llamo y le digo: ¿podemos comer mañana juntos? Comemos juntos y le digo: Ignasi, quiero hacer una película contigo, sobre ti. Y a partir de aquí está la generosidad de abrirse de la forma que se ha abierto.

Ignasi Millet: Evidentemente yo pienso: 'este está mal de la cabeza, ya chochea'. Pero luego, aparte de recoger el mensaje y madurarlo, pensé que hay una historia por contar, y que seguramente si Ventura lo ve, podrá interesar a mucha gente. Y a mí me puede hacer bien y hacer bien a los otros.

VP: Y cuenta esto de que llamas a tu psicólogo

IM: Yo estoy pasando una depresión en el hospital, y con el psicólogo hacemos terapia sobre los problemas, el cierre de la empresa… Y le digo: 'mira, me proponen esto'… y me dicen que esto es una terapia de lujo, y efectivamente lo es, porque te permite comunicarte con un público, con gente que en algún lugar estará pasando por la misma situación que tú… Igual no tanto, porque una situación tan singular realmente ya es complejo, pero mucha gente se siente identificada en algún punto de la película. Al ser una película que toca tantos temas, es muy difícil no encontrar un punto de conexión. Habla de paternidad, de religión, de relación entre padres e hijos, de relación entre parejas, entre madres y padres, entre amigos, la amistad, la crisis, la homosexualidad, ser seropositivo en la sociedad actual, del cierre de una empresa…

VP: De condones extralargos... (Se ríe)

IM: De condones extralargos, de sexualidad… es un análisis de la sociedad.

VP: Yo, que soy un tío muy meticuloso y ordenado, cuando me dice que sí, me planto en su casa, saco una grabadora y empezamos una conversación de dos horas. Iba a hacer una segunda que nunca hice porque a Ignasi cuesta un poco sentarlo.

IM: Sí, soy disperso (se ríe).

VP: Entonces llego a mi casa, lo transcribo y empiezo a buscar la forma de la película. Porque lo primero que reconoces es la historia, el personaje, y dices, coño, aquí hay tantas cosas… pero luego piensas en cómo lo cuentas, porque tiene que estar todo muy ordenado, porque si no al empezar a rodar se te escapan muchas cosas. En ese momento nos pusimos a trabajar y enseguida fue muy fácil encontrar el hilo narrativo y centrarme en qué tenía que enseñar primero y en qué tenía que enseñar luego. Yo no sé rodar sin tenerlo todo muy preparado, ya sea una ficción o un documental. La historia tiene que ser buena y tú tienes que poner pasión y orden.

IM: Yo conocía al Ventura amigo, pero descubrí al Ventura profesional como director con una gran trayectoria, una persona que es muy disciplinada, que sabe dirigir, que es un artesano de primer orden haciendo cine, y eso realmente te da mucha confianza. Quizá también es esta relación de amistad la que me hace decirle que sí, porque si no tienes una relación muy próxima y de complicidad con una persona que va a hacer una película sobre tu vida desnudándote como te desnudas en esa película puedes salir mal parado: o que salga muy bien o que salga una chapuza, entonces creo que este fue un punto realmente importante. Y después, intentar ser como yo soy, yo en esta película no me he actuado para nada, lo que hago es ser yo, como soy en la vida real.

VP: Si no hubieras sido cien por cien tú, cojo el material y lo tiro.

IM: Además es que creo que es lo que la gente agradece, que es una película de verdades, de miedos, de gente atrevida…

VP: Honesta, valiente, honrada… Es una película contra el miedo.

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