Teatro

El juicio moral al "sodomita" Oscar Wilde

Una escena de 'Gross indecency', de Moisés Kaufman, dirigida por Gabriel Olivares.

"Caballeros del jurado, parecería (...) que lo que está en tela de juicio no es la conducta del Marqués de Queensberry sino el arte del señor Wilde." Con esta clarividencia explicaba el letrado sir Edward Clarke el proceso contra Oscar Wilde, el que sería uno de los primeros juicios mediáticos de la era moderna y que acabaría con el autor de El retrato de Dorian Gray encarcelado por "grave indecencia" y "sodomía". Es decir, por ser homosexual. No han sido uno ni dos los textos escritos sobre el paso del autor por los tribunales. En Gross indecency. Los tres juicios a Oscar Wilde el dramaturgo Moisés Kaufman utilizaba buena parte de ellos para reconstruir un acontecimiento tan político como literario que fue crucial no solo para la vida del escritor, sino también para la construcción social de la homosexualidad. Dos décadas después de su exitoso estreno en el off de Broadway, el director Gabriel Olivares lleva el texto a escena en el Teatro Fernán Gómez de Madrid (del 14 de septiembre al 8 de octubre). 

"Fue el inicio de muchas cosas, ese juicio", reflexiona Olivares en un descanso de sus últimos ensayos antes del estreno. "Es la primera vez en la historia que ocurría un juicio internacional, seguido en todo el mundo, y el primer juicio mediático, que se podía leer cada día en prensa. También esconde muchas cosas: parece que se juzga la sodomía, pero también se juzgaba una manera de entender la sociedad y el arte. Wilde fue un revolucionario: en las libertades de género, en las relaciones entre clases... y ajustaron cuentas con él."

Wilde no se imaginaba que la querella por difamación que él mismo interpuso en 1895 acabaría volviéndose en su contra. En un primer momento, el escritor solo quería darle un escarmiento al Marqués de Queensberry, padre tirano de su amante lord Alfred Douglas, Bosie, que había osado dirigirle una nota con la inscripción: "Para Oscar Wilde, que alardea de sordomita [sic]"sordomitasic. Lo que empezó siendo un proceso por calumnias en el que Wilde era la acusación, acabó en uno por homosexualidad en el que él era el acusado. 

El texto de Kaufman —galardonado con la Medalla de las Artes estadounidense en 2016— pertenece al género del teatro documental: los personajes que aparecen en él son reales y sus palabras han sido extraídas de los múltiples relatos sobre el juicio. De los registros oficiales del juicio, de la prensa, de las memorias de Clarke, de De profundis (la carta que Wilde dirigiría a su amante relatando su caída en desgracia), de la Autobiografía de Lord Alfred Douglas, de los escritos de Bernard Shaw, escritor y amigo de Wilde... Las citas de unos y otros se alternan y contradicen en un coro que da la razón al propio Shaw: "En un juicio no hay mentiras, sino ficciones legales". 

A todas esas voces ponen cuerpo los integrantes del TeatroLab —Javier Martín, David DeGea, Eduard Alejandre, César Camino, Alex Cueva, Guillermo San Juan, David Garcia Palencia, Andrés Acevedo, Asier Iturriaga, Alejandro Pantany y Carmen Flores Sandoval—, la compañía que Olivares dirige desde hace cuatro años. La razón por la que Gross indecency llamó su atención ya en 2015 fue, primero, práctica: su amplio elenco permitía dar papeles a gran parte del grupo de trabajo, y los rápidos cambios de localización y tiempo eran del gusto de un equipo especialmente interesado por el uso del espacio en escena. Luego llegó lo demás: "Es una de las funciones que te transforman cuando la ves y cuando la haces", asegura Olivares. A ella han dedicado dos talleres intensivos, que finalmente cristalizaron en dos meses de ensayos y el montaje de la obra

"La función plantea también un conflicto moral", apunta el director. No se refiere a aquel por el que se juzgaba a Wilde en su época: el espectador de hoy —el espectador que respete los derechos humanos, habría que precisar— no condenaría al escritor por homosexual. Pero sí puede juzgarle por su actitud durante el juicio. El autor negó en todo momento las acusaciones contra él y su relación con Douglas. ¿Mintió? ¿Lo hizo por supervivencia? ¿Debería haberlo hecho? "Todo el movimiento gay renegó de él durante mucho tiempo", precisa Olivares, "porque durante todo el juicio él rechaza definirse como homosexual. Pero en esa época no existía el concepto moderno de homosexualidad". También le defendió Shaw: "Wilde se podía declarar inocente con toda honestidad. Culpable o inocente no es una cuestión legal, sino moral. El que se declara inocente no está alegando que lo hizo o no lo hizo; está afirmando que lo que hizo no le causa culpa alguna".

Pero era culpable, porque así lo dictaba la cláusula 10 de la sección II de la enmienda de Ley Criminal firmada el 1 de enero de 1885 por la reina Victoria. "Cualquier hombre que, en público o en privado, realice o forme parte de la realización de, o procure la realización por parte de un hombre de cualquier acto de grave indecencia con otro hombre, será culpable de un delito y siendo condenado por ello, será sujeto, según se considere en el juicio, a encarcelamiento por un período no superior a dos años con o sin trabajos forzados." El día en que el escritor fue arrestado, asegura Kaufman, 600 caballeros ingleses huyeron hacia el continente temiendo represalias. Las mujeres se salvaron porque, a ojos de la reina, ellas no se dedicaban a tales prácticas. Wilde pasó en unos meses del éxito literario y la admiración a la ruina y el rechazo, y murió de una enfermedad contraída en prisión apenas tres años después de abandonarla. La ley que le condenó estuvo en vigor hasta 1967

Quizás no se sepa nunca si Wilde dio dinero a unos jóvenes a cambio de sexo, como se consideró probado, si Douglas le traicionó durante el juicio o si el autor ocultó deliberadamente su sexualidad. Sí se sabe, sin embargo, que el diario parisino Le Temps publicó: "Así es como los ingleses tratan a sus poetas", y que The New York Herald dijo:"Así es como los poetas ingleses se comportan". O que Wilde escribió: "Lo que el mundo llama libros inmorales son los que muestran al mundo su propia vergüenza". O que, preguntado por si consideraba "inmoral" un relato sobre la relación entre un cura y un monaguillo, él contestó: "Peor que eso, estaba mal escrito". O que, al principio de su relación con Douglas, le envió la siguiente carta:

 

Muchacho mío,Tu soneto es hermoso y es una maravilla que esos labios tuyos, rojos como pétalos de rosa, hayan sido hechos tanto para la música como para la locura de los besos. Tu alma delicada y áurea se mueve entre la pasión y la poesía. Sé que Jacinto, a quien Apolo amó con tanta locura, eras tú en la Grecia Antigua. ¿Por qué estás solo en Londres, y cuándo te vas para Salisbury? Ve allí y enfría tus manos en la penumbra gris de las cosas góticas y vuelve aquí cuando quieras. Es un delicioso lugar. Solo faltas tú...Siempre tuyoCon amor eternoOscar.

 

"¡Imbécil, ese nunca fue tu mundo!"

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