Un cómic para Caridad del Río, la 'Pasionaria catalana', madre del asesino de Trotski y condecorada por Stalin

"¿Caridad? Una combatiente comunista como yo. Nos diferencia que, mientras yo trabajo a plena luz del día, ella se mueve entre bastidores". Así se refería Dolores Ibárruri a Caridad del Río, conocida popularmente como la 'Pasionaria catalana', militante comunista española y agente del NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos de la Unión Soviética), especialmente conocida por ser la madre de Ramón Mercader, el asesino de León Trotski en 1940, y por haber participado personalmente en la operación.

Estos breves apuntes biográficos contienen ya más vidas de las que cualquiera pueda vivir y son solo la punta del iceberg de una mujer entregada a la causa del comunismo que vivió siempre con intensidad hasta las últimas consecuencias. Eso en la parte conocida pues, como eficaz espía, hay mucho que nunca nadie podrá saber. Un personaje fascinante que atraviesa las grandes luchas y las demoledoras guerras del siglo XX, relegado a un discreto y a su manera lógico segundo plano. La primera mujer extranjera en recibir la Insignia de la Orden de Lenin en 1941, tras su llegada a la Unión Soviética, donde fue tratada con honores.

Una figura a la que se acerca el historietista Pep Brocal (Terrasa, Barcelona, 1967) en Caridad del Río. Verdades, medias verdades y mentiras (Garbuix Books, 2025), novela gráfica que recuerda que de joven fue una devota católica con ataques de misticismo, que se convirtió en barcelonesa burguesa al casarse con el empresario textil Pau Mercader pero que renegó de todo lo anterior al empezar a intimar con los anarquistas de la Ciudad Condal, que le abrieron un mundo repleto de aventuras y emociones. Tuvo amores candentes y desamores que la llevaron a la desesperación. Fue una de las fundadoras del PSUC. No sabía hacer nada a medias y no sabía estarse quieta.

"Es un personaje que sería ideal si fuera de ficción, pero se da la circunstancia de que es real", apunta a infoLibre el autor, "Y es ideal porque es muy potente, porque evoluciona a lo largo de los años, es como varias mujeres en una, poliédrica", añade Brocal. "Luego está el hecho este de que es la historia de una mujer. Me interesaba también eso para abrir el espectro de biografías, pues siempre hemos tenido tendencia históricamente a explicar las historias de los hombres, cuando las mujeres estaban ahí también", plantea.

Y todavía continúa: "Creo que el hecho de ser la madre de Ramón Mercader, el asesino de Trotski, la ha dejado en segundo plano. Su hijo hizo un acto muy llamativo que realmente ha hecho correr ríos de tinta, pero es un acto concreto, sin embargo, en el caso de Caridad, su labor como espía acaba llenando su vida. Y gran parte de sus acciones quedan escondidas, porque claro era espía y seguramente buena, de manera que no hay documentación suficiente como para saber qué hizo en concreto. Estuvo en Turquía, en los países escandinavos, en Bélgica, haciendo acciones diversas en México, incluso en España, con el régimen de Franco. A saber lo que hizo esta mujer".

Tras remarcar que se ha basado bastante en El cielo prometido, el libro de Gregorio Luri sobre Caridad y toda la familia Mercader, aclara Brocal que no pretender hacer un "estudio minucioso", sino "contar una aventura". Y para ello se sirve del cómic, "un terreno fantástico para abordar y acercar infinidad de temas al lector, que a partir de ahí puede profundizar" en función de sus intereses: "Para los jóvenes es una herramienta fantástica para crear un debate en el aula o para empezar a que tengan curiosidad por la historia, por el pasado del país, por determinados personajes que vale la pena rescatar o que pueden servir para tratar temas diversos. Hoy día eso está claro, lo vemos en esa especie de equívoco alrededor de la figura de Franco. Olvidar no es la solución a nada".

Para el autor, en cualquier caso, Caridad es una "gran olvidada" a la que "aún le falta su serie de Netflix, Filmin o la plataforma de televisión que sea", porque "da mucho juego". "Realmente, si este personaje fuera de otras latitudes, ya tendría su serie televisiva", afirma, poniendo en valor la importancia de "personajes como ella, que tienen un cierto fanatismo de fondo, pero que creen en lo que hacen". "Es cierto que eso conlleva a veces efectos colaterales destructivos, pero al menos hay una convicción, hay una convicción para conseguir transformar las cosas. Ejemplos como el suyo son inspiradores", resalta.

Una mujer que acabó sus días en 1975 en París, donde se instaló cobrando una pensión de la URSS, y que fue la primera extranjera en recibir la Insignia de la Orden de Lenin, en 1941, meses después del asesinato de Trotski a menos de su hijo, "lo cual te da una medida de que realmente los soviéticos estaban muy contentos con su labor, aunque no se sepa con detalle cual fue". Sí se sabe que vivió entregada apasionadamente a la causa del comunismo, hasta el punto de, se conjetura, llegar a sacrificar a su hijo Ramón por el bien superior de Stalin.

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Una vida con giros de guion encadenados, en la que en un momento dado se enamora de un aviador francés con el que se instala y, a partir de ahí, "conoce más de cerca el comunismo y se pone a trabajar por la lucha obrera, por las clases trabajadoras y por ese cambio maravilloso que ha de transformar el mundo a imagen y semejanza de la URSS, que era lo que pretendía Stalin". Sin embargo, su pareja muere poco después en un accidente de coche y ella entra en una espiral autodestructiva en la que "intenta quitarse la vida hasta tres veces". "Se puede decir que es entonces cuando agarra con fuerza al comunismo como a un clavo ardiendo para ponerse de cabeza a luchar por esos ideales. Y también para olvidarse de todo lo demás", agrega Brocal.

En el Partido Comunista encontró la manera de revitalizar su fe en una causa que se veía a sí misma como la causa de la humanidad en marcha. Stalin fue siempre su héroe, porque representaba para ella el coraje en la lucha contra el nazismo. No rehuyó ninguna responsabilidad, pero se veía más cómoda actuando en la vanguardia del proletariado, es decir, asumiendo misiones especiales. Participó en acciones sumamente arriesgadas tanto en España como en América y Europa. 

"Es una mujer que tendrá sus fallos, sus luces y sus sombras, pero yo creo que es inspiradora. Es un personaje que hay que recuperar y que yo creo que este cómic es un paso más en esa dirección", termina el autor, antes de rematar: "En algunos casos habrá que poner más fantasía o más literatura para montar una aventura, una historia, una ficción o una biografía. Pero si acabamos teniendo un boceto, aunque sea, de lo que hizo y de cómo era el personaje, es una parte recuperada del olvido".

"¿Caridad? Una combatiente comunista como yo. Nos diferencia que, mientras yo trabajo a plena luz del día, ella se mueve entre bastidores". Así se refería Dolores Ibárruri a Caridad del Río, conocida popularmente como la 'Pasionaria catalana', militante comunista española y agente del NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos de la Unión Soviética), especialmente conocida por ser la madre de Ramón Mercader, el asesino de León Trotski en 1940, y por haber participado personalmente en la operación.