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Literatura

¿Es la literatura taurina un argumento a favor de la tauromaquia?

La muerte de Víctor Barrio, corneado por un toro en la plaza de Teruel, desató los más bajos instintos de quienes, so capa de antitaurinismo, proclamaron su alegría por la muerte de un ser humano. Un espeluznante aquelarre.

Fue también el momento elegido por algunos para, con calma y contención, volver sobre un asunto que nos acompaña desde hace años.

Entre ellos, Daniel Gascón, escritor y editor de Letras Libres, autor de un breve texto que ya desde el título, "Prohibir los toros por vergüenza de los hombres", se encomienda a Rafael Sánchez Ferlosio.

Lo interesante del artículo es que Gascón enumera para refutarlos los argumentos proverbialmente esgrimidos en defensa de la llamada fiesta: que es tradición, que el toro es una especie única que sobrevive gracias a la fiesta, que el animal sufre sólo quince minutos tras una vida regalada… que "ha generado un gran arte y una gran literatura: como los duelos, la guerra civil española, el adulterio, la relación con los padres y el primer amor. La literatura es neutral en eso".

Ése fue el punto que me interpeló. ¿Es, puede ser la gran literatura, un argumento a favor de los toros?

"Los toros han inspirado grandes obras literarias y artísticas —me dijo Daniel cuando le pedí que abundara en su tesis—. A veces, lo que se contaba era el espectáculo en sí. Otras veces, era el mundo en torno a los toros: las vidas de los toreros, la conexión con otras áreas de la cultura, un cierto elemento casi fetichista. Los toros figuran en la obra de muchos grandes creadores: de Goya a Picasso pasando por Pepe Cerdá, de Lorca a Bob Dylan pasando por Chaves Nogales y Joaquín Vidal. Pero hay grandes obras literarias y pictóricas sobre muchas cosas: los duelos, la guerra, el amor, el adulterio, etcétera. Costumbres y formas de vida que ahora nos parecen inaceptables han generado obras maestras. Y también las han generado formas de vida y experiencias que nos resultan cercanas o deseables. No me parece que esa tradición artística y literaria, que incluye la defensa de la tauromaquia pero también su crítica, sea un motivo suficiente para justificar la continuación de los toros. Y, al mismo tiempo, tampoco creo que desear la desaparición del espectáculo deba impedirnos apreciar las obras que hablaban de ese mundo".

Las musas van a los toros

La web Ganaderos de lidia, que se define como "el sitio web de la cultura taurina", tiene una sección dedicada a la literatura que empieza citando a Federico García Lorca: "El toreo es probablemente la riqueza poética y vital de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo".

Es una frase mil veces mencionada, fruto de una corriente de opinión muy extendida. "No puede entenderse la historia de la cultura española sin lo que ha aportado como novedoso y diferenciador con respecto a otros países y culturas, el rito taurino —me dice José Antonio Trujillo, médico y escritor de Ronda—. Esta convivencia no ha sido siempre tranquila y amistosa. Los ministros ilustrados de Carlos III quisieron acabar ya con los toros, y ahora tres siglos después otros grupos también quieren hacerlo". 

Trujillo, que recientemente presentó su novela policiaca Frío en la muleta, entiende el toreo como un ejercicio espiritual, asegura que el sacrificio del torero "llama a los espíritus empeñados en las grandes conquistas para los hombres", y defiende que "su ascesis sigue siendo necesaria en una sociedad frágil como la nuestra, adocenada y depilada, que se conforma con lo vulgar y lo sencillo".

"Someter a la fiera con la inteligencia y con el valor, con la pretensión de encontrar elementos artísticos en la lidia, para compartir con el público y transmitir una emoción sobrecogedora, es el fin último del oficio del toreo. El rito taurino tiene que ver fundamentalmente con la verdad". 

Luego, por periodista interpuesta, responde a Gascón: "La literatura y el arte nunca han sido neutros, siempre han sido los altavoces del conocimiento, la emoción, y el alma del tiempo que le ha tocado vivir. Los toros interpelan siempre a los espíritus creativos. El rito taurino no se construye sobre el dolor y sufrimiento de un animal, sino sobre el encuentro desigual entre el hombre y la fiera y las emociones y elementos artísticos que pueden derivarse del mismo".

Al otro lado de la barrera

Volvemos a la casilla de salida. ¿Cuál es el peso de la fiesta de los toros en la cultura española? "En la cultura española la tauromaquia no es un peso, es un lastre", sentencia Ruth Toledano, escritora, periodista y activista cultural. "Principalmente, un lastre moral, que conlleva un enorme y anacrónico daño social: el lobby taurino —con el apoyo político, sobre todo, del PP, que la ha declarado Patrimonio Cultural, lo que supone legitimidad y dinero— trata de impregnar a niños y jóvenes con unos falsos valores. Se trata de un descarado proceso de mistificación, pues la realidad taurina es justo la contraria de la que sus defensores quieren vender: donde dicen nobleza y heroicidad no es hay más que miseria humana y violencia contra los animales". Está también, continúa, el lastre económico, porque "también importa saber a qué se destina el dinero público, sobre todo en estos tiempos: la tauromaquia sobrevive gracias a subvenciones de todo tipo y a la opacidad de sus cuentas".

Pero ése es un debate que escapa al objetivo de este artículo. Aquí se trata de debatir sobre si su influencia en la literatura justifica, al menos en parte, la pervivencia de los toros, un argumento que Toledano desdeña. "¿Tan analfabetos somos, o tan ciegos morales, que no sabemos distinguir entre un duelo de espadachines en un capítulo de una novela de espadachines y atravesar una espada real en un cuerpo real, seccionando sus médula, desgarrando sus pulmones? ¿Qué locura cultural es esta? Por esa regla de tres, comamos a nuestros hijos a bocados, como Saturno, que para eso tenemos un imponente cuadro de Goya que lo representa. Sus Tauromaquias mostraron el horror de los ruedos, como sus Desastres mostraron el horror de la guerra. ¿Defendemos la guerra?".

El siglo XXI

Toca terminar. Tras leer sus argumentos, me pregunto si en el futuro literatura y tauromaquia seguirán unidas, incluso si el destino de una dependerá de la otra.

"En un mundo global como el nuestro los lazos de unión de cualquier hecho o fenómeno artístico con la cultura de un país son cada vez más endebles —responde Trujillo—. Eso no es óbice para que exista una relación real y estrecha entre toros y cultura, que no siendo en estos momentos mayoritaria, sí que es fructífera e intensa. Desde este mundo tan extraordinario se sigue seduciendo a muchos artistas, que no entenderían su obra sin la emoción que le procura la verdad del rito taurino".

En las antípodas, Ruth Toledano. "Las razones taurinas basadas en la presencia de la tauromaquia en ciertos libros y obras de arte me resulta de una puerilidad inconcebible. Según ese razonamiento, cobrarían legitimidad toda clase de horrendos crímenes, las guerras más cruentas, los peores delitos. Todo ello ha nutrido la literatura y el arte desde que el principio de la Historia. No distinguir entre realidad y representación es propio de un pensamiento psicótico o interesado en defender lo indefendible".

En este punto me viene a la cabeza un libro, Diario íntimo (novela de la vida de un hombre), obra póstuma de Eugenio Noel, que Almuzara recuperó hace unos años.

Era Noel un regeneracionista militante, fiel seguidor de Joaquín Costa, que predicó ante quien quiso escucharle su convencimiento de que de que los males de España eran la incultura, la influencia del clero, los toros y el flamenco.

Como se encargaron de recordar las informaciones periodísticas que dieron noticia de la publicación, el comportamiento de Noel había sido objeto de interés para sus contemporáneos. "Nadie duda de que es un adversario acérrimo de los toros y el flamenquismo. Más la lectura de sus trabajos nos produce el efecto de una exaltación de lo que se trata de deprimir y condenar" dijo Azorín, allá por 1914, al tiempo que reconocía que "Noel sabe menudamente todo lo que se refiere a los toros" y que "nadie como él nos informa tan bien de las cosas y los lances del flamenquismo".

Tanta fama alcanzó con su cruzada (que le llevó a morir en la miseria) que Max Aub se sirvió de uno de sus personajes en La Calle de Valverde (1961) para lanzar esta predicción: "Acabaremos viviendo exclusivamente del turismo, disfrazados de españoles castizos. Nos pasa a todos como a Eugenio Noel, que escribe contra los toros porque le gustan".

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