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Música

Mark Lanegan: la intensidad era él

Mark Lanegan: la intensidad era él

Francisco Chacón

Venir del 'grunge' es algo que Mark Lanegan mira con perspectiva. Pero el ex líder de Screaming Trees, una de las bandas punteras en aquella escena de Seattle, ha evolucionado con creces desde que inició su carrera en solitario.

A thousand miles of midnight, su reinterpretación de Phantom Radio en clave electrónica, está llamado a ser uno de los álbumes del año. Y sus actuaciones de la semana pasada por España y Portugal (Barcelona, Bilbao, Madrid, Oporto, Lisboa), una de las giras más destacadas, según comprobamos el pasado sábado en la sala Armazem F de la capital lusa, junto a la desembocadura del Tajo y a las puertas del Océano Atlántico.

El puente 25 de Abril (de indudable parecido con el Golden Gate de San Francisco) como testigo de un concierto que arrancó en plan íntimo y fue ganando en intensidad hasta explotar en una galaxia psicodélica, con la electrónica sobrevolando la tarima.

Impresionados nos dejó Lanegan, capaz de reunir multitud de referencias en su estilo: de Neil Young a The Psychedelic Furs o Primal Scream, pasando por Iggy Pop y Patti Smith hasta llegar a los más densos Arcade Fire.

La velada, abierta por los Faye Dunaways y Duke Garwood, nos dibujó a este 'crooner' contemporáneo cual romántico del siglo XXI, entre el cielo y el infierno a lomos de las cabalgadas sónicas.

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Voz grave y cascada, como si Tom Waits se desatara en la oscuridad y Richard Butler volviese a la palestra. Emociones al límite. Subidas y bajadas de electricidad para conducirnos hacia el abismo sentimental, que así lo canta él en Sad lover: “Ahí fuera, nadando entre novocaína y carcajadas/ Las lágrimas como único regalo/ Rezo por el sueño de mi amante triste”.

Así se las gasta Mark Lanegan desde hace más de 30 años, bagaje a cuestas al lado de compañeros de lujo: Isobel Campbell, Bomb The Bass, Greg Dulli o Soulsavers.

Ahora los dos últimos le arropan en A thousand miles of midnight, además de Moby, UNKLE, Mark Stewart o Pye Corner. El resultado es un disco extraordinario que navega en las aguas híbridas del rock y la electrónica, con momentos tan impactantes como I am the wolf, Floor of the ocean o Dry iced.

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