El timo de la estampita con la reventa de entradas para conciertos que busca estafarte en las redes sociales
A grandes rasgos, el timo de la estampita es una estafa clásica que engaña a la víctima para que entregue dinero en efectivo a cambio de un fajo de papeles sin valor que simulan ser billetes. Lejos de desaparecer, el fraude ha evolucionado con los años para adaptarse y multiplicarse exponencialmente en estos alocados tiempos digitales, afectando a multitud de ámbitos. También (claro) al de la música en vivo, como comprobamos si adaptamos levemente la definición anterior: "El timo de la estampita es una estafa clásica que engaña a la víctima para que entregue dinero por transferencia o bizum a cambio de pantallazos sin valor que simulan ser entradas para conciertos".
Antaño los trileros tenían que dar con algún 'primo' al que jugársela por la calle, pero actualmente este tipo de trampas campan a sus anchas en esa jungla sin ley que son las redes sociales. Basta con poner "vendo entradas" en el buscador de, por ejemplo, Twitter, y al instante aparecen multitud de mensajes de cuentas ofreciendo boletos para los conciertos más deseados, esos que agotan los tickets al instante: Rosalía, Bad Bunny, Bruno Mars... El incauto que en su momento no consiguió comprar entradas en la venta general, ahora víctima del FOMO que se empeñan en meternos por los ojos, piensa que es más listo que los demás y que ha encontrado lo que todos desean pero nadie más sabe.
Huelga decir que estos conciertos de Rosalía, Bad Bunny o Bruno Mars despachan sus localidades a través de Ticketmaster —aunque en este caso la plataforma es lo de menos—, que ofrece la posibilidad de revender 'fan to fan'. Esto significa que quien tenga entradas y no pueda asistir, puede 'devolvérselas' a la ticketera para que cualquier otro pueda adquirirlas. Esta práctica es segura, está regulada por la compañía y señala con color rosa las entradas que un fan ha subido a la plataforma para su reventa. Por tanto, si a tanta gente le sobran tickets para estos grandes conciertos, la pregunta es la siguiente: ¿para qué publicitarse a través de las redes sociales para venderlas, con la inseguridad intrínseca que esa transacción lleva, pudiendo revenderlas con seguridad a través de la propia empresa que oficialmente se encarga de la venta? Ahora vamos con la trampa.
Porque Ticketmaster ofrece también otra posibilidad: transferir la entrada a otro usuario. Algo ideado para que podamos pasar nuestras localidades digitales a familiares, amigos o conocidos de manera gratuita (ya que para acceder a los recintos no vale con un pantallazo, sino que, por seguridad, hay que mostrar el código directamente desde la app de Ticketmaster en el móvil de cada asistente). Ese es el agujero que los estafadores aprovechan para publicitarse en redes sociales y decir al potencial comprador que las entradas se transfieren por Ticketmaster, previo pago por bizum o transferencia bancaria. Una vez pagadas, se comprometen a enviar esos tickets a través de la plataforma, con el pequeño problema de que en realidad las entradas nunca llegarán a transferirse porque, básicamente, no existen (esto, además, hace que la estafa pueda repetirse infinitas veces).
Terminando de rizar el rizo, se ofrecen boletos para los inminentes conciertos de Rosalía en Madrid y Barcelona, a pesar de que los que en su momento los consiguieron en la venta oficial, todavía no han recibido los códigos (es decir, entradas) que les permitirán entrar (los tendrán un par de días antes, algo que se hace, precisamente, para evitar fraudes). Los estafadores están vendiendo la nada, en definitiva. "Desde Ticketmaster recomendamos a los fans que no compren entradas en plataformas no oficiales ni en redes sociales a personas desconocidas. Es muy probable que sean actividades fraudulentas. Estas entradas no son seguras ni fiables y suelen darse a precios desorbitados con el único fin de lucrarse", recalca a infoLibre la CEO de Ticketmaster España, Ana Valdovinos.
Y todavía continúa: "Eventos con altísima demanda como Bad Bunny o Rosalía agotaron en tiempo récord. En estos casos, detectamos anuncios de venta fraudulenta desde el minuto uno. Por eso, siempre recordamos a los fans que no se dejen llevar por estos reclamos. Principalmente, porque todavía hay mucha gente que busca en internet 'entradas para x artista' y se mete en la primera página que aparece en el buscador, sin saber que es una web de reventa donde se encontrarán precios desorbitados y potenciales fraudes. Por eso, es tan importante recordar a los fans que no confíen en plataformas de venta no oficiales, ni en reclamos en redes sociales, para prevenir estas estafas".
Una prueba empírica
Para comprobar el funcionamiento de este tipo de engaños, hemos hecho una prueba empírica en la redacción de infoLibre respondiendo al azar a varios de estos anuncios de "vendo entradas" en Twitter. Lo primero que llama la atención es la rápida respuesta de todos los perfiles, muy seguramente de bots, y la aparente amplia disponibilidad de entradas. "¿Cuántas necesitas?", nos responde uno de ellos. "¿Necesitas pista o grada?", añade. Menuda bicoca, puede pensar el incauto de turno, pero claro, es que quien vende humo y solo busca nuestro dinero va a decir cualquier cosa para engatusarnos.
Le lanzamos un interrogante muy concreto a continuación: "¿Y por qué no usas el servicio 'fan to fan' de Ticketmaster para venderlas? Me lo pregunto porque, con la demanda que hay, las venderías rápido. Y, además, es lo más seguro para ambas partes". La respuesta va al grano: "Prefiero transferir las entradas a tu cuenta de Ticketmaster y que me pagues con bizum". Huelga hacer otra aclaración esencial: usando la opción 'fan to fan', el revendedor recibe su dinero una vez celebrado el concierto. Pero claro, teniendo en cuenta que en realidad no tiene nada que revender, lo que quiere es que soltemos nuestros euros cuanto antes y si te he visto no me acuerdo.
"No puedo esperar hasta después del concierto para recibir el dinero porque lo necesito", nos dice otro supuesto vendedor. Otro responde exactamente en la misma línea, cometiendo además un divertidísimo pero fatal error de traducción —¿no falla nunca la IA, decís?— ante la misma pregunta sobre la posibilidad de vender 'fan to fan': "No se puede vender a través de ventilador a ventilador (que también significa 'fan' en inglés) debido al retraso en el pago. No recibiré mi dinero hasta después del concierto mientras transfiero las entradas inmediatamente. Perderé la custodia de mis boletos ahora mientras espero hasta junio para obtener mi dinero. No me interesa".
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No se molestan por nuestras preguntas, al contrario, son muy pacientes, lo cual ya también es un indicador en estos tiempos que tanto corren de que hay gato encerrado. Les pedimos una prueba de compra, un algo que nos anime a pagar con ciertas garantías, y como respuesta obtenemos en dos conversaciones diferentes dos vídeos calcados que nos muestran pantallazos nada fiables de una copia de la app de Ticketmaster en los que se supone que vemos las entradas que nos van a transferir. Las casuísticas son diversas, pero todas ellas en absoluto confiables, incluyendo incluso el envío de fotos de las supuestas vendedoras mostrando su DNI. Para terminar de rizar el rizo, una de las supuestas vendedoras nos indica que realicemos una transferencia bancaria a una cuenta de Italia, mientras otra nos lleva incluso hasta un banco de Lituania.
Esta situación ha provocado incluso la aparición de cuentas de Twitter que se dedican a denunciar y aglutinar a otras que se dedican a estafar a la gente. Es el caso de Estafadores de entradas, que nos cuenta así su experiencia personal: "Busqué por Twitter unas entradas y di con una cuenta que se llamaba @pau88007. Esta chica me dijo que le hablara por WhatsApp y me dijo que me vendía dos por 40 y le di mi correo para que me las pasara. Me dijo que había tenido problemas a la hora de que le hiciera antes un bizum, así que ella me lo solicitaría. Le acepté la solicitud de bizum y me dijo que su amigo no me las quería vender porque le quedaban tres y una se le quedaba coja, que si le hacía otro bizum de 20 euros más me las daba. Al hacerle el segundo pago, me dijo que me las iba a pasar ya por correo, pero nunca llegaron y la persona dejó de responder. Contacté con otra persona a la que había estafado la misma persona y ya había una denuncia abierta, así que me pasó el número para hacer una denuncia ampliada".
No queda otra, en definitiva, que pelearse en interminables colas virtuales con otras miles de personas por las entradas oficiales de esos conciertos a los que parece que todo el mundo quiere ir. Y, si no se consiguen, pasar el tirón del FOMO como buenamente cada uno pueda, sin dejarse llevar por impulsos que muy probablemente tengan fatales consecuencias. Ya tampoco vale de nada, por cierto, aquello que hacíamos antaño de quedar con algún desconocido para que te diera la entrada en mano, pues en tiempos digitales cualquiera puede simular que es lo que no es y que tiene lo que no tiene. Hay que extremar las cautelas para no terminar haciendo, tristemente, el 'primo'.