Ensayo

Naomi Klein: “Me gustaría que Podemos conectase crisis económica y climática”

La periodista y escritora canadiense Naomi Klein.

Asegura en su cuenta de Twitter que dicen de ella que es polarizante. Que lleva el pensamiento a sus extremos. Y parece, por su historial, que quienes la califican así algo de razón llevan: en su currículo de periodista y escritora ya figuran dos enormes títulos que han dado lugar a las más diversas reacciones, de airadas a escandalizadas; de incrédulas a devotas. Si con No logo (2000) quiso sacar a la palestra el poder de las marcas y con La doctrina del shock (2007) puso de vuelta y media las teorías económicas del libre mercado, ahora llega con una nueva tesis sociopolítica; y clama: Esto lo cambia todo. Con el subtítulo de El capitalismo contra el clima, el nuevo libro de la canadiense Naomi Klein, publicado en España por Paidós, plantea un concienzudo estudio de cerca de 600 páginas en las que desbroza una, en el fondo, muy simple conclusión: que el calentamiento global nos lleva camino del abismo, y el capitalismo no hace sino allanar el sendero de esa destrucción.

De mirada penetrante y fija, que a ratos deja ver sin el reflejo de las gafas; con una postura inquieta, claramente atenta a todo lo que se mueve a su alrededor, Klein recibe a un grupo de periodistas en un hotel del centro de Madrid. En la capital presentó el libro este miércoles en el Círculo de Bellas Artes, y hará lo propio en Barcelona este viernes 27 a las 19.00 en el CCCB. Con un vaso de lo que parece gazpacho en la mano, que apura con una pajita, explica que en el libro trata cuestiones como la falta de un liderazgo claro en lo que se refiere a la lucha contra el cambio climático. “Pero no se trata tanto de encontrar individuos que nos lleven a la tierra prometida, sino de construir instituciones y estructuras que generen el cambio”. Los partidos políticos tienen que poner de su parte, argumenta, pero subraya con doble línea la importancia de la sociedad civil en esta batalla, quizá definitiva para la vida tal y como la conocemos.

“Sabemos que si seguimos la tendencia actual de dejar que las emisiones crezcan año tras año, el cambio climático lo transformará todo en nuestro mundo", escribe Klein en el libro, del que señala que su marido se encuentra realizando un documental, como también afloraron sendos y muy populares filmes homónimos de sus títulos más conocidos. "Grandes ciudades terminarán muy probablemente ahogadas bajo el agua, culturas antiguas serán tragadas por el mar y existe una probabilidad muy alta de que nuestros hijos e hijas pasen gran parte de sus vidas huyendo y tratando de recuperarse de violentos temporales y de sequías extremas. Y no tenemos que mover un dedo para que ese futuro se haga realidad. Basta con que no cambiemos nada y, simplemente, sigamos haciendo lo que hacemos ahora, confiados en que alguien dará con el remedio tecnológico que nos saque del atolladero, dedicados a cuidar de nuestro jardines, o lamentándonos de que estamos demasiado ocupados con nuestros propios asuntos para abordar el problema”.

La cuestión, arguye la investigadora, abanderada de los movimientos antiglobalización internacionales, es que “las bases para conformar un movimiento climático que sea capaz de un cambio ya están levantadas”. Ahí está la labor de activistas como Bill McKibben, fundador de 350.org, de asociaciones internacionales como Vía campesina, que agrupa a pequeños agricultores de todo el mundo, o incluso del diario británico The Guardian, empeñado en difundir el mensaje de la necesidad de reducir el consumo de combustibles fósiles. Ese mismo periódico –como se encargó de informar la propia aludida- publicaba ayer miércoles un vídeo de Klein titulado Demos la patada al petróleo ahora que los precios son bajos. La afirmación, por “contradictoria” que parezca, tiene su aclaración: “Cuando el precio es bajo puedes introducir un impuesto del carbono. Además, actualmente las empresas petroleras están necesitadas de ayuda y piden ser rescatadas, ya que perforar resulta muy caro. Así que es un gran momento para decir: si tenemos que subvencionar la energía, ¿por qué no nos deshacemos de esa parte que está desestabilizando la Tierra?”.

El momento de pasar a la acción es, efectivamente, ahora. Porque de aquí al 2100, podríamos habitar un mundo más cálido en 4 ºC o incluso más. Y “no sabemos a ciencia cierta cómo sería ese mundo”, escribe Klein, “pero incluso en el mejor de los casos imaginables, se trataría de un escenario calamitoso”. Un panorama desolador en el que se elevaría el nivel de los océanos, sumergiendo enormes porciones de tierra, en el que las olas de calor matarían a personas y arrasarían cosechas, y en el que se producirían incidentes extremos como huracanes, sequías, incendios, extinciones y enfermedades. Suena apocalíptico, y Klein asegura que muy probablemente lo sea. La buena nueva es que aún, aunque no por mucho más, estamos a tiempo de enmendar la situación, al menos de contenerla y de reconducirla. "Una de las cosas que me da esperanza", apunta, "es que veo que hasta la Iglesia está cambiando: el discurso del Papa ya no habla de dominación, sino que genera un cuestionamiento de la dominación de la Tierra por parte del hombre". 

El gran enemigo a batir, más allá de la desidia o la desunión, no es otro que nuestro propio sistema económico, el capitalismo, “que sigue un imperativo de crecimiento, pero no distingue entre tipos de crecimiento”, sea este positivo o negativo. El plan para acabar con él es -en apariencia- sencillo: "Tenemos que pasar de un sistema que tenga el crecimiento como objetivo a otro que ponga en el centro el bienestar y la seguridad". Porque además, como añade en su ensayo, “no faltan indicios que nos induzcan a pensar que el cambio climático” –como ha ocurrido con la crisis económica- “será aprovechado una vez más para transferir más recursos si cabe al 1% de privilegiados”. De hecho, asegura, “las fases iniciales de ese proceso son ya visibles. Bosques comunales de todo el mundo están siendo convertidos en reservas y viveros forestales para que sus propietarios puedan recaudar lo que se conoce como créditos de carbono, un lucrativo tejemaneje (…). Hay también un mercado en auge de futuros climáticos que permite que empresas y bancos apuesten su dinero a los cambios en las condiciones meteorológicas como si los desastres letales fuesen un juego en una mesa de crap en Las Vegas”.

Podemos... con el cambio climático

Antes de que su sonriente y rubio bebé irrumpa en la sala –lo traen en una sillita porque quiere decir adiós a mamá-, la periodista responde a una pregunta con una sonrisa aviesa acompañada de un “creo que lo que quieres es que hable de Podemos, ¿verdad?”. No lo hace, así que al rato retomamos el tema: ¿Qué opina de su escaso o nulo compromiso público con el medio ambiente? “En España”, contesta, “desde que empezó la crisis se ha mantenido la idea de que la lucha contra el cambio climático es un lujo que nos podemos permitir, y eso es algo que comparten todos los partidos. Yo sé que sí que hay gente en Podemos que trabaja sobre esta cuestión, pero es cierto que a nivel del liderazgo no establecen una conexión entre crisis económica y climática, que es algo que a mí me gustaría ver. Un partido como este, de raíces populares, que defiende los derechos de la comunidad, tiene más posibilidades de llegar ahí, y pienso que según se acerque la cumbre climática de París, el próximo diciembre, será más difícil ignorar este tema”.

Casi recién aterrizada de Fráncfort, donde hace unos días impartió una charla ante los activistas de Blockupy que se manifestaban frente a (y contra) la nueva y ostentosa sede del BCE, Klein no habla en cualquier caso de romper de cuajo con el capitalismo, sino de “transición”, una en la que “los mercados son y deberían ser una parte integrante. De hecho, hay empresas que son parte de la solución, y están implementando innovaciones, pero esto no significa dejar la solución únicamente en sus manos: se trata de usar los incentivos adecuados”. Aunque antes, habrá que concienciarse de que nos encontramos en un punto de inflexión, un momento decisivo, algo que la propia autora reconoce que le costó lo suyo. Pero no será la primera vez en la historia. “La esclavitud no fue una crisis para las élites británicas y norteamericanas hasta que el abolicionismo hizo que lo fuera. La discriminación racial no fue una crisis hasta que el movimiento de defensa de los derechos civiles hizo que lo fuera. La discriminación por sexo no fue una crisis hasta que el feminismo hizo que lo fuera. El apartheid no fue una crisis hasta que el movimiento antiapartheid hizo que lo fuera”.

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