Un año de cine

Las películas que nos enseñaron a mirar el mundo en 2016

Imagen del documental 'Fuocoammare'.

El cine es, en muchas ocasiones, un bálsamo para las aristas del día a día. En otras, es, al igual que la poesía, un túnel hacia los misterios del amor, de la conciencia, de una mañana en el parque. Y, en algunos casos, es una ventana abierta al mundo, a lo que ocurre ahora, hoy, más allá de nuestras propias vidas. Estas son algunas de las películas que mejor han sabido hablarnos de las heridas abiertas de la humanidad, pasadas o presentes, a través de la gran pantalla. 

Fuego en el mar (Fuocoammare)

Berlín no tenía más remedio que estremecerse ante este relato de la migración en ese trágicamente famoso pueblecito italiano llamado Lampedusa. La ganadora del Oso de Oro da vida a unas cifras –más de 20.000 personas han muerto en sus aguas desde 1990— que, de tan repetidas, apenas consiguen apelar ya a los habitantes de este lado del mar. El cineasta Gianfranco Rosso, que se hizo también con cuatro David di Donatello, los Goya del cine italiano, contrapone la apacible y familiar vida de los 5.500 habitantes de la isla con el drama punzante de los que quieren llegar a ella. La placidez de la mamma que cocina, de los niños que juegan, del doctor que revisa la vista, del locutor de radio que hace sonar la vieja canción siciliana que da título al filme se ven quebradas por la llamada de auxilio que advierte del naufragio de 150 personas. “Cine urgente, imaginativo y necesario”, en palabras del jurado de la Berlinale, presidido por la actriz Meryl Streep. Lee aquí la crónica de la película en la Berlinale.

El hijo de Saúl (Saul fia)

El largometraje de László Nemes inauguró el año cinematográfico en España (se estrenó en 2015 en Estados Unidos), pero no lo hemos olvidado. El Oscar y el Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa y el Gran Premio del Jurado en Cannes deberían bastar para orientar sobre su calidad. Estamos en 1944 y Saul, húngaro y judío, ha sido enviado a Auschwitz. Allí formará parte de los Sonderkommando, los equipos encargados de mantener y limpiar las cámaras de gas y hacer desaparecer los cadáveres en los grandes hornos crematorios. La película no solo se atreve a abordar un tema aparentemente agotado por el cine, sino que da nuevas respuestas al problema de la representación. Si el horror de los campos es inimaginable, si se escapa a toda imagen posible, Nemes apuesta por mostrarlo sin mostrarlo. El espectador mira, durante los 107 minutos de cinta, desde la nuca de Saul, apenas entreviendo su dolor y el infierno al que intenta sobrevivir sin perder la dignidad. El relato del mal, la violencia y el sufrimiento que traza el cineasta renueva la mirada sobre aquella larga caída moral del ser humano, y el compromiso histórico con que aquello jamás vuelva a ocurrir. Lee aquí el análisis de la película

Spotlight

Su estreno en 2015 en Estados Unidos hizo posible su carrera por los Oscar, aunque a España llegó, como la anterior, en enero. Hace ya casi un año de la llegada a salas de este filme basado en la investigación que The Boston Globe hizo de varios casos de pederastia en la Iglesia, ocultados y permitidos por su cúpula. La película de Thomas McCarthy no insistía solo sobre la responsabilidad de la sociedad sobre los abusos a menores (“Si se necesita un pueblo entero para criar un niño, también se necesita un pueblo entero para abusar de él”, recordaba uno de los personajes), icono aquí y siempre de la opresión de los débiles por los poderosos. También es una oda al periodismo de hormiga, el realizado por profesionales anónimos con un sentido de la ética y la responsabilidad que no debería ser excepcional y con una lucidez envidiable para ver lo importante entre lo accesorio. Los trabajos de Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams y Liev Schreiber, entre otros, daban solidez a una historia cuya única inverosimilitud residía en que, en plenos recortes, el nuevo jefe decide apoyar un periodismo sin prisas y sin servidumbres. Lee aquí el análisis de la película

Mustang

Cuando esta coproducción francoturca se hizo con el Goya a la mejor película europea –fue también nominada al Oscar y al Globo de Oro—, el público aún no sabía a qué venía el entusiasmo de los académicos. En marzo descubrirían la variación contemporánea de La casa de Bernarda AlbaLa casa de Bernarda Alba que había puesto en pie la cineasta Deniz Gamze Ergüven. El verano transcurre como de costumbre para cinco hermanas adolescentes en un pueblo del norte de Turquía. Pero una chiquillada –jugar con un grupo de chicos con intenciones que solo los adultos pueden ver perversas— las obliga a atravesar el umbral de la madurez. Cada una afrontará de manera distinta la imposición familiar del matrimonio, que les hará cambiar la escuela por la cocina y la libertad del verano por el encierro en una casa que debe fortificarse para ahogar la valentía de las jóvenes. Una historia de resistencia íntima que revela los dolorosos mecanismos del patriarcado

Yo, Daniel Blake (I, Daniel Blake)

Daniel Blake, creado por el cineasta Ken Loach, bien podría haber sido un personaje kafkiano, como aquel campesino que pedía inútilmente al guardián que le franquease el paso en el relato "Ante la ley". Pero Daniel Blake es un carpintero inglés de 59 años al que el médico le ha prohibido trabajar después de sufrir un infarto. Cuando se dirige a la administración para solicitar su pensión, le informan de que debe seguir buscando empleo si no quiere enfrentarse a una multa y a la pérdida de la prestación. Cuando conoce a Rachel, que debe vivir a cientos de kilómetros de su ciudad para evitar que le quiten la custodia de sus hijos, deciden unirse para luchar contra algo que es mucho más que un error administrativo. El autor de El proceso sabía que la burocracia es una forma suave pero efectiva de perpetuación del poder, una idea que refrendan las leyes inhumanas impuestas por los Gobiernos del autericidio. Daniel Blake también tendrá que descubrirlo. El largometraje ganó la Palma de Oro en la última edición del Festival de Cannes. Lee aquí la crónica de la presentación del filme

El hombre de las mil caras

Estaba claro que la historia de Francisco Paesa, el agente que anduvo en las sombras de la lucha contra ETA y en los GAL, era digna de una película de espías. Lo que supo ver el director Alberto Rodríguez es que su implicación en el caso Roldan —se cree que ayudó al ex director general de la Guardia Civil a evadir 1.500 millones de pesetas para luego robárselos— no era solo un thriller, sino también una comedia negra. El largometraje protagonizado por Eduard Fernández muestra las bambalinas del poder para confirmar lo que los ciudadanos han aprendido en los últimos años: que los ladrones de guante blanco están lejos de la elegancia de Arsenio Lupin, y que sus modos y sus tretas se asemejan más a las de un Lazarillo de Tormes sin excusas y con más gomina de la cuenta. El filme es el segundo más nominado, tras Un monstruo viene a verme, en los próximos premios Goya. Lee aquí la crónica de la presentación del filme en San Sebastián.

Y además...

La puerta abierta

, el filme de Marina Seresesky injustamente ignorado en las nominaciones de los premios Goya pese a los brillantes trabajos de Carmen Machi y Terele Pávez, da voz a las mujeres que ejercen la prostitución, olvidadas entre las olvidadas. Para ellas, apresadas entre el juicio biempensante, la persecución del Estado y la mezquindad de algunos clientes, la crisis es permanente. La película francopalestina Bar bahar pone a prueba los prejuicios blancos dejando claro que no hay tantas diferencias entre la lucha feminista de Occidente y de Oriente, y mostrando que hay más cuestiones merecedoras de atención en Palestina que el conflicto con Israel. Política, manual de instrucciones es un documental concebido para sobrevivir a los ajetreados tiempos políticos. Fernando León de Aranoa se cuela en las filas de Podemos para analizar uno de los fenómenos políticos más relevantes de la democracia española.  

 

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