Fotografía

Roger Ballen: pájaros en la cabeza

Take off, 2012.

Para Roger Ballen (Nueva York, 1950) la fotografía es antónimo absoluto de documental. Si en la primera etapa de su carrera esa fue la vocación, a partir de los años noventa, dos décadas después de sus inicios, las tornas se voltearon por completo. Por eso utiliza sistemáticamente el blanco y negro, para alejarse de la cualidad mimética del color. Se trata, como él mismo dice, de una forma de arte “que permite interpretar y transformar de una manera abstracta lo que podría llamarse la realidad”. Nacido en EEUU, pero residente desde hace más de cuatro décadas en Sudáfrica, eso es lo que lleva haciendo todo este tiempo: pensar en lo que le rodea y plasmarlo con su cámara. Y todo, para pensarse a sí mismo.

Sus exploraciones por lo más recóndito de su mente dan a luz imágenes sórdidas y fascinantes en las que a lo capturado se superponen dibujos u otras transgresiones de la imagen fotográfica. Los contrastes que pueblan Sudáfrica –país de blancos y negros, en todas sus acepciones-, que él capturó con voluntad de reportaje en un principio, pero sobre todo, las contradicciones que ponen su cabeza en movimiento, quedan reflejadas en sus instantáneas, siempre oscuras e inquietantes, claramente alusivas de un estado psicológico alucinatorio plagado de “símbolos arquetípicos de los niveles más profundos del subconsciente”.

Obsesionado también con los animales, que conviven codo con codo con los humanos en su imaginario, muchas veces hibridados, el fotógrafo expone en La fábrica de Madrid su serie Asylum of the birds (Sanatorio de los pájaros, hasta el 29 de marzo), que para él representa “un mundo agobiante y complejo, en el límite entre sueños y realidad”. Las imágenes han sido tomadas en un edificio que existe verdaderamente en Johannesburgo, un lugar peligroso donde los pájaros comparten el día a día con personas aisladas de la sociedad.

Como el cuerpo es la cárcel de la mente, el utiliza las costillas de un esqueleto como jaula. Como la cara es el reflejo del alma, solo esta, despojada de tronco y extremidades, representa casi siempre la personalidad humana. Como las aves –él retrata especialmente las muy alegóricas palomas- “unen los cielos con la tierra”, son ellas las que guían su viaje onírico.“Fotografiar aves es un reto, porque se mueven todo el tiempo; no confían en los humanos y no se puede saber lo que pasa por sus mentes; no se les puede dar instrucciones ni se puede esperar que estén interesadas en ser fotografiadas”, explica el artista en el vídeo dirigido por Ben Grossman que ha realizado sobre esta serie fotográfica, que también cuenta con su propio libro, del mismo nombre.

Con otra publicación, Outland (2001), Ballen ganó -entre los varios reconocimientos que atesora- el Premio Libro del año de PhotoEspaña, certamen que organiza la misma La fábrica donde pueden verse sus obras. Si este proyecto se ha llevado seis años de su vida, aquel otro abarcó dos décadas, y en él compendia sus trabajos sobre Sudáfrica, muchos concentrados en los blancos que viven en zonas rurales, personas en los márgenes de las que intenta aprehender su naturaleza más profunda. Hijo de una fotógrafa de la agencia Magnum, Ballen se asentó en Johannesburgo después de dar la vuelta al mundo cámara en mano, ávido de horizontes más allá de su EEUU natal. Allí ha ejercido como geólogo a excepción de la última década, que ha consagrado exclusivamente a la fotografía.

Si él quedó fascinado por Sudáfrica, dos sudafricanos, los componentes del grupo de rap-rave Die Antwoord, exponentes del movimiento contracultural  zef, quedaron igualmente fascinados con él. Tanto caló la obra del artista en los músicos Ninja y Yolandi Visser que, antes de sacar su primer álbum, se deshicieron del material que habían compuesto y comenzaron de nuevo para dar forma a un sonido inspirado en la excentricidad visual del fotógrafo. Andaban en su busca, y por fin encontraron la respuesta (Die Antwoord en afrikáans).

En aquel primer disco, $O$, contaron con Ballen para realizar la portada. Para el segundo, Ten$ion, le convencieron de que dirigiera el vídeo de su single I fink u freeky, uno de sus temas más conocidos, lo que dio lugar a una colaboración de la que también ha salido un libro y varias exposiciones. En esa canción, Yolandi Visser repite: Creo que eres raro, y me gustas mucho. La misma sensación que explicó que le producía el propio Ballen y que, quizá, resulte la mejor definición y el mayor cumplido para este artista inclasificable.

*Crédito de la fotografía interior: 'Caged', 2011 © Roger Ballen.

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