Cultura

Pero si yo soy el hombre más feminista del mundo

El escritor Iván Repila.

"Yo soy el hombre más feminista del mundo". Así, con esa frase que es casi un lema y a la que sigue invariablemente un pero, inicia Iván Repila (Bilbao, 1978) su última novela. Por supuesto que el libro editado por Seix Barral lleva por título El aliado. Y si esa figura, la del tipo moderno que está a favor de la igualdad, claro que sí, y que se podría definir como "el hombre más feminista del mundo" sin un atisbo de ironía, estaba ya maltrecha, Repila le da aquí la puntilla. Porque el protagonista es el colmo de los aliados: un tipo que se ha acercado a la igualdad de género hace tres minutos y que, con la vehemencia del converso, decide cargar sobre sus hombros la tarea de salvar al feminismo y llevarlo hasta la victoria. ¿Cómo? Cometiendo una enorme variedad de actos machistas. 

"En un momento dado empiezan a darme vueltas muchos temas por los que me pregunto y que quiero analizar", dice el autor de El niño que robó el caballo de Atila y Prólogo para una guerra, durante la visita promocional a Madrid de rigor. "Sobre mí mismo, sobre mi machismo, mi pereza, sobre lo poco que me he preocupado por esto, lo poco que he leído sobre feminismo, lo mucho que he consentido el machismo, en mí mismo y a mi alrededor…". Y aparece el aliado, el personaje que funciona como un alter ego macabro del autor y que pretende ser un espejo para todos los hombres que se consideran feministas y que creen no albergar ni un ápice de machismo en sus corazones. "Muchos hombres de mi entorno me dicen que [con el libro] se sienten interpelados. Claro, si te has sentido interpelado con esto, tenemos un problema y habrá que empezar a trabajarlo".

 

No es casual que el lector —masculino— que se acerque a El aliado sienta un hormigueo de reconocimiento. Es una trampa. La novela empieza leyéndose como una sátira del hombre que se piensa igualitario y se acerca al feminismo para ligar. La cosa pierde cierta chispa cuando se ve cómo el protagonista le lee la cartilla a su madre y convierte a su novia en su asistente personal en asuntos feministas. Pero según avanza la trama, y Repila pone en escena a un comando que bien podrían ser incels célibes involuntarioscomo el autor del atentado de Toronto que mató a 10 personas en abril—, la mueca socarrona se tuerce definitivamente. "Eso está muy ligado con el proceso que vivimos los hombres cuando nos acercamos al feminismo", explica. "Empezamos de forma muy ligera y haciendo chistes sobre feminazis, que es una cosa habitual, y cuando te vas poniendo delante del espejo y haces autocrítica, vas dejando de reírte". El cariz que toma la segunda mitad de El aliado no se lee entre carcajadas, sino apretando los dientes. 

En parte porque, como en el caso de la matanza en Canadá, la novela parece un reflejo deforme de las noticias. No solo por el tono de las conversaciones que mantiene el protagonista con sus machotes amigos —"La realidad es peor de lo que te puedas imaginar", asegura Repila—. El autor observa que los improperios que sueltan algunos de los personajes contra las militantes feministas no quedan muy lejos de los que reciben activistas como Cristina Fallarás o Irantzu Varela, que han llegado a ser amenazadas de muerte. Las campañas de acoso contra ciertas mujeres —o contra la víctima de la Manada— parecen un primer estadio de las que aparecen en el libro, terminado, por otra parte, antes de que empezara 2018. "¿Por qué lo imaginé? Yo no soy un visionario. Creo que en nuestro alrededor notábamos que pasaban cosas, que había mucha mierda que iba a salir".

El aliado se va transformando poco a poco en ciencia ficción, un universo futuro o paralelo —¿utópico?, ¿distópico?— en el que la lucha feminista ha tomado otros derroteros. La guinda del pastel la pone la escritora Aixa de la Cruz, que añade al relato un falso epílogo fechado en 2046. El texto, escrito en un también falso lenguaje académico, añade una capa más a la narración propuesta por Repila, porque la convierte en una especie de manuscrito encontrado, en un testimonio sobre un acontecimiento histórico real. Puesto que, según el decálogo recogido en el libro, "un buen feminista no colabora con actividades que invisibilicen a la mujer", Repila nombra varias veces a De la Cruz en su entrevista. Además de ser la autora de libros como La línea del frente o Modelos animales, es su pareja y la primera lectora de su texto. "Recuerdo estar en la cocina de casa con una botella de vino, y contarle a Aixa la idea del libro", relata él. "Ella iba poniendo una cara de mala hostia… 'Pero qué estás haciendo, Iván, es el mansplaining finalmansplaining '. Precisamente".

Porque la novela está habitada, conscientemente, por las contradicciones que atormentan a su protagonista: "Yo estoy escribiendo un libro sobre hombres machistas usando el feminismo como motor, y no dejo de ser un hombre yo mismo". De la Cruz lo hace aún más patente titulando su epílogo "Apropiación indebida: una introducción a la polémica" y poniendo nombre al anónimo protagonista: I. R. R. Pues bien, ¿cuál es el lugar del hombre en el movimiento feminista? "La cuestión se resuelve parcialmente en el libro, pero a nivel personal sí me ha servido para tenerlo más claro. Yo soy un hombre blanco, cis, heterosexual, de clase media, occidental, con estudios universitarios, y el mundo se ha hecho por hombres como yo para hombres como yo. Yo no me puedo poner en tu lugar, ni antes, ni ahora ni nunca. A partir de ahí, la duda: ¿puede un hombre ser feminista?".

Iván Repila viaja a Marte con Ray Bradbury

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Repila hace una ligera trampa y cambia su propia pregunta: ¿puede un hombre trabajar por el feminismo? "Después del proceso de escritura, del feedback y de los cambios en mi vida, pienso que tengo trabajo que hacer en el feminismo, pero en el ámbito de los hombres. Yo no voy a ir a decirle a ninguna mujer, sea más o menos feminista, ni lo que es el feminismo ni lo que tiene que hacer, que decir o que pensar. Lo mío es trabajar con los hombres, empezando por mí mismo". ¿Con eso se siente cómodo? "Con eso me siento válido. Porque conozco muy bien el machismo y a los tíos machistas, yo soy uno de ellos. Con el machismo mainstream puedo ser útil, porque lo conozco bien". Hay un riesgo, claro, que no todo el mundo quiere asumir: el riesgo a que te expulsen de la tribu: "En cuanto te alías con el feminismo, pues eres gay, eres un calzonazos, te tienen dominado… Eso es un clásico. Y los hombres siempre hemos tenido mucho miedo, porque somos así de pusilánimes, a que nos consideren menos hombres que a los otros hombres".

Bueno, pero entonces, ¿no tiene Repila una idea clara sobre si el feminismo debe abrazar o no la violencia, otro de los grandes temas el libro? ¿No quiere iluminar el camino, como hace su personaje? La novela, apunta, "no tiene una respuesta" más allá de que "estamos hasta el coño". "Yo no sé si la violencia es el camino. Muchas conquistas sociales se han logrado por la vía de las barricadas, las calles cortadas, las huelgas generales, los países paralizados, y esto es una cosa que se podría hacer. Como poder, se podría: la huelga del 8 de marzo fue impresionante". Pero se retira de inmediato: "Igual no, igual estoy súper equivocado, igual eso provoca una reacción por el lado contrario, como estamos viendo. No lo sé". "Un buen feminista", recoge el decálogo, "no le dice a una mujer lo que tiene que hacer". 

 

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