La violencia política se ceba con las mujeres para aleccionarlas en las redes, las calles y los parlamentos

"Su único mérito es haberse estudiado en profundidad a Pablo Iglesias". Las palabras las pronunció una diputada de la extrema derecha hace ahora cuatro años, en la sede de la soberanía popular. Las dirigió contra la entonces ministra de Igualdad, Irene Montero. En el diario de sesiones quedaba recogida una de las mayores expresiones de violencia política desenfundada hasta el momento en las instituciones. Casi un lustro después, los ataques machistas contra mujeres que ocupan puestos de relevancia, lejos de extinguirse, se han avivado.

A Rita Maestre, portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid, comenzaron a acosarla hace meses grupos de hombres desconocidos que se aproximaban a su domicilio a cualquier hora del día, también de madrugada, demandando servicios sexuales. La primera denuncia derivó en una investigación policial que empezó a dar con las respuestas: alguien había filtrado en internet la dirección de la política, acompañándola del ofrecimiento de servicios sexuales.

La comunicadora Sarah Santaolalla denunció esta semana al agitador ultra Vito Quiles, tras haber cruzado todas las líneas rojas y haberla agredido físicamente en plena vía pública. A ese último episodio lo habían precedido otros tantos de violencia verbal, acoso y ataques constantes en redes sociales.

Hay muchos más ejemplos. A la escritora feminista Cristina Fallarás la situó la extrema derecha en el foco directo de su rabia, orquestando una campaña de odio perfectamente trazada en su contra, con el único fin de anular su militancia feminista y expulsarla del espacio público. También la periodista Silvia Intxaurrondo ha sido frecuentemente señalada por una ultraderecha que no duda en parapetarse tras las redes: "Carne de presidio o cuneta", asentían sobre ella usuarios ultras. Y la monologuista Pamela Palenciano ha sufrido constantes ataques antifeministas, a través de querellas, acoso y amenazas. "Ojalá te degollaran en la calle como la puta cerda que eres", llegó a tener que soportar.

Aleccionar a las mujeres

"No se trata de agresividad en el debate público: es violencia política contra las mujeres". Lo dice claro Cristina Hernández, directora del Instituto de las Mujeres. Su objetivo, añade a preguntas de este diario, no es sólo desacreditar una idea, sino "mandar un mensaje disciplinante a todas las mujeres". 

El fenómeno no es nuevo. Lo sabe bien Rita Maestre: "Se llama misoginia", subraya. La raíz es evidente y tiene que ver con la reacción de la extrema derecha y los sectores conservadores ante "las conquistas feministas y del movimiento LGTBI de los últimos años". 

Al otro lado del teléfono asiente la ahora eurodiputada Irene Montero: "La violencia política contra las mujeres feministas siempre ha sido una estrategia de los sectores de poder y del patriarcado para frenar los avances feministas". La exministra recuerda que fue en América Latina donde las mujeres pusieron el foco en esta forma de violencia concreta, después de los crímenes sistémicos contra activistas y líderes políticas. 

La violencia política contra las mujeres feministas siempre ha sido una estrategia de los sectores de poder y del patriarcado

La primera ley específica para prevenir la violencia política es mérito de Bolivia. Tras el asesinato de la concejala y lideresa indígena Juana Quispe, el país aprueba en 2012 su propia legislación: "La presente ley tiene por objeto establecer mecanismos de prevención, atención, sanción contra actos individuales o colectivos de acoso y/o violencia política hacia las mujeres, para garantizar el ejercicio pleno de sus derechos políticos".

En el año 2018, el debate de la violencia política como un problema global contra las mujeres llega a Nueva York, de la mano de las Naciones Unidas. El organismo internacional crea un grupo de trabajo al que contribuyen decenas de expertos y cuyas conclusiones quedaron plasmadas en el informe Violencia contra las mujeres en política, donde se constata que la violencia política se ejerce contra diputadas, concejalas, candidatas electorales, defensoras de los derechos humanos y víctimas indirectas, como amigos y familiares. No es un fenómeno aislado ni exclusivo del territorio español, sino que se trata de una violencia global, sistemática y organizada.

"Esta violencia tiene como objeto expulsar a las mujeres de los espacios donde se toman decisiones, se construyen relatos, discurso y se ejerce poder", proclama Hernández. Sucede entonces que cuando una mujer "participa en política o en la conversación pública, demasiadas veces el ataque no se dirige a sus argumentos, sino a su legitimidad para estar ahí". Cuando eso ocurre, el daño no afecta individualmente a cada mujer, “impactando directamente en sus carreras profesionales, sino que es también democrático".

Esta violencia tiene como objeto expulsar a las mujeres de los espacios donde se toman decisiones, se construyen relatos, discurso y se ejerce poder

Porque el mensaje es múltiple: las mujeres aprenden a "no querer exponerse", los hombres interiorizan que "pueden tratar así a las mujeres en su trabajo o familia" y la sociedad en general observa "cómo se trata a las feministas y a las malas mujeres", reflexiona Montero. Y de esta manera, nos situamos frente a una "violencia constante para expulsar a las mujeres, porque esa es la única forma de dejar de ser feminista: volver al silencio".

La alianza de las redes

Hoy más que nunca la violencia política se ha encontrado con una alianza clave: las redes sociales. El 80% de las mujeres jóvenes ha sufrido acoso en redes, en suelo español, mientras que en torno al 70% de las mujeres en todo el mundo ha experimentado alguna forma de violencia en línea. El 73% de las mujeres periodistas y el 58,2% de las europarlamentarias han sido víctima de esta forma de violencia, citando un 46,9% amenazas de muerte o violencia sexual, según el informe Violencia digital contra las mujeres.

 "Cuando se extiende el uso de lo digital, ellos también se trasladan", introduce Montero. La violencia en el ámbito online tiene una serie de particularidades que la convierten en mucho más cruenta, descarnada y persistente. "Es un tipo de violencia de la que no puedes escapar en ningún momento, ni en ningún lugar, por tanto es mucho más totalizante: tú eres objeto constante de esa violencia día y noche, no hay ningún refugio que te permita escapar, pero además es pública, todo el mundo puede verla", dibuja la eurodiputada. Así, se convierte a su vez en una violencia ejemplarizante.

Hay una infraestructura al servicio de esta estrategia: son multimillonarios quienes están al frente de las empresas tecnológicas que deciden amplificar los discursos fascistas

"Está claro que esto no es fruto de la polarización ni sucede en todas las direcciones de la misma forma. La izquierda no tiene grupos de Telegram para coordinarse con el fin de acosar sistemáticamente a determinadas personas", se apresura en aclarar Maestre, quien pone el foco en la capacidad de la ultraderecha de generar redes internacionales cargadas de poder. "Estamos hablando de que hay toda una infraestructura al servicio de esta estrategia política: son grandes multimillonarios que tienen mucho poder quienes están al frente de las empresas tecnológicas que están decidiendo amplificar y promover los discursos fascistas y proteger a quienes utilizan estas estrategias violentas". 

En el campo de batalla online, herramientas como el meme, el chiste o la ridiculización constante "se presentan muchas veces como humor inocente, pero en realidad funcionan como mecanismos muy eficaces de humillación pública", disecciona la directora del Instituto de las Mujeres. "Convertir a una mujer en un objeto de burla viral es una forma rápida de desautorizarla sin tener que discutir sus ideas", así que ridiculizar a las mujeres sigue siendo "más fácil y más rentable que debatir con ellas".

Más legitimados que nunca

Si bien existen voces que se revuelven ante el odio misógino, con el paso de los años ha cosechado el respaldo de una parte sustancial de la sociedad, pero también de los representantes políticos y las élites globales que no dudan en aplaudir esta violencia.

Qué es la violencia política contra las mujeres y por qué ha arraigado en el debate público

Ver más

Por eso, expone Hernández, el problema no tiene que ver únicamente con la agitación en las redes sociales, sino que estamos ante una cuestión política. "Las sociedades democráticas tienen que decidir si aceptan que el espacio público funcione como una tierra de nadie o si, por el contrario, defienden que la libertad y la igualdad deben ser efectivas también para las mujeres que participan en él". 

Para Maestre, la deriva de los últimos años ha dado pie a la normalización de la violencia. "De un tiempo a esta parte parece que nos hemos acostumbrado a la idea de que si te expones públicamente, especialmente si eres mujer, de izquierdas o una persona migrante y te posicionas políticamente, es el precio a pagar". Existe ya una suerte de barra libre normalizada "con la complicidad de muchos y la pasividad de otros", un escenario que queda reforzado porque "la mayoría de las veces no hay consecuencias" para los perpetradores.

En medio de la barbarie misógina, el avance reaccionario y el rearme machista, ¿está el feminismo en condiciones de contener esta violencia? "La forma de contenerla es continuar avanzando en derechos", sostiene Montero. En realidad, afina, no hay que perder de vista que la respuesta antifeminista es "una reacción a un movimiento nuestro: las que estamos avanzando somos nosotras, lo que hay que hacer es no detenernos".

"Su único mérito es haberse estudiado en profundidad a Pablo Iglesias". Las palabras las pronunció una diputada de la extrema derecha hace ahora cuatro años, en la sede de la soberanía popular. Las dirigió contra la entonces ministra de Igualdad, Irene Montero. En el diario de sesiones quedaba recogida una de las mayores expresiones de violencia política desenfundada hasta el momento en las instituciones. Casi un lustro después, los ataques machistas contra mujeres que ocupan puestos de relevancia, lejos de extinguirse, se han avivado.

Más sobre este tema