Brexit

El 'Brexit' complica aún más las negociaciones sobre el TTIP

Miles de personas protestan en Hannover (Alemania) contra el TTIP

La decisión de Reino Unido de abandonar la UE preocupa a ambos lados del Atlántico. No sólo son alarmantes las consecuencias económicas y políticas que la salida pueda tener sobre la economía comunitaria –el archipiélago británico era contribuyente neto al presupuesto– o el proyecto común europeo, sobre todo teniendo en cuenta las diferentes voces que se han alzado pidiendo procesos similares en países como Francia, Holanda, Italia o Dinamarca. El conocido como Brexit también pone en jaque otras negociaciones que esperaban ser cerradas antes de que acabase el año. En concreto el conocido como Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés), que la Administración Obama esperaba ratificar antes de que el demócrata abandonase la Casa Blanca.

El presidente estadounidense pretendía convertirlo en su último éxito en materia exterior. Pero el aumento de la presión de organizaciones no gubernamentales contra el acuerdo, unido al incremento del rechazo en algunos países de la UE –ha pasado del 25% en 2014 al 32% en el último Eurobarómetro– provocó que la última fase de negociaciones, que se abrió el pasado 22 de febrero y se escenificó con la visita de Obama a Alemania, se afrontase con más escepticismo. "Si conseguimos hacerlo creará millones de empleos y de dólares y generará beneficios a ambos lados del Atlántico", apuntó Obama durante un viaje oficial a Londres, recordando la dificultad porque "cada país tiene sus propios intereses y facciones".

La negociación, que se enturbió después de que Greenpeace lograse filtrar documentos de las conversaciones a ambos lados del Atlántico, se complica ahora todavía más con la salida de Reino Unido del club comunitario, teniendo en cuenta que el archipiélago británico ha sido uno de los Estados que más ha respaldado el tratado bilateral. Así, cinco días después de que los británicos decidiesen su futuro en las urnas, la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, viajó a a Washington para reunirse con el representante de Comercio Exterior de EEUU, Michael Froman, e impulsar el proyecto. Antes de subirse al avión, dejó clara la posición de la Comisión Europea a través de un comunicado: "En esta situación sin precedente, quisiera subrayar que estamos unidos en nuestra respuesta con respecto a la política comercial de la Unión Europea (UE)".

"El Brexit ha planteado preguntas, pero no habrá cambios en nuestras ambiciones comerciales", dijo la comisaria sueca a su vuelta, y recalcó que están "en posición de llegar a un acuerdo y presentar un texto este verano". Una postura que comparten en EEUU. El responsable de Comercio Exterior estadounidense señaló, tras conocerse el resultado del referéndum, que "la importancia del comerció y la inversión" es indiscutible en su relaciones con Reino Unido y el Viejo Continente, añadiendo que "las razones económicas y estratégicas siguen siendo fuertes". Sin embargo, reconoció que todavía tienen que analizar "el impacto" que el leave puede tener en las conversaciones sobre el TTIP.

Adiós al principal apoyo en Europa

Federico Steinberg, investigador principal de Economía y Comercio Internacional del Real Instituto Elcano, tiene claro que la victoria de la salida en la consulta tendrá consecuencias, tanto internas como externas, en las futuras negociaciones. Por un lado, "la UE se verá obligada a dedicar mucha atención diplomática y negociadora al tema del Brexit, restando prioridad a las negociaciones sobre el TTIP". Unas conversaciones que, desde su punto de vista, sufrirán la decisión británica de abandonar el club: "Reino Unido es, junto con España, el país que más interesado se ha mostrado por un tratado ambicioso y que se firme rápidamente", desliza en conversación telefónica con infoLibre. En nuestro país, donde el respaldo según el último Eurobarómetro alcanza el 63%, el Ministerio de Economía también teme que la salida influya de algún modo.

Tom Kucharz, portavoz de Ecologistas en Acción y miembro de la campaña contra el TTIP, considera que la salida del archipiélago británico es una pérdida importante de cara a la negociación. "Junto con España y los Estados del Este, como Hungría o Polonia, son los países más neoliberales en un bloque abiertamente neoliberal y autoritario", apunta. Una opinión que comparte Ignacio Molina, profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid: "El apoyo político a una versión del tratado más liberal y ambiciosa se pierde", asevera. Sin embargo, aunque los dos consideran que el acuerdo entre ambos lados del Atlántico "sale tocado", ninguno cree que el resultado de la consulta condene definitivamente al TTIP: "No diría que es la muerte. Es demasiado precipitado", afirma Kucharz.

En el Parlamento, tanto el Grupo de la Izquierda Unitaria Europea (GUE-NGL) como el de Los Verdes/ALE siempre se han mostrado en contra del acuerdo con Estados Unidos. Tres de sus eurodiputados españoles comparten el mismo análisis sobre las consecuencias del leave para el futuro del tratado bilateral. "Es un elemento que frena el proceso y que añade incertidumbre por dos motivos. En primer lugar porque Reino Unido siempre ha defendido los intereses norteamericanos en la negociación y, por lo tanto, ahora esa influencia se ve mermada. En segundo lugar, porque los americanos están negociando ahora mismo un acuerdo que no incluiría al archipiélago británico", afirma Ernest Urtasun, europarlamentario de Los Verdes por ICV.

"El gran eje atlántico queda roto"

Lola Sánchez, de GUE-NGL por Podemos, señala en conversación con este diario desde Estrasburgo que "una de las partes de la negociación ya no es igual que antes". "El gran eje atlántico, en el sentido geopolítico del acuerdo, queda completamente roto y habrá que ver si EEUU sigue priorizando la firma ahora que hay 64 millones de consumidores menos", apunta Marina Albiol, compañera de grupo por IU. Unos británicos con los que Estados Unidos tiene, según explica la eurodiputada, "una vinculación más estrecha" que con el Viejo Continente. En concreto, según datos de United Nations Comtrade relativos al año 2015, el gigante americano fue el principal destino de las exportaciones británicas –el 14,9% del total– y el tercer proveedor del archipiélago –9,2% de las importaciones–.

Albiol desliza que ahora "podríamos estar más cerca" de un cambio en la correlación de fuerzas ya que "hay gobiernos europeos que se muestran cada vez más escépticos" en relación a un Tratado de Libre Comercio "enormemente cuestionado por la sociedad". Una opinión que comparten Urtasun y Kucharz. Frente a España, Reino Unido, Alemania y los países del Este de Europa, que buscan acercarse de una forma u otra a Estados Unidos, Francia escenifica una firme oposición al acuerdo bilateral. Así, a comienzos del mes de mayo, el presidente galo, François Hollande, dejó clara su posición: "En el estado que conocemos de las negociaciones comerciales internacionales, Francia dice no", aseveró el mandatario, añadiendo que no aceptarán un "librecambio sin reglas".

Incertidumbre sobre la mesa de negociaciones

Desde que se conoció el resultado del referéndum, el club de los ahora Veintisiete se mantiene a la espera de que Reino Unido dé el próximo paso, aunque las presiones para que lo haga lo antes posible no cesan. Piden que no se demore y que active cuanto antes el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea para dar inicio a su salida de la UE. Los eurodiputados consultados por este diario afirman que esta situación de stand by añade todavía más "incertidumbre" al proceso de negociaciones. "No sabemos qué va a pasar con los negociadores, porque muchos de ellos son británicos", señala Sánchez, que añade que estos funcionarios "no deberían tener ya la legitimidad de actuar en nombre de la Unión Europea".

"Hasta nueva orden, sigue siendo miembro", recuerda Steinberg. Una idea que también resalta el portavoz de Ecologistas en Acción: "El Ejecutivo británico formará parte del Consejo Europeo y estará informado del estado de las negociaciones, al menos hasta que se active el artículo 50". "Puede continuar participando en la toma de decisiones hasta el día en que el acuerdo de salida entre en vigor, dentro de dos o tres años, más o menos", agrega. Hace apenas una semana, el actual ministro de Justicia británico, Michael Gove, aseveró que el paso de la desconexión se dará "después de extensas conversaciones preliminares". Aunque no puso sobre la mesa un calendario, descartó la idea de que sea antes de finalizar el año.

Un 'exito' que se complica para Obama

A escasos cuatro meses de que se celebren las presidenciales en Estados Unidos, la Administración Obama quiere poner con el TTIP el broche final a una política exterior que se ha caracterizado por la normalización de las relaciones con Irán y Cuba después de décadas de congelación. Sin embargo, las diferencias sustanciales entre EEUU y la UE en diferentes aspectos de la negociación, que quedaron al descubierto con la filtración de Greenpeace, así como el aumento de la presión de movimientos sociales contra el acuerdo bilateral y ahora el Brexit llevan a pensar que el mandatario no verá el tratado cerrado antes de abandonar la Casa Blanca. "Definitivamente, no logrará dejarlo atado", apostilla Kucharz.

Una opinión que comparten los eurodiputados españoles. "Es imposible completamente", apunta Sánchez. "Lo veo muy difícil. Ocurriría si la Comisión Europea empezara a ceder a toda prisa en un montón de aspectos que todavía están muy encallados", añade Urtasun. Tal y como se desprendían de los 248 folios que el grupo ecologista logró hacer públicos en mayo, ambos bloques tienen importantes diferencias en aspectos como el tribunal de arbitraje, la contratación pública o el uso de determinados productos químicos en los cosméticos. Según muestran los papeles de Greenpeace, además, EEUU está tratando por todos los medios de influir en la legislación comunitaria para rebajar sus estándares de protección, más elevados que los norteamericanos en algunos aspectos. "Esto no se resuelve en tres o cuatro meses", añade la eurodiputada de Podemos.

"La presión ciudadana también ha hecho mella en las negociaciones. Todo el calendario se les ha desajustado", desliza el político de ICV. "Cada vez son más las plataformas y organizaciones que hacen una importantísima labor demostrando que, de aprobarse el TTIP, supeditaríamos la democracia a los intereses de las grandes multinacionales", agrega en este sentido Marina Albiol. Un incremento de la presión ciudadana que quedó patente durante la visita de Obama a Alemania. Decenas de miles de personas –25.000 según las autoridades y 90.000 según los organizadores– se manifestaron en Hannover contra el tratado de libre comercio un día antes de la llegada del presidente estadounidense.

Sin embargo, Steinberg cree que Estados Unidos continuará "con el piloto automático" haciendo como si no hubiera pasado nada, negociando con la Comisión Europea e intentando cerrar todos los flecos sueltos "lo antes posible". "No creo que esto termine sin un acuerdo, aunque sea más descafeinado que el pretendido", añade Molina. La Administración Obama no se olvida de que el tiempo se agota y de que una posible victoria del republicano Donald Trump tiraría por la borda el trabajo de los últimos tres años. El magnate ya ha dejado claro que el tratado es "una auténtica locura". Por eso, Estados Unidos tratará de acelerar al máximo unas negociaciones que se reanudan la próxima semana. De momento, Obama se reunirá este viernes con el presidente de la Comisión y del Consejo Europeo para analizar en persona el Brexit y las líneas rojas que embarran el acuerdo comercial.

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