Israel ha puesto el foco en el Cuerno de África al convertirse en el primer país miembro de Naciones Unidas en reconocer oficialmente a Somalilandia, un territorio que declaró su independencia de Somalia en 1991 pero que hasta ahora no contaba con reconocimiento internacional.
El gesto, más que diplomático, tiene una profunda lectura geoestratégica: implica intereses militares, marítimos y energéticos en una región marcada por la inestabilidad. Etiopía, ya en 2024, hizo un amago de reconocimiento, recuerda a infoLibre Mohamed Ishak, periodista somalí, cuando el país africano “buscaba una salida al mar” y la mejor vía era apoyar a los secesionistas somalíes.
Somalilandia ha mantenido una paz relativa, con instituciones estables y elecciones regulares, en contraste con el caos que se vive en el resto del país, como explicaba la periodista Mary Harper, de la BBC: "En Somalilandia hay mayor paz y estabilidad que en Somalia. Como periodista occidental, en Somalia no puedo moverme sin seis guardaespaldas fuertemente armados, mientras que en Somalilandia camino sola, incluso de noche"
Somalia es un Estado fallido inmerso en disputas entre el grupo terrorista, satélite de Al Qaeda desde 2012, Al Shabab y señores de la guerra, desde la caída del dictador Mohamed Siad Barre, lo que dejó al país sin gobierno efectivo y con frecuentes intentos por derrocar al Gobierno central somalí e instaurar un Estado islámico de corte wahabí (ultraconservador).
Pero el reconocimiento israelí, advierte el escritor camerunés Boniface Ofogo, “tiene graves consecuencias para toda la región”. Este seguidor de la política africana y de las estrategias geopolíticas, asegura que Israel ha jugado una carta de represalia diplomática en un continente donde casi todos los países apoyan a Palestina: “Está aplicando la ley del talión”.
Este escritor camerunés alerta de que su país y Eritrea “son dos excepciones que tienen su explicación en los vínculos que mantienen con mercenarios israelíes para fortalecer sus aparatos de seguridad y represión”. Cita el caso de Ambazonia, una zona anglófona de Camerún que en 2017 declaró la independencia y que Israel no reconoce, de la misma manera que el país africano no reconoce Palestina.
Geoestrategia
Los intereses estratégicos y económicos son muchos para Israel. Este nuevo reconocimiento podría desembocar en enormes tensiones porque “con 850 kilómetros de costa en el Golfo de Adén, tiene mucho poder”, asegura Ishak, “porque junto a Yibuti, Somalilandia controla el paso por el estrecho”.
Para este periodista somalí, el reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel “es como la entrada de un elefante en una cacharrería”, porque toda la región del Cuerno de África “ya estaba desestabilizada, primero por el secesionismo eritreo, que logró independizarse en 1993, y actualmente por el secesionismo Oromo y el de la minoría somalí”.
Roland Marchal, especialista en conflictos armados en África Oriental, aseguró a Mediapart que “el Gobierno israelí no tiene como objetivo el desarrollo de Somalilandia con proyectos agrícolas” y coincide con el historiador africanista Omer Freixa en que el objetivo de Israel es “facilitar los ataques contra los hutíes de Yemen” y Ofogo alerta de la posibilidad de que Netanyahu “establezca bases militares en la zona, lo que le permitiría tener más a tiro a los hutíes. Y quien dice Israel, dice Estados Unidos”, sentencia.
Si Somalilandia, después del reconocimiento, permite a Israel establecer una base militar, solo 350 kilómetros separarían al ejército israelí de sus enemigos yemeníes. El gesto de Israel es una provocación para los hutíes y, a corto o medio plazo, una amenaza grave, recuerdan tanto Ishak como Freixa.
“Es una zona regularmente sometida a las acciones de piratas y de los rebeldes de Yemen, apoyados por Irán y Turquía”, recuerda Ofogo citando otro factor importante, los terceros países, y uno en particular: “Etiopía tiene motivos para recelar” porque el país busca una salida al mar por la ciudad de Zeila en Somalia y bajo dominio somalilandés.
Todas las fuentes consultadas coinciden en que Tel Aviv busca facilitar operaciones contra los hutíes de Yemen, alineados con Irán. Esta posibilidad ha provocado la reacción del líder hutí Abdul-Malik al-Houthi, que ha amenazado con atacar cualquier presencia israelí en la zona al considerarla una agresión contra Somalia y Yemen. Al Shabab también ha prometido combatir cualquier intento de Israel de usar el territorio "para construir bases militares. No lo aceptaremos y lucharemos contra ello".
“Una posición israelí frente a Yemen solo añadiría complejidad a una guerra que, desde 2014, enfrenta a los hutíes y un gobierno fragmentado apoyado por Arabia Saudita”, recuerda Freixa.
Dentro de esa coalición, el Consejo de Transición del Sur (STC) —respaldado por los Emiratos Árabes Unidos— busca restaurar la independencia de Yemen del Sur. Y aquí emerge otro actor clave: Arabia Saudí. Controla un margen del mar Rojo y, según algunos medios internacionales, está trabajando como intermediario entre Israel y Hargeisa, la capital somalilandesa, para abrir una vía de cooperación militar en el mar Rojo.
Y Estados Unidos también tiene "algo que decir". Freixa asegura que el país que preside Donald Trump medita la opción de reconocer a Somalilandia y aliarse con Israel en la región “y más después de las palabras de menosprecio que (Trump) tuvo para Somalia y para la comunidad somalí residente en Estados Unidos”.
Para Israel, la declaración de reconocimiento “se inscribe en el espíritu de los Acuerdos de Abraham firmados por iniciativa del presidente Trump”, explicó la oficina de Netanyahu.
El presidente de Somalilandia, Abdirahman Mohamed Abdullahi, señaló tras este reconocimiento que "este es un momento histórico" que marca el inicio de una "alianza estratégica", y remarcó la disposición de la región a "adherirse a los Acuerdos de Abraham” de los que ya forman parte Israel, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Sudán y Marruecos.
Freixa alerta de la posibilidad de que Sudán del Sur y Etiopía sean los siguientes en reconocer al Gobierno escindido por “la relocalización de población gazatí, para la que se habían barajado varios puntos africanos”, y apunta que Somalilandia puede ser el lugar elegido para ese “desplazamiento forzoso”, aunque desde el Gobierno somalilandés descartan tal punto.
¿Y la Unión Africana? “Ni está ni se le espera”, dice Ofogo. “Esta organización es vista por muchos observadores críticos como un sindicato de jefes de estado, que solo intervienen cuando uno de ellos es amenazado por un golpe de estado”. Eso sí, han rechazado el reconocimiento de la región separatista somalí.
El presidente de la Comisión de la Unión Africana (UA), Mahmoud Ali Youssouf, aseguró que este reconocimiento “podría sentar un precedente peligroso con profundas implicaciones para la paz y la estabilidad en todo el continente” y ha desatado las quejas de Ofogo que asegura que “no existe una política exterior común, que permita adoptar una postura común frente a la amenaza exterior”.
Israel ha puesto el foco en el Cuerno de África al convertirse en el primer país miembro de Naciones Unidas en reconocer oficialmente a Somalilandia, un territorio que declaró su independencia de Somalia en 1991 pero que hasta ahora no contaba con reconocimiento internacional.