La Cumbre transatlántica de la extrema derecha y los movimientos ultras celebrada y permitida en el Parlamento Europeo no defraudó. Ante una audiencia de unas 200 personas, hubo proclamas en contra de las leyes y normas sobre la violencia de género, contra la normalización de los derechos de las minorías sexuales o en favor de las tesis sobre el gran reemplazo. Y con el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, insuflando ánimos a sus colegas latinoamericanos, europeos, estadounidenses o africanos al pedirles dar “la batalla cultural, política y moral”.
La ultraderecha confía en que su tiempo ha llegado en el asalto al poder a gran escala. Santiago Abascal puso como ejemplo que hace cinco años Javier Milei en Argentina o Giorgia Meloni en Italia tenían muy bajos porcentajes de apoyo o que Joe Biden gobernaba en Estados Unidos. “Pero la grieta en el muro es cada vez más grande, son millones de personas en Europa y en el mundo las que ya se informan por canales alternativos”, vaticinó el presidente de Vox.
Bajo la premisa de la defensa de la libertad de expresión, la VII Cumbre Transatlántica organizada por la Political Network for Values, con el patrocinio de la eurodiputada de Vox, Margarita de la Pisa, y el húngaro András Lászlo, del partido de Viktor Orbán, planteó una agenda completa de regresión a un pasado tradicional en sus costumbres, en favor de una sociedad religiosa y a la vez libertaria. Además, provocó un movimiento de reacción en los pasillos del Parlamento, con eurodiputados progresistas intentando sin éxito protestar en la sala contra los mensajes xenófobos y homófobos, que finalmente se tuvieron que conformar con organizar una concentración en las puertas de la institución.
Mientras fuera de la Eurocámara se pudo leer “Unidos contra el fascismo” o “Europa apoya la igualdad”, dentro de las conferencias se escucharon barbaridades como “Occidente está en peligro” por “el problema de inmigración grave que está sucediendo en Europa” o “la figura de la violencia política de género hoy está siendo utilizada para censurar opiniones críticas, eliminar publicaciones incómodas y castigar la disidencia e, incluso, promoviendo y justificando la violencia real de hombres autoproclamados mujeres en contra de mujeres reales”.
Censurados por rechazar la igualdad de género y las minorías sexuales
Fue Rodrigo Iván Cortés, mexicano y vicepresidente de la plataforma convocante, quien pronunció estas últimas palabras enfrentando a las personas trans con las mujeres y responsabilizándolas de casos de violencia de género al tiempo que eludía ese tipo de crímenes, clasificándolos como una mera figura penal creada con la finalidad de supuestamente reducir la libertad de expresión. En su país, según los datos oficiales, hubo en 2025 casi 6.000 mujeres asesinadas de las que sólo 721 se consideraron casos de feminicidio. Sin embargo, esta realidad no apareció en sus explicaciones.
Los ponentes ultras llegados a Bruselas desde diferentes partes del globo coincidieron en que existe un supuesto consenso en los medios de comunicación para censurar sus mensajes en defensa de una concepción tradicional de los géneros, las preferencias sexuales o la familia. “Hablar de hombre o mujer hoy se hace complicado, se llega a hablar de entes menstruantes”, aseguró entre aplausos Roland Portillo, miembro del Parlamento de Guatemala, siguiendo una senda por la que ya había discurrido el argentino Santiago Santurio, quien denunció que “un varón es un varón y una mujer es una mujer y esa verdad no se puede decir, la izquierda cambia la verdad”.
Una censura que también llega al mundo de la Academia y las universidades. Alvino-Mario Fantini, director del medio The European Conservative, habló de que “a ambos lados del Atlántico investigadores han sido silenciados y despedidos por hablar de cuestiones equivocadas y expresar opiniones equivocadas sobre la homosexualidad o la sodomía, por expresar visiones críticas sobre el género o por dudar que el lobby trans le hace algún bien a nuestros hijos”.
En Estados Unidos, según la también conservadora Fundación Heritage, se vive “una ingeniería lingüística” liderada también por la agenda de los medios de comunicación. Su vicepresidente, Jay Richards, denunció en la Eurocámara que esa supuesta estrategia empezó “muy intencionadamente entre 2012 y 2013 cuando la gran agencia AP implementó las reglas de los pronombres para usarlos según la identidad de género de las personas en vez del sexo biológico de los individuos”.
Recetas xenófobas para un mundo libertario
De ahí que el leitmotiv de las conferencias ultras de este año fuese la libertad de expresión versus el discurso regulado. Los conservadores dicen vivir censurados por culpa de la igualdad de género o en el reconocimiento de las minorías sexuales, una construcción que vendría de lejos, desde “1968, cuando las cosas a lo largo de Occidente empezaron realmente a cambiar, cuando la nueva izquierda tomó el control”, según el italiano Mario Fantini.
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Los zurdos, como dijo Santiago Santurio, conseguirían censurar también el gran reemplazo, así lo denomina la extrema derecha, de la población occidental en nuestras sociedades en favor de multiculturalismo racial. El diputado de Milei asumió las ideas de la influencer neerlandesa, Eva Vlaardingerbroek, la estrella que finalmente no acudió, y se atrevió a hablar “de un problema de inmigración grave que vive Europa”, de un “Occidente en peligro” porque “hay un plan para ir en contra de la natalidad, para que el ser humano se empiece a extinguir”. La del gran reemplazo fue una teoría que Santiago Abascal infirió como pretensión al Gobierno español, con “la regularización de medio millón de personas que están ilegalmente en nuestro país que hace una semana anunció el presidente del Gobierno. Quieren condenar a nuestros pueblos a la invasión migratoria”.
Y frente a este Estado o poderes públicos que en Occidente conspirarían contra sus sociedades, “Europa debe clamar un nombre por encima de todos, Jesús”, pidió Nicolás Ferreira, la agenda desreguladora que comparte este movimiento internacional y que desmenuzó este diputado brasileño. “Con la llamada regulación intentan controlar la libertad de expresión... donde sea que el Estado asuma el rol de árbitro de la verdad, el debate muere”. Menor peso de lo público en el espacio del debate, digital o de los medios tradicionales, y también hegemonía de lo privado en la esfera de lo público. “Creemos en la libertad de educación para que los padres no sean reemplazados por el Estado”, exigió José Antonio Kast.
“No basta con resistir, no basta con denunciar, no basta con conservar los espacios, tenemos que participar, tenemos que influir y ganar, como estamos haciendo en muchas naciones”, pidió a sus colegas el presidente electo de Chile. La Cumbre Transatlántica de este martes sólo fue una prueba más de la engrasada guerra cultural de la extrema derecha.
La Cumbre transatlántica de la extrema derecha y los movimientos ultras celebrada y permitida en el Parlamento Europeo no defraudó. Ante una audiencia de unas 200 personas, hubo proclamas en contra de las leyes y normas sobre la violencia de género, contra la normalización de los derechos de las minorías sexuales o en favor de las tesis sobre el gran reemplazo. Y con el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, insuflando ánimos a sus colegas latinoamericanos, europeos, estadounidenses o africanos al pedirles dar “la batalla cultural, política y moral”.