Europa se cuece mientras políticos franceses apuestan por el aire acondicionado (aunque no para todos)
En 2050, el mundo respira con tranquilidad. La temperatura ambiente no supera los 25 °C gracias a una gigantesca cúpula refrigerante construida por los magnates de la exploración minera en Marte. Han respondido al llamamiento de Elon Musk para crear un gigantesco sistema de aire acondicionado. En el firmamento, los extraterrestres sobrevuelan un antiguo planeta azul que se ha vuelto gris bajo su cielo artificial. “Ah, estos humanos, siempre con alguna nueva locura”.
¿Una locura? No más que la idea de que vamos a aliviar el sufrimiento causado por las olas de calor climatizando todo y en todas partes. “EL aire acondicionado es LA solución”, declaró el viernes 19 de junio el diputado de la Agrupación Nacional (RN) Franck Allisio. Ese mismo día, Marine Le Pen reafirmó ante los periodistas su voluntad de aplicar un “gran plan climático” si fuera elegida presidenta de la República. En los canales de noticias 24h, el tema del aire acondicionado se repitió hasta la saciedad durante todo el fin de semana.
Pero, ¿de qué estamos hablando? ¿Del derecho al frescor y a unas temperaturas que no pongan en peligro la salud física y mental? ¿De diversas técnicas para refrescar los espacios de vida y de trabajo? ¿O de la instalación, tan simple como perjudicial, de aparatos eléctricos para generar frío en casa?
Esta última opción no tiene nada de indigno en sí misma: nadie puede soportar durante mucho tiempo vivir en una vivienda donde la temperatura no baja de los 30 °C. Sería injusto reprochar a las personas que sufren tales condiciones que intenten evitarlas. Las viviendas de hormigón construidas masivamente en Francia desde el siglo XX son incompatibles con el confort mínimo de vida en una situación de calentamiento global, a menos que se renueven por completo, algo que los especialistas llevan décadas explicando, pero que los sucesivos gobiernos apenas han puesto en práctica.
Explosión del consumo eléctrico
Pero pretender resolver el problema de la adaptación a los trastornos climáticos generalizando el aire acondicionado individual es tan absurdo como peligroso. Se trata de un pensamiento mágico y de simplismo tecnológico.
En primer lugar, porque nunca será posible climatizarlo todo. ¿Y qué pasa con las calles, las vías férreas, los establos, los campos donde trabajan los agricultores, y las obras de construcción?
Los aparatos de aire acondicionado rudimentarios y baratos que se venden cada vez más en Francia enfrían las viviendas pero calientan el aire de las ciudades
Por otra parte, climatizar las viviendas con un alto consumo energético supone garantizar un aumento vertiginoso del consumo eléctrico de quienes viven en ellas y, por tanto, de su factura. Un regalo que parece bueno, pero que en realidad no lo es, para los hogares en situación de precariedad.
En la ciudad, las bombas de calor denominadas “reversibles” —porque también generan frío—, cuando son eficaces y están bien reguladas, pueden aliviar el sufrimiento que causan las temperaturas extremas en el interior de la vivienda, ya que son más eficaces que los aparatos que solo refrigeran. Se trata de aparatos costosos, que funcionan de manera óptima en edificios que no son “coladores energéticos”.
Resultado: los aparatos de aire acondicionado rudimentarios y baratos que se venden cada vez más en Francia enfrían las viviendas calentando el aire de las ciudades, lo que a su vez calienta las viviendas, que suben el aire acondicionado, lo que hace que la temperatura vuelva a subir. El círculo vicioso de la "maladaptación" funciona a pleno rendimiento. Y para quienes sufren las olas de calor actuales y futuras, es una triple pena: pasar demasiado calor en casa, fuera de ella y agotar su presupuesto en facturas de electricidad.
Dejar de construir con hormigón
Entonces, ¿a qué se debe tanta presión a favor de la climatización? Se trata de un atractivo mercado emergente en Francia para la industria. Es una aparente varita mágica para resolver de un plumazo un problema complejo.
Los especialistas en clima y transición energética hablan de “maladaptación” para describir las falsas soluciones a los trastornos climáticos: captura y almacenamiento de carbono, megabalsas, coches eléctricos como única vía para la descarbonización del transporte, etc.
El “todo por el clima” es un ejemplo típico de mala argumentación. Ocupa el lugar de un debate mucho más urgente, ya que es sistémico: la creación de un verdadero servicio público de enfriamiento, al igual que se necesitaría un verdadero servicio público de rehabilitación o de confort térmico.
Porque, para que todo el mundo tenga acceso al fresco, existen alternativas al aire acondicionado: las redes de aire fresco subterráneas en la ciudad, la vegetación, la eliminación del asfalto en los espacios que lo permitan —por ejemplo, los patios de los colegios—, la generalización de las contraventanas, la pintura reflectante en los tejados y la ventilación. Pero también la apertura gratuita de museos y salas de conciertos.
La mejor manera de refrescar a una población agobiada por el peso de la ola de calor es salvar y reforzar los servicios públicos
Regular la circulación de los coches para que circulen el menor número posible por la ciudad durante las olas de calor, teniendo en cuenta su efecto de calentamiento; dejar de construir con hormigón para no seguir encerrando a la gente en futuras viviendas que tienen el doble inconveniente de ser demasiado calurosas durante el día para sus ocupantes y de liberar por la noche aún más calor al aire (es el fenómeno de las islas de calor urbanas); reducir la jornada laboral y desplazar las actividades a los momentos del día en los que el sol no pega fuerte.
El aire acondicionado no es un enemigo demoníaco contra el que luchar. Con el aumento de las temperaturas, se volverá necesario para mantener habitables edificios diseñados para otro clima: colegios, administraciones, consultas médicas, residencias para personas vulnerables, salas de urgencias, transporte público.
¿Colegios, universidades, administraciones, hospitales, transporte público? Los lugares que más sufren ante las temperaturas extremas son los del servicio público. Allí donde se aplican las políticas puestas en marcha por la comunidad en nombre del interés general y del lema republicano “libertad, igualdad, fraternidad”, al que sin duda sería muy útil añadir el objetivo de la habitabilidad, tal y como proponen el jurista Laurent Neyret y el filósofo Baptiste Morizot.
Así pues, si las palabras tienen sentido —y la de “aire acondicionado” no tiene más que las demás—, la mejor manera de refrescar a un pueblo agobiado por el peso de la ola de calor es salvar y reforzar los servicios públicos, los lugares de protección, de atención, de solidaridad y de cuidado de la colectividad.
Y, de paso, se ven claramente los límites de las políticas del “todo eléctrico” y del “todo nuclear”. Por mucho que Francia sea el país más nuclearizado de Europa, también es aquel cuya capital es la más mortífera para la población en épocas de ola de calor.
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Al final de este razonamiento hay una buena noticia: es posible otro tipo de aire acondicionado, sin mentiras ni promesas vacías de la extrema derecha.
Caja negra
Este artículo se modificó el 23 de junio, hacia las 7:35, para corregir la descripción de las bombas de calor reversibles. Gracias a las lectoras y lectores por su atención.
Traducción de Miguel López