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Barcos de guerra franceses controlan las aguas del Sáhara Occidental

Dos patrullas OPV-64 à Dakhla en junio de 2019.

Rachida El Azzouzi | Yann Fhilippin | Antton Rouget (Mediapart)

Aliado inquebrantable del reino alauita, Francia es uno de los históricos proveedores de armas de las Fuerzas Armadas del Reino de Marruecos. Incluso si esto conlleva ayudarlos en su ocupación militar del Sáhara Occidental. Varios barcos y aviones de combate suministrados por Francia operan en este "territorio no autónomo en el que Marruecos no tiene soberanía reconocida", según la ONU.

Así lo demuestra el segundo episodio de nuestra investigación French Arms, proyecto promovido por el medio de comunicación holandés Lighthouse reports en cooperación con Disclose y el apoyo de Arte, Bellingcat, Radio France y Mediapart (ver la Caja Negra). El análisis de varios vídeos e imágenes satélite muestran tres Mirage F1 (fabricados por la empresa Dassault) aterrizando en varias ocasiones, en 2017, en las pistas del aeropuerto de El Aaiún, la capital del Sáhara Occidental.

Igualmente, tres buques construidos en los talleres de Piriou y vendidos a la marina nacional marroquí han sido localizados en 2018 y 2019 en Dakhla y El Aaiún, dos de los principales puertos saharauis de donde parten los barcos de pesca de sardinas, pulpos, calamares y sepia. La misión de las patrullas francesas consiste en vigilar el tráfico marino y controlar las zonas de pesca en beneficio de Marruecos.

Contactadas por Mediapart, las empresas concernidas no han respondido a nuestras preguntas concretas. En una respuesta global, el Consejo de Industrias de Defensa Francesas (Cidef), que representa a los profesionales del sector, recuerda que el material no se vende sin la "autorización previa dictada por una comisión interministerial bajo la autoridad del primer ministro".

 

El Gobierno, por su parte, indica que ejerce un "control de las exportaciones de materiales de guerra estricto, transparente y responsable", en especial a través de un "examen exhaustivo interdepartamental" anterior a la concesión de las autorizaciones.

Sin embargo, las condiciones de la utilización por parte del Ejército marroquí de los aviones de caza y buques franceses para controlar el frente marítimo del Sáhara Occidental planteal numerosas preguntas, dado que incluso el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (CJUE) ha cuestionado en varias ocasiones, la última en enero de 2018, la validez de los acuerdos comerciales entre la Unión Europea y Marruecos.

En su escrito, el tribunal europeo estimó que el Reino de Marruecos se apropiaba "unilateralmente" del territorio del Sáhara Occidental y de sus inmensos recursos naturales (entre ellos, los relacionados con la pesca). El desafío es importante: según los independentistas, más del 90% de la pesca marroquí se obtiene en aguas saharauis. Esta apropiación, beneficiosas para múltiples empresarios españoles o franceses, tiene lugar sin el consentimiento de la población local. "El pueblo saharaui no dispone libremente de sus recursos naturales, como aparece establecido en el derecho a la autodeterminación", subrayó el abogado general del CJUE Melchior Wathelet en enero de 2018.

¿El constructor naval Piriou y el Gobierno francés sabían que los buques suministrados a la marina marroquí serían utilizados para controlar las zonas de pesca saharauis? La cuestión no es solo moral, también es jurídica: el Tratado de Comercio de Armas (TCA), ratificado por Francia en 2014, prohíbe la transferencia de material que permitiría "ataques dirigidos contra civiles o bienes de carácter civil" o que "podría servir a cometerlos".

"Marruecos no tiene soberanía reconocida en los territorios saharauis", recordó en febrero de 2019 la ONG Human Right Watch (HRW), en la misma línea del Parlamento Europeo, sobre la base de la decisión del Tribunal de Justicia Europeo, al rechazar el acuerdo pesquero UE-Marruecos.

En su informe mundial 2019, HRW revela que "las autoridades marroquíes han impedido sistemáticamente las manifestaciones a favor de la autodeterminación, y han obstruido el trabajo de ciertas ONG locales de derechos humanos, especialmente bloqueando su registro legal". Las fuerzas de seguridad también han sido acusadas de "golpear a activistas y periodistas, en detención o en las calles".

A pesar de las protestas de militantes de los derechos humanos, el Parlamento Europeo adoptó, en febrero de 2019, un acuerdo de pesca UE-Marruecos incluyendo las aguas que bañan las costas del Sáhara Occidental. Una prueba más que demuestra que la UE, en la línea de la diplomacia francesa, hace oídos sordos al respeto de los derechos del pueblo saharaui que espera, desde el inicio de su ocupación en 1975, tras la descolonización española, ejercer su derecho a disponer de su propio territorio.

En 1991, las autoridades marroquíes y los independentistas de Polisario firmaron un acuerdo destinado a convocar un referéndum de autodeterminación. Pero la perspectiva de tal consulta se ha alejado de manera inexorable. A día de hoy, se estima que entre 100.000 y 200.000 refugiados saharauis viven en campamentos.

Marruecos, que teme el resultado del referéndum, rechaza cualquier solución que no sea la autonomía bajo su soberanía. De 1980 a 1987, erigió el Muro de Arenas, es decir, un muro de defensa que los saharauis califican como muro de la vergüenza, uno de los muros más largos (2.700 kilómetros) y más seguros del mundo, que va desde la frontera noreste argelina hasta el sur de Mauritania, protegido por militares y plagado de minas antipersonas.

Este bloqueo político, encarnado por una súper militarización de la región, es el resultado de las relaciones incestuosas entre Francia y Marruecos que participan en el bloqueo de una resolución que ponga fin a este interminable conflicto. Absceso que ha perjudicado durante décadas los lazos entre Marruecos y su hermano enemigo, Argelia, respaldo y proveedor de armas del Polisario en nombre del derecho de los pueblos a su autodeterminación.

"Argelia nos reprocha la ausencia de una posición neutra en el Sáhara. Es verdad. El problema, en Francia, es que no asumimos nuestra política exterior. Hay que decir que apoyamos un Sáhara marroquí por razones evidentes ligadas a intereses nacionales y de seguridad",selala a Mediapart un diplomático francés, conocedor del dossier, durante la inauguración del tren de alta velocidad Tánger-Casablanca, del eje París-Rabat, en noviembre de 2018.

Detrás de una pretendida neutralidad, Francia respalda entre bambalinas a Marruecos, independientemente de los cambios en el Elíseo y Matignon. Un vínculo mágico une, desde tiempos inmemoriales, a los presidentes franceses, de derechas e izquierdas, y a la monarquía marroquí, y Emmanuel Macron no ha renunciado a esta vieja tradición.

Forzado por la ONU a negociar directamente con los saharauis, Marruecos ha encontrado en Francia un fiel aliado. En noviembre de 2017, durante la visita de Saâdeddine El Othmani, jefe del Gobierno marroquí, a París, el primer ministro francés, Édouard Philippe, declaró que Francia "apoyaba el plan de autonomía [de Marruecos]que es serio y creíble".

Mientras el rey Mohammed VI sorprendió a los cancilleres al invitar al Gobierno argelino a un "diálogo franco y directo" durante su discurso dirigido a la nación el año pasado con motivo del aniversario de la anexión en 1975 del contestado territorio y de la gran Marcha Verde, cumbre de la propaganda nacionalista, de nuevo fue Francia quien aplaudió la iniciativa, si bien fue rechazada por Alger.

Francia apoya con firmeza a Marruecos en las negociaciones y en los pasillos de Naciones Unidas y en Bruselas, donde el lobby marroquí tiene mucho poder. lobbyTambién ha militado en primera línea en pro de la firma del acuerdo de pesca UE-Marruecos.

A esta gran victoria diplomática marroquí hay que añadir otra, imposible sin la diplomacia francesa: el apoyo incansable de los estadounidenses.

La designación en 2018 de John Bolton, exconsejero de seguridad nacional de Donald Trump, causó sudores fríos en Rabat. Quien fuera el brazo derecho de James Baker en el caso del Sáhara Occidental, cuando éste formó parte del personal enviado por la ONU entre 1997 y 2000, encargado de organizar un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental, era pro-Polisario.

Abogó por la aplicación de un referéndum por la fuerza. Marruecos vio aumentar la presión por parte de la ONU, donde se preparaba la reanudación de un diálogo, congelado durante seis años, entre los cuatro principales actores en el conflicto: Marruecos, el Frente Polisario, Argelia y Mauritania.

Finalmente, las negociaciones se reanudaron en diciembre de 2018. Lo que supone un éxito dado que Marruecos rechazaba formar parte de la mesa de negociaciones si Argelia no estaba presente, algo que Argel rechazaba tajante al considerar que el Sáhara es un asunto entre marroquíes y saharauis.

Todo bajo la batuta de Horst Köhler, expresidente alemán y después mediador de la ONU en la causa. El pasado mes de mayo, Köhler se vio obligado a dimitir por razones de salud. Si bien su partida ofrece un respiro a los marroquíes que se contentarían con el statu quo, el nombramiento de su sucesor, esta vez africano, y sensible al destino de los saharauis, causa inquietud.

Traducción: Irene Casado Sánchez

    Aquí puedes leer el texto original en francés:

Un álbum de la memoria saharaui

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