Un electorado fragmentado y la fuerte abstención, claves en el resultado de las municipales en Francia

Lénaïg Bredoux e Ilyes Ramdani (Mediapart)

La conclusión a la que llegaron las principales formaciones políticas la noche de la segunda vuelta de las elecciones municipales, el domingo 22 de marzo, es que ha sido una victoria para todos. A un año de las elecciones presidenciales, esta segunda vuelta se caracteriza sobre todo por una gran confusión, con muchos municipios que cambian de tendencia y un electorado que se contradice de una ciudad a otra.

En estas elecciones, las realidades locales prevalecen a veces sobre las lógicas nacionales y no todo puede interpretarse a la luz de los debates estratégicos nacionales.

Pero hay una lección que aprender que no cambia de unas elecciones a otras. En la segunda vuelta, la abstención alcanza un nivel récord para unas elecciones municipales. La participación se estima en un 57 % este año. Es cierto que es superior a la de 2020 (41,6 %), pero aquel fue un año excepcional debido a la epidemia de covid. Si lo comparamos con 2014, la caída es de 5 puntos.

La crisis democrática se agrava, por tanto, ante una indiferencia casi generalizada, y socava poco a poco la legitimidad de quienes son elegidos. El domingo por la noche, en el plató de Mediapart, el politólogo Youssef Souidi, coautor de Nouvelle cartographie électorale de la France (edit. Textuel, 2026), ponía como ejemplo Mulhouse (Alto Rin), ciudad ganada por un centrista al término de una contienda a cinco bandas, con 5.556 votos: “Esto representa el 24 % de los votos emitidos y solo el 10 % de los inscritos. La legitimidad para llevar a cabo políticas públicas es discutible.”

Resultaba entonces un tanto ridículo ver desfilar por los platós de televisión a los principales responsables de los partidos políticos para proclamar su victoria —y culpar a los demás— sin mencionar, o solo de forma superficial, esa deserción de votantes.

Los franceses y francesas que votaron optaron, en cualquier caso, por cambiar de alcalde en numerosas ciudades —”asistimos a una ola de rechazo”, según el coordinador nacional de La Francia Insumisa (LFI), Manuel Bompard—, cuyo principal beneficiario es sin duda la Agrupación Nacional (RN).

La RN: ciudades medianas y Niza

El partido de Jordan Bardella se hace con numerosas ciudades medianas: Draguignan (Var), Carcasona (Aude), Castres (Tarn), Agde (Hérault), La Flèche (Sarthe), Liévin (Pas-de-Calais), Vierzon (Cher)… También gana dos ciudades simbólicas: Carpentras (Vaucluse), marcada en 1990 por la profanación del cementerio judío de la ciudad, y Rivesaltes (Pirineos Orientales), donde el campo militar “representa la mancha indeleble de Vichy”, según la expresión del historiador Denis Peschanski.

La única formación que no logra hacerse con ninguna gran ciudad es la RN: ha perdido en Nimes (Gard) y en Tolón (Var). Pero su aliado de la Unión de la Derecha por la República (UDR) se hace con el quinto municipio de Francia con Éric Ciotti, que derrota a su enemigo íntimo Christian Estrosi en Niza (Alpes Marítimos).

La derecha, primera víctima del avance del voto de la RN, tanto en Niza como en otros lugares, no deja de considerarse reforzada por el resultado de la segunda vuelta. El partido Los Republicanos (LR) es el “primero de Francia”, volvió a alardear su presidente, Bruno Retailleau, el domingo por la noche. Sin embargo, la derecha tradicional pierde Nimes y Saint-Étienne (Loira), no logra conquistar París, Lyon (Ródano) y Marsella (Bocas del Ródano), pero se mantiene en las ciudades medianas y gana Brest (Finisterre) y Clermont-Ferrand (Puy-de-Dôme).

Del mismo modo, los macronistas son prácticamente inexistentes en el mapa político de Francia, pero están contentos. “Duplicamos nuestro número de representantes locales”, celebró Gabriel Attal, secretario general del partido Renacimiento, que cuenta con doscientos alcaldes en todo el país. Dos de ellos ofrecen al partido macronista escaparates que embellecen notablemente el resutado: Annecy (Alta Saboya) y Burdeos (Gironda), que pronto estarán dirigidas por los exministros Antoine Armand y Thomas Cazenave.

LFI y el PS inician la batalla de los discursos

En la izquierda, la autosatisfacción compite con una encarnizada batalla de discursos. Bastaba con escuchar, ya el domingo por la noche, las reacciones de los dirigentes de los distintos partidos de izquierda para comprender que la segunda vuelta de las elecciones municipales no ha zanjado en absoluto sus debates estratégicos. «La Francia Insumisa hace perder”, estimó Pierre Jouvet, portavoz del Partido Socialista (PS), mientras que Manuel Bompard, coordinador nacional del movimiento insumiso, celebró un “avance insumiso amplificado” en un momento en que “los partidos tradicionales están marcando el paso”.

En realidad, cada formación de izquierdas puede apoyarse en algunos municipios para reivindicar un éxito el domingo por la noche. Dos años después de unas elecciones legislativas de las que salieron revitalizados, los socialistas pueden respirar aliviados tras unas elecciones municipales que podrían haberlos debilitado: sus representantes seguirán dirigiendo París, Marsella, Lille (Norte), Nantes (Loira Atlántico), Rennes (Ille-et-Vilaine), Montpellier (Hérault), Ruan (Sena Marítimo) o incluso Le Mans (Sarthe).

El PS también puede presumir de algunas conquistas simbólicas. En Saint-Étienne, el exdiputado Régis Juanico da la vuelta a una ciudad marcada por el caso Perdriau, mientras que en Pau (Pirineos Atlánticos), Jérôme Marbot se impone al exprimer ministro François Bayrou. “Solo la izquierda puede evitar que Francia caiga en una regresión reaccionaria y ultraliberal”, dijo Olivier Faure, primer secretario del PS, haciendo un llamamiento a unirse con “aquellos que se niegan a ceder ante el ruido y la furia”.

Un paso quizá precipitado hacia las elecciones presidenciales, destinado a demostrar que la estrategia de distanciamiento del PS respecto a LFI es la correcta. François Hollande tampoco tardó en diagnosticar “el callejón sin salida” de la “línea de la unión por la unión”. En su opinión, al igual que en la de varios responsables socialistas, la derrota de las listas de unión encabezadas por miembros de La Francia Insumisa en Toulouse (Alto Garona) y Limoges (Alto Vienne) ponen de manifiesto el techo de cristal contra el que chocaría LFI en la segunda vuelta.

La aritmética de la izquierda no ha funcionado

La cuestión ocupará la mayor parte de las mentes de izquierdas en los próximos días: ¿qué nos dice este 22 de marzo sobre el comportamiento del electorado de izquierdas cuando se le propone una amplia unión de la izquierda? La conclusión no es menos apasionante: ¿genera la unión de los partidos de izquierda tradicional una movilización de tipo “barrera” del electorado de derecha y de extrema derecha?

En cualquier caso, esa es la hipótesis que se desprende al analizar los resultados de varias ciudades. Así, en Clermont-Ferrand, donde la izquierda pierde por primera vez desde la Liberación, la RN pierde 8 puntos entre la primera y la segunda vuelta. El mismo fenómeno se observa en Brest, donde el PS sale derrotado.

Al parecer, “la aritmética de la izquierda no ha funcionado”, explicó en Mediapart el politólogo Étienne Ollion, refiriéndose a un “frente de Los Republicanos contra las alianzas de la izquierda”. “En los años 80, cuando Dreux pasó a la derecha en una coalición con la extrema derecha, Jacques Chirac dijo: ‘es mejor eso que una ciudad codirigida por comunistas’. Quizás estemos asistiendo a un retorno del miedo al comunismo en el centro-derecha y en la derecha”.

La investigadora Safia Dahani, especialista en la RN, destaca también “la capacidad de la derecha para movilizar contra las listas de izquierdas que se fusionan. Especialmente entre los votantes de extrema derecha”.

Los dirigentes de LFI ya han intentado defender otra interpretación de los resultados: el problema no es la unión, explicaron, sino las circunstancias de la unión y el contexto de duras críticas por una parte de la izquierda que acompañó esas alianzas. “El trabajo de desprestigio llevado a cabo por el PS de François Hollande y Jérôme Guedj contra La Francia Insumisa ha sido perjudicial”, denunció en la TF1 Éric Coquerel, diputado insumiso de Seine-Saint-Denis. “Ha allanado el camino para la elección de alcaldes de derechas y de la extrema derecha”.

Para LFI, la noche no es tan radiante como la del 15 de marzo. La estrategia de alianzas impulsada por el movimiento de Jean-Luc Mélenchon no ha permitido por lo tanto ganar en Toulouse y Limoges, pero tampoco en Clermont-Ferrand, Brest y Tulle (Corrèze). En estas dos últimas, la ironía es aún mayor, ya que fueron dos personas cercanas a François Hollande quienes lideraron esas coaliciones.

Pero la realidad electoral no ha sido uniformemente desfavorable para LFI en la noche del 22 de marzo. Las estrategias de unión han dado sus frutos en algunos casos, como en Nantes, donde la alcaldesa saliente Johanna Roland, número dos del PS, conserva el cargo gracias a una amplia alianza de izquierdas. Las alianzas de las mayorías ecologistas salientes de Lyon, Grenoble (Isère) y Tours (Indre-et-Loire) también ganaron junto con LFI.

Además, el movimiento melenchonista puede saborear su indiscutible avance en los barrios populares. Una semana después de ganar en Saint-Denis (Sena-Saint-Denis), LFI gobernará Roubaix (Nord), La Courneuve (Seine-Saint-Denis), Creil (Oise), Vaulx-en-Velin y Vénissieux (Rhône), lo que avala la estrategia insumisa de afianzarse con fuerza en los barrios populares a un año de las presidenciales. “El año que viene, la nueva Francia podrá barrer a la macronía y sus políticas de desgracias”, comentó Manuel Bompard.

Los Ecologistas: Lyon no lo es todo

En 2020, fueron la sorpresa de las elecciones en la izquierda. Seis años después, Los Ecologistas no lo han perdido todo, pero sí han perdido mucho: Estrasburgo (Bajo Rin) ha vuelto a manos de los socialistas con la baronesa Catherine Trautmann; Annecy ha sido conquistada por el macronista Antoine Armand, al igual que Burdeos con Thomas Cazenave y Poitiers (Vienne), donde la titular ha sido derrotada por un centrista, Anthony Brottier. Besançon (Doubs), donde la ecologista Anne Vignot había ganado por un estrecho margen en 2020, se decanta hacia la derecha por primera vez en más de setenta año.

El movimiento liderado por Marine Tondelier tampoco logró conquistar Lorient (Morbihan), que sigue en manos de la derecha con el apoyo de los macronistas. Pero conserva tres grandes ciudades: Tours con Emmanuel Denis, Grenoble con Laurence Ruffin y, sobre todo, Lyon con Grégory Doucet.

En los tres casos se trataba de listas de unión, incluso en Lyon, donde el alcalde saliente se había fusionado con LFI entre las dos vueltas. Pero la fusión no funcionó en todas partes: en Estrasburgo, la alcaldesa saliente Jeanne Barseghian también había forjado una alianza con LFI, al igual que Léonore Moncond’huy en Poitiers.

Es difícil pues sacar conclusiones definitivas. Mientras tanto, Marine Tondelier arremetió contra sus dos principales socios de izquierdas, el PS y LFI. “La izquierda ha sido tóxica para sí misma en esta campaña”, señaló en la TF1 la líder de Los Ecologistas, refiriéndose a “unas declaraciones inaceptables” de Jean-Luc Mélenchon y a “los partidarios a la derecha de Olivier Faure [...] que querían hacer creer que nunca más podríamos trabajar juntos”.

“Las izquierdas irreconciliables llevan a la izquierda a su ruina y eso es lo que está ocurriendo esta noche en muchas ciudades”, prosigue Marine Tondelier. “Ciudades que debían cambiar de bando, como Limoges, no lo harán, y ciudades que eran imbatibles, como Tulle o Brest, se convierten esta noche en ciudades de derechas.”

Los comunistas se hacen con Nimes y salvan el honor

La ciudad comunista más grande de Francia ya no es Montreuil (Sena-Saint-Denis). El Partido Comunista Francés (PCF) ha obtenido una victoria simbólica en Nimes, en una contienda a tres bandas frente a la derecha saliente y a la RN. Para la formación dirigida por Fabien Roussel, que había sido elegido una semana antes en Saint-Amand-les-Eaux (Norte), la conquista de una ciudad de más de 100.000 habitantes frena el lento declive de una base municipal histórica.

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Más allá del ejemplo de Nimes, la campaña de 2026 ha traído consigo su cuota de malas noticias para el PCF: la pérdida de Vierzon frente a la extrema derecha es una de ellas, al igual que la de Vénissieux frente a La Francia Insumisa. Las reconquistas esperadas en Le Havre (Sena Marítimo) y en Arles (Bocas del Ródano) no han tenido lugar. En los alrededores de París, el PCF salva, sin embargo, Bobigny, Stains y Noisy-le-Sec (Sena-Saint-Denis), Ivry-sur-Seine y Vitry-sur-Seine (Valle del Marne).

 

Traducción de Miguel López

La conclusión a la que llegaron las principales formaciones políticas la noche de la segunda vuelta de las elecciones municipales, el domingo 22 de marzo, es que ha sido una victoria para todos. A un año de las elecciones presidenciales, esta segunda vuelta se caracteriza sobre todo por una gran confusión, con muchos municipios que cambian de tendencia y un electorado que se contradice de una ciudad a otra.

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