El Partido Comunista siempre gana en la economía de casino de China

Desmond Shum, en Inglaterra en septiembre de 2021.

François Bougon (Mediapart)

Londres (Reino Unido) —

Desde finales del siglo XX, tras el paréntesis revolucionario maoísta, la China comunista encarna el nuevo Eldorado del capitalismo con infinidad de oportunidades para las multinacionales o los empresarios.  

Todo es posible para los audaces y ambiciosos que quieran jugar en esta economía de casino dirigida por un Partido Comunista Chino (PCC) que se ha desecho de una serie de dogmas. En la década de 2000, bajo la égida de Jiang Zemin, líder del partido tras la sangrienta represión del movimiento pro democrático de Tiananmen, está en boga la teoría de las "tres representaciones", que permite la integración de los otrora odiados capitalistas. 

En este contexto, las ganancias son tan fabulosas como las pérdidas: hay que leer el desternillante Mr China de Tim Clissold sobre cómo un inversor de Wall Street perdió unos 450 millones de dólares en China. Pero, por supuesto, para ganar, hay que tener buenas conexiones con los crupier, es decir, con los círculos dirigentes del Partido.  

Desmond Shum se hizo inmensamente rico, y lo debe a su colaboración con su compañera y socia comercial desde hace más de diez años, Duan Weihong, o Whitney Duan, según la práctica empresarial habitual de ponerse un nombre occidental. 

Whitney Duan, procedente de una familia modesta de la provincia costera oriental de Shandong, era una experta en guanxi, el arte de establecer relaciones. Fue capaz de forjar vínculos con altos cargos del partido y, sobre todo, con la esposa de Wen Jiabao, primer ministro entre 2003 y 2013, a la que llamaba "tía Zhang" como prueba de su cercanía. 

Al igual que Cai Xia, ex profesora de la Escuela del Partido Central, Desmond Shum vive ahora fuera de China, en el Reino Unido, con su hijo pequeño. Y como ella, por razones de seguridad, no desvela su lugar de residencia. Y también como ella, está capacitado para ofrecer una visión experta de los negocios en la China comunista.  

Desmond Shum contó primero esa experiencia en un libro, Red Roulette, An Insider's Story of Wealth, Power, Corruption, And Vengeance in Today's China, publicado en 2021 en Estados Unidos y un año después en Francia (La Roulette chinoise, Argent, pouvoir, corruption et vengeance dans la Chine d'aujourd'hui, editado por Saint-Simon).

El imperio de las zonas grises

El libro es fascinante y excepcional porque, aunque se han publicado muchos sobre el Partido Comunista Chino, incluido el del experiodista australiano Richard McGregor, The Party: The Secret World of China's Communist Rulers, ninguno de ellos se basaba en una experiencia tan directa. Y lo que cuenta proporciona una visión interna de cómo funciona el "sistema" (xitong, en chino). 

El exnadador de competición que es Desmond Shum –mide 1,90 metros– ha sabido nadar en estas aguas turbias. Sin un sistema judicial independiente, hay numerosas zonas grises. “El Partido lo ha hecho así", explica cuando nos reunimos con él en Londres el pasado mes de abril. “Porque cuando existen a propósito muchas y enormes zonas grises, ahí es cuando se impone el poder político. La línea entre el blanco y el negro puede estar en cualquier parte, por lo que, si quieres hacer algo en China, tienes que aprender a bailar en la zona gris". 

Desmond Shum ha bailado con los funcionarios chinos de varias administraciones para forjar su historia de éxito, ya sea construyendo una enorme zona de carga en el aeropuerto de Pekín o lanzando proyectos inmobiliarios. En su libro, detalla los numerosos sellos que hay que obtener y la cantidad de trabajo y entrenamiento que esto requiere con los burócratas de turno, las horas que pierdes con ellos, los viajes al extranjero con todos los gastos pagados y los regalos necesarios para sacar adelante los expedientes.  

Desmond Shum niega cualquier tipo de corrupción. "Es así como funciona el sistema. Juego con las reglas del sistema", dice, y añade: "Incluso dentro de su sistema, intentamos ser lo más limpios posible". 

La parte más interesante del libro es, sin duda, "la tía Zhang", conocida en China como "la reina de los diamantes", porque esta geóloga de formación hizo su fortuna con las joyas. Mientras su marido había basado su carrera política en una imagen de probidad y de hombre del pueblo, ella mantuvo su carrera en la sombra para no causarle problemas políticos.

La casta roja

Con Whitney y Desmond, la norma –un acuerdo verbal, nada escrito– era que la "tía Zhang" se llevaría el 30% de los negocios conjuntos. Este suele ser el precio que cobran las familias de los altos dirigentes por su influencia política. De este modo, señala Desmond Shum, los beneficiarios gozan de un "halo" protector. "Todo el mundo te trata de forma diferente, todos te miran de forma diferente. Todo el mundo quiere cosas diferentes de ti", señala Desmond Shum.  

Es posible así disfrutar del prestigio y las ventajas que se conceden a los "aristócratas rojos", desde las placas de matrículas que te distinguen de los demás y evitan que te detenga la policía, hasta el acceso a alimentos de granjas especiales, pasando por los hospitales reservados y las escuelas especiales para los hijos, y la facilidad para resolver hasta el más mínimo problema administrativo.  

Todo está codificado y extremadamente jerarquizado en este régimen fundado por Mao Zedong en 1949. En general, hay intocables, los hijos de los primeros revolucionarios, los famosos "príncipes rojos", como el actual número uno del Partido, Xi Jinping. Con su llegada al poder en 2012, Desmond Shum sintió que el viento cambiaba de rumbo. 

En primer lugar, un artículo del The New York Times de ese mismo año sacó a la luz las maquinaciones de la "tía Zhang" y la riqueza que había acumulado la familia Wen. Whitney se vio obligada a hacerse cargo de todo, alegando que la "tía Zhang" no estaba involucrada en nada. Wen Jiabao estaba furioso y, según Desmond Shum, quería divorciarse, retirarse, afeitarse la cabeza y entrar en un monasterio. Un intento que el Partido frustró. 

Luego vinieron las detenciones por corrupción, a menudo un pretexto para deshacerse de los rivales políticos. Con Xi, ya nadie estaba a salvo. Había llegado el momento de retirar las ganancias del casino. Acababa de llegar un nuevo jefe, las reglas habían cambiado y eran mucho más estrictas. 

Desmond Shum optó por irse al extranjero e intentó convencer a su ex mujer –se habían divorciado poco antes– de que hiciera lo mismo. Pero ella se negó, pensando que aún podía sobrevivir dentro del "sistema". En 2017, desapareció. Ninguno de los que la apoyaban hasta entonces hizo nada. "La gente no quería arriesgarse, nadie ofrecía ayuda. Y te das cuenta rápidamente de que eso iba a ser muy largo", dice Desmond Shum. 

Poco después, empezó a escribir un libro, en principio para su hijo, para que algún día entendiera lo que ambos habían conseguido en China. “El libro no estaba destinado a ser publicado porque todos sabemos que en el sistema chino no se debe hablar", explica. “Y si lo haces, el PCC vendrá a castigarte, y te castigará duramente". 

Pero su enfado por la desaparición de su ex mujer y la represión en Hong Kong tras las grandes protestas pro democracia le hicieron cambiar de planes. La publicación se está preparando en el mayor secreto. Sin embargo, Financial Times y Wall Street Journal  lo anunciaron un viernes y el libro debía publicarse el martes siguiente. El domingo apareció Whitney Duan. Desmond Shum se sorprendió al recibir una llamada telefónica suya. En dos días le llamó tres veces. Le pidió que cancelara la publicación del libro, insinuando que pondría en peligro la vida de su hijo

Ella dice también que está en libertad condicional. Para Desmond Shum, estos intentos son similares a los métodos de un secuestro. "Un secuestrador consigue que la víctima te llame, luego te dice que hagas algo, y entonces estás al otro lado del teléfono tratando de averiguar cómo lidiar con el secuestro". El libro saldrá a la luz, de todas formas ya no hay formar de impedirlo, y ha pensado, incluso antes de firmar, en los riesgos de publicarlo.  

Desde entonces, Desmond Shum interviene regularmente en los medios de comunicación. Le gustaría escribir otro libro para explicar por qué, en contra de todas las predicciones, no ve que China pueda convertirse en la mayor economía del mundo. Todavía no está claro qué hará el Partido con Whitney Duan. 

“Hay un concepto muy importante que hay que entender en China", dice Desmond Shum, "y es que el Partido-Estado se ve esencialmente como la casa, que es la palabra que se utiliza para un operador de casinos. Los jugadores son los empresarios. La casa les permite el privilegio de jugar, pero la casa es la dueña del casino y no importa si pierden o ganan porque la casa siempre gana". Con Xi Jinping, la casa tiene la mano y, para apostar, hay que seguir sus reglas. Salvo que quieras meterte en problemas.

Traducción de Miguel López

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