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General Electric evadió desde Francia 800 millones a paraísos fiscales

El logotipo del fabricante de ferrocarriles Alstom.

Filippo Ortona (Disclose-Mediapart)

Un fiasco industrial interminable. Siete años después de la venta de la rama de energía de Alstom a General Electric, el balance de la multinacional estadounidense en Francia es desastroso: 5.000 puestos de trabajo destruidos, de los cuales 1.400 en la planta de Belfort [Este de Francia]; savoir-faire tecnológico abandonado a su suerte; una investigación preliminar por “conflicto de intereses” contra Hugh Bailey, director general de GE Francia... Y, ahora, un escándalo de evasión fiscal.

Según una investigación de Disclose [socio de Mediapart], que se basa en informes de auditoría independientes y en varios documentos contables internos del grupo, la multinacional estadounidense ha establecido un acuerdo financiero opaco entre su filial francesa, General Electric Energy Products France (GEEPF), y las filiales domiciliadas en Suiza y en el estado norteamericano de Delaware.

El objetivo era evadir al fisco francés ocultando los beneficios de la venta de turbinas de gas producidas en Belfort. Según nuestras estimaciones, más de 800 millones de euros desaparecieron de las arcas del GEEPF entre 2015 y 2020. Esto supone una pérdida de ingresos para las cuentas públicas de entre 150 y 300 millones de euros.

Mediapart ya analizó en 2019 cómo la política financiera de la compañía estaba debilitando la planta de Belfort. Se ha detallado el uso masivo de los flujos financieros intragrupo y de “precios de transferencia”. Las revelaciones de Disclose confirman y ahondan en estas informaciones. 

Para General Electric, la gran evasión comenzó a finales de 2015 con un sencillo y discreto truco: el traspaso de las responsabilidades comerciales de GEEPF a una empresa creada para la ocasión en Baden (Suiza). Su nombre: General Electric Switzerland GmbH (GES).   

A partir de entonces, la fábrica de Belfort, anunciada en el momento de la adquisición como futura sede mundial de las actividades de turbinas del grupo, dejó de ser un “fabricante” para convertirse en una “unidad de fabricación”, a las órdenes de una empresa suiza. Esta “reestructuración”, según el documento, correspondería al “último año rentable" de dicha fábrica. Y por una buena razón: con este montaje, GE acaba de poner en marcha su negocio de captación de los beneficios de la venta de turbinas y piezas de recambio made in France.

Ejemplo de lo ocurrido 2019. Ese año se firmó un contrato entre GEEPF y la empresa suiza GES para la venta de turbinas de gas. El contrato estaba valorado en más de 350 millones de euros. Aunque los equipos se fabricaban en Francia, GES reivindicó la condición de “fabricante”, presentando el centro de Belfort como un mero “distribuidor”.

El objetivo de este juego malabar es permitir a la sucursal suiza revender las turbinas al cliente final para cobrar los beneficios. En el marco de estos contratos, nada menos que el 97% de los beneficios fueron a parar a Suiza, donde el tipo impositivo sobre los beneficios se sitúa entre el 17% y el 22%, frente al 33% de Francia. Al habla con la compañía, General Electric no respondió a nuestras preguntas.

Permisividad del Estado

Un montaje similar implica la venta de piezas de recambio para las turbinas que supone el grueso de los ingresos de la planta de Belfort. Según una estimación basada en el informe anual del grupo General Electric, el plan habría hecho ganar a GES, su filial suiza, casi 1.500 millones de euros entre 2016 y 2019. Todo ello con la bendición del Ministerio de Economía.  

Según nuestras informaciones, General Electric, tras la adquisición de la rama de energía de Alstom, se habría beneficiado de un protocolo conocido como “relación de confianza” con las autoridades fiscales francesas. Este mecanismo prevé que “la empresa aporte todos los elementos necesarios para conocer su situación fiscal”, según un documento de la Dirección General de Finanzas Públicas, fechado en 2013. En definitiva, la multinacional vio validado por el Ministerio de Economía su régimen fiscal y, por tanto, los vínculos entre sus filiales. A cambio, logró que los servicios del Ministerio no realizaran ningún control. Preguntado sobre su conocimiento preciso del montaje de optimización puesto en marcha por General Electric, el Ministerio de Economía y Hacienda no respondió a nuestras preguntas.

En Baden, en el número 8 de la Brown-Boveri Strasse, General Electric ha domiciliado otras tres filiales para hacer negocios con el “proveedor” francés. Las dos primeras, General Electric Global Services GmbH y GE Global Parts and Products GmbH, se encargan de vender las piezas de recambio fabricadas en Belfort. La tercera, General Electric Technology GmbH, se encarga de recoger los derechos de patente de las turbinas de gas. Por una sencilla razón, según uno de los informes de auditoría consultados por Disclose: “Los ingresos procedentes de patentes extranjeras están muy poco gravados en Suiza”. Desde 2015, 177 millones de euros en derechos tecnológicos han salido de Francia, con destino a Baden.

Millones con dirección a Delaware

Para completar su estrategia de optimización fiscal, General Electric se apoya en otra filial del grupo, esta vez con sede en Estados Unidos. Monogram Licensing International LLC, como se llama, está domiciliada en Delaware, un estado conocido por no cobrar ningún impuesto de sociedades. Entre 2014 y 2019, habría recibido casi 80,9 millones de euros de GE France por el uso de la marca, el logotipo y los eslóganes publicitarios de General Electric. Según el contrato vigente entre las dos empresas, Francia debe pagar el 1% de su volumen de negocios anual a Delaware. Sin embargo, este umbral se ha cruzado varias veces. Sin ninguna explicación, dice una de las auditorías del grupo.

La captación masiva de la riqueza producida por los trabajadores de Belfort puede llegar a resultar ilegal, como indica un convenio fiscal internacional llamado BEPS, siglas correspondientes a “Erosión de la base imponible y traslado de beneficios”. Este texto, que entró en vigor en Francia en 2019, se supone que refuerza la lucha contra la evasión fiscal y estipula que los beneficios de las empresas deben “tributar donde se realizan realmente las actividades económicas [...] y donde se crea el valor”. Lógicamente, en el caso de las turbinas fabricadas en Belfort, el impuesto debería recaudarse en Francia, no en Suiza.

Trabajadores perjudicados

Al hacer desaparecer 800 millones de euros de las cuentas de General Electric Energy Products France, la multinacional se ha librado así de pagar impuestos. Pero también ha privado a los empleados franceses de parte de su participación en la empresa. Un experto fiscal al que presentamos los balances de General Electric en Belfort así lo confirma; al reducir artificialmente los beneficios, la compañía habría privado a sus trabajadores de varios miles de euros, entre 2015 y 2019, en concepto de su participación en los beneficios del GEEPF. En diciembre de 2021, el sindicato SUD Industria y el Comité Social y Económico (CSE) del centro de Belfort presentaron una denuncia contra su empleador por “fraude al derecho de participación de los trabajadores”. 

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El sistema implantado por el grupo también ha supuesto una carga para las finanzas locales. “Desde el momento en que GE desplaza sus beneficios, paga inevitablemente menos impuestos”, explica Mathilde Regnaud, concejala de la oposición en Belfort. El pasado mes de febrero, con un cálculo que estima en 10 millones de euros “la pérdida acumulada de ingresos” por la contribución sobre el valor añadido de las empresas (CVAE) entre 2017 y 2022, los representantes electos del consejo comunitario de Belfort exigieron un análisis detallado de las “pérdidas fiscales sufridas por el municipio”. Una petición que apunta sobre todo a “la legalidad [...] de las maniobras de optimización fiscal” realizadas por General Electric en el territorio. En 2021, estas maniobras habrían provocado en parte un aumento de los impuestos en el municipio.

Traducción: Mariola Moreno

Leer el texto en francés:

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