Crisis en la eurozona

Grecia-Alemania: la querella de las reparaciones de guerra

El ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis, saluda a su homólogo alemán, Wolfgang Schäuble.

La cuestión puede emponzoñar las relaciones entre Atenas y Berlín durante los próximos meses. Lo que es seguro es que no va a contribuir a relajar el ambiente en el seno del Eurogrupo mientras se renegocia la deuda griega. Alexis Tsipras, el nuevo jefe del Ejecutivo griego, se refirió a la cuestión en su discurso sobre política general del pasado 8 de febrero: Pretende reclamar a Alemania compensaciones por los daños que Grecia sufrió durante la Segunda Guerra Mundial y el reembolso del préstamo impuesto por los nazis durante la Ocupación, nunca devuelto.

Estas reivindicaciones marcaron la primera visita del nuevo ministro griego de Asuntos Extranjeros, Nikos Kotzias, la semana pasada a Berlín, donde se entrevistó con su homólogo Franck-Walter Steinmeier (se puede leer el discurso pronunciado, en francés). Entre los dos países, las deudas siguen existiendo y el endeudado no siempre ha estado del lado que se piensa. Atenas hace valer dos argumentos históricos de peso, por un lado, la conferencia de 1953 sobre la deuda alemana y, por otro, las reparaciones de guerra.

¿Qué valor tienen estos argumentos en los planes económico y jurídico? ¿Qué dicen los historiadores, en Grecia y en Alemania?

La conferencia de 1953 sobre la deuda alemana

Para el historiador alemán Albrecht Ritschl, de la London School of Economics (LSE), Alemania es simple y llanamente el país que más ha “transgredido” y reestructurado su deuda en el siglo XX. Se refiere sobre todo a la Conferencia de Londres de 1953, que hizo posible el “milagro económico” del que se benefició la Alemania del Oeste, la RFA, durante décadas.

Los participantes en esta negociación intentaron no repetir los errores cometidos con el Tratado de Versalles, ya diagnosticados por Keynes en 1919 en su ensayo sobre Las consecuencias económicas de la paz. El acuerdo de 1953 “refleja una comprensión sutil y responsable de las dificultades inherentes a las reparaciones y a las crisis de las deudas de los años 20 y 30”, apunta el historiador norteamericano Timothy Guinnane, especialista sobre la cuestión, en la Universidad de Yale. Al término de la conferencia, los negociadores aceptaron no solo reducir la deuda exterior alemana en un 50%, sino que aceptaron aplazar el reembolso de una parte de la deuda resultante hasta un periodo muy lejano: la futura reunificación de Alemania, una vez resuelta la “cuestión alemana”.

Esta posición, muy conciliadora, se explica sobre todo por la voluntad de Washington de tratar con deferencia a los alemanes, en un contexto en el que la guerra fría comenzaba a fraguarse y en el que EEUU no quería debilitar a sus aliados, de ahí que, a los países europeos que deseasen beneficiarse del Plan Marshall, ideado por los norteamericanos, les exigieron que aceptasen, a cambio, soltar lastre con respecto al reembolso de la deuda alemana.

Pero 37 años después, con la reunificación del país, el canciller Helmut Kohl elimina la cuestión del reembolso. El Tratado de Moscú (que dos años más tarde se rebautizaría como Tratado Dos más Cuatro), que sella la reunificación de 1990, no se considera un “tratado de paz” y soslaya la cuestión del reembolso de la deuda, tal y como figuraba en el texto de 1953. “Se realizaron algunos pagos a cuenta, pero se trataba de cantidades mínimas”, resume Albrecht Ritschl. La decisión de Kohl obtuvo el consenso en Europa, sobre todo también porque la deuda pendiente era muy difícil de cifrar con precisión.

¿Qué conclusión, aplicable a la Grecia de hoy, se puede extraer de este episodio? “Del mismo modo que se hizo en 1953 con Alemania, vemos que todos los pueblos de Europa tienen interés en conocer con detalle la composición de sus deudas”, juzga el economista Jean-Marie Harribey, excopresidente de Attac, que ve en ello la “utilidad política” de una conferencia similar.

Para Éric Monnet, especialista en Historia Económica en la Paris School of Economics (PSE), “las únicas conclusiones que se pueden extraer de esta comparación son muy amplias, dado que los contextos son muy diferentes. La Europa política se había construido sobre la base del rechazo del nazismo y esta Europa no existiría hoy si no se hubiese decidido, en un momento dado, no pedir reparaciones por los daños materiales y financieros causados por ciertos países, entre ellos Alemania”.

En aquella época, la deuda alemana era mucho más abultada que la deuda griega actual. Alemania estaba dividida en cuatro zonas ocupadas, ya que en la postguerra había perdido su autonomía política. De modo que, territorial y jurídicamente, ya no era el país que había contraído las deudas anteriores, insiste Éric Monnet, para insistir hasta qué punto es delicado hacer paralelismos.

“En modo alguno se puede incluir en el debate el London Agreement de 1953 para decir que Alemania todavía debe dinero a Grecia,London Agreement ya que no se refería a las reparaciones de guerra, sino al pago de la deuda de la preguerra y de la postguerra”, prosigue el historiador. “Por contra, este tratado muestra las medidas que tomaron los aliados para reducir y reescalonar las deudas alemanas tras la guerra con el fin de evitar que se reprodujeran los problemas del periodo de entreguerras se reprodujeran. Dado que Alemania registró superávit en su balanza comercial en los años 50-60 y un fuerte crecimiento, pudo reembolsar rápidamente las cantidades que el tratado de 1953 establecía que debía satisfacer”.

60.000 muertos por las hambrunas

Las reparaciones de guerra

Para Grecia, esta cuestión no es nueva, pero es la primera vez que un Gobierno la hace suya de manera oficial. De hecho, hasta 1990, no había forma legal de reivindicar nada a las autoridades federales alemanas. La Conferencia Londres de 1953 aplazó la cuestión de las reparaciones de guerra hasta la reunificación, como hizo con la cuestión del reembolso de una parte de la deuda acumulada antes de la guerra.

En las décadas posteriores a la posguerra, el gobierno griego no aspiraba a conseguir compensaciones, tal y como señala a Mediapart el historiador Dimitris Apostolopoulos. “En aquella época, se puso por delante la amistad greco-alemana para favorecer el crecimiento económico. Durante un viaje a Bonn, en 1958, el primer ministro griego Konstantin Karamanlis incluso firmó un préstamo de 200 millones de marcos alemanes con el ejecutivo alemán. Fue un préstamo con sus correspondientes intereses, nada que ver con eventuales compensaciones. Se dice que Karamanlis pudo señalar entonces a los alemanes que el Estado griego renunciaba a ejercer cualquier reclamación de reparación. Sin embargo, no hay constancia escrita que confirme este aspecto”.

Este especialista en la Segunda Guerra Mundial y en cuestiones greco-alemanas de la Academia de Atenas estima sin embargo que Grecia percibió algunas compensaciones en especie en los años inmediatos a la postguerra, como otros aliados, sobre todo Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. “Para Grecia, según algunas estimaciones, el importe era equivalente a 25 millones de dólares, lo que representa apenas el 0,12% de lo que Grecia había solicitado en la conferencia de vencedores de 1946. Dicho de otro modo, un montante simbólico. A partir de 1953, los pagos acabaron”.

En 1960, Bonn dio un paso significativo: una parte de las víctimas griegas del nazismo fue indemnizada, conforme al acuerdo alcanzado en 1952 entre Alemania e Israel. Se abonaron 115 millones de marcos, dirigidos fundamentalmente a la comunidad judía de Grecia, exterminada por los nazis en un 95%. A partir de ese momento, para Alemania, que pagó el mismo tipo de compensaciones a otros nueve países –aunque ninguno del bloque del Este, estados que no percibieron compensaciones hasta después de los 90–, el asunto está zanjado. Sin embargo, no se trata de “reparaciones de guerra”, ya que no se ha abonado compensación alguna por los daños económicos y materiales ocasionados por los ocupantes nazis.

Posteriormente, los sucesivos ejecutivos griegos, por razones diplomáticas, no quisieron sacar a relucir un asunto tan espinoso. Por el contrario, en los 90 se formó un pequeño comité ciudadano. El Consejo Nacional de Reivindicación de las Deudas contraídas por Alemania con Grecia, integrado por antiguos resistentes reunidos entorno a la figura de Manolis Glezos, que ha predicado en el desierto durante una quincena de años. Para este, Alemania tiene cuatro tipos de deudas con Grecia: el saqueo de tesoros arqueológicos, el préstamo obligatorio establecido la Alemania nazi de 1941 (por valor de 3.500 millones de dólares de 1938, es decir, unos 54.000 millones de euros actuales, sin intereses), las reparaciones ligadas a los daños de guerra (estimadas por los aliados en la Conferencia de París de 1946 en 7.200 millones de dólares de 1938, es decir, 108 millones de euros actuales, sin los intereses –Grecia había reclamado el doble–) y las compensaciones a las víctimas (parcialmente pagadas en 1960).

Por parte, lo que interesa a Grecia son las reparaciones de guerra y el préstamo forzoso, nunca abordados. O lo que es lo mismo, a día de hoy, sin intereses, 162.000 millones de euros, según las estimaciones de Manolis Glezos y que Syriza hace suyas. Se estima que Alemania tiene 72.000 millones en deuda griega.

Hay que tener en cuenta que Grecia, si se compara con su población y su superficie, fue uno de los países europeos más afectados por la Segunda Guerra Mundial, al sufrir una doble ocupación, italiana (1940-41) y después alemana (1941-44). Por no hablar de las carreteras, ferrocarriles, fábricas y otras infraestructuras dinamitadas, las más de 80 ciudades y localidades destruidas y de los ciudadanos asesinados por los nazis, a veces simplemente como represalia.

Además, la Ocupación fue sinónimo de hambrunas para una gran parte de la población, dado que la producción agrícola se destinaba a las tropas del Reich en el continente africano. Según Manolis Glezos, que además de su lucha sin cuartel en la escena pública de estos últimos años, dirigida a lograr el reconocimiento de la deuda alemana, ha escrito un libro sobre el tema Même s'il ne s'agissait que d'un Mark allemand [Aunque solo se tratase de un marco alemán], el 13,5% de la población griega pereció durante la guerra. En su obra cifra en unos 600.000 los muertos víctimas de las hambrunas, se produjeron más de 56.000 ejecuciones y 105.000 deportaciones, sin retorno, a los campos de la muerte.

Este antiguo resistente nazi, ahora decano de los eurodiputados del Parlamento Europeo, elegido por Syriza, es conocido en Grecia por haber descolgado de la Acrópolis, en 1941, la bandera nazi. Para él, si Atenas no ha obtenido hasta la fecha de Berlín ninguna reparación de guerra ha sido por la falta de coraje político de los gobiernos griegos. Sin embargo, hace tres años que algo ha empezado a cambiar. Syriza ha hecho suya la cuestión, que ha encontrado un cierto eco en la sociedad griega donde la memoria de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Civil posterior siguen muy presentes. Frente a las cuestiones que se multiplicaban en el Parlamento, el Gobierno de Samarás acabó por admitir... que algo había.

En 2013, se formó una comisión en el seno del Ministerio de Finanzas, para evaluar la suma que Alemania debe a Grecia. Sin embargo, las conclusiones, conocidas a principios de año, en vísperas de las elecciones, son confidenciales y dichos trabajos no incluyen ninguna reclamación oficial a Berlín.

¿311.000 millones de euros?

Esto cambió al día siguiente de las elecciones que otorgaron la victoria a Syriza. El Gobierno de Tsipras puso de inmediato la cuestión sobre la mesa. Eso sí, lo que no ha revelado es la suma que quiere reclamar a Alemania. El Ministerio de Asuntos Exteriores, a preguntas de Mediapart, ha declinado comentar las palabras de Nikos Kotzias en Berlín y dice apoyarse en ese informe confidencial elaborado por el ejecutivo saliente.

Según la prensa griega –aunque no hay nada oficial que así lo corrobore– el montante por los daños ocasionados por la guerra, a raíz de la ocupación alemana, se eleva en ese informe a 311.000 millones de euros. El número dos del Gobierno de Samarás, Evanguelos Venizelos, habló él también de sumas “colosales” cuando recibió el informe el pasado 19 de enero. “No por el préstamo. Las del préstamo son pequeñas, pero las indemnizaciones son muy grandes”, precisó.

Antes de nada, el objetivo de Atenas es que Berlín reconozca que efectivamente existe la deuda, pero es poco probable que el nuevo Ejecutivo logre salirse con la suya. Para el historiador Dimitris Apostolopoulos, evaluar los daños económicos y materiales, calcular las indemnizaciones y determinar los eventuales intereses correspondientes es muy complicado y está sujeto a debate, en la medida que Grecia no es la única que no ha cobrado ninguna reparación alemana. Para Berlín, responder a las peticiones griegas, supone dar vía libre a reivindicaciones de otros países. Demasiado arriesgado.

“Por el contrario, el préstamo de la ocupación existió. Se trata de un caso único en la Segunda Guerra Mundial. Ningún país fue obligado así a pedir un préstamo. Yo mismo he visto estos documentos en los archivos de Berlín. El Reich impuso a Grecia un préstamo de 376 millones de marcos. Se cumplió con el pago de los primeros vencimientos, después no. Es fácil saber lo que no se reembolsó, se trata de un hecho objetivo, el Gobierno alemán no puede negar los documentos escritos”.

Según este historiador, es preciso que Atenas haga una distinción entre las dos cuestiones, si quiere que se le escuche en Alemania. En definitiva, el problema es que el Gobierno heleno “nunca ha hablado en público de un importe preciso. No sabemos de qué se habla y se mezclan los diferentes tipos de reparaciones”.

¿Estrategia ganadora para los griegos?

En Bruselas, muchos se encuentran incómodos cuando oyen las reivindicaciones griegas, que consideran contraproducentes. Se prevé que las negociones sobre la deuda griega se prorroguen durante meses y temen que estos delicados asuntos terminen por contrariar a Berlín definitivamente. “Al reclamar reparaciones por la Segunda Guerra Mundial, Alexis Tsipras está minando los cimientos de la integración europea”, opina el ex primer ministro belga Guy Verhofstadt, líder de los liberales en el Parlamento Europeo. “Parece haber olvidado que, tras la Segunda Guerra Mundial, los antiguos enemigos optaron por la cooperación y la construcción de un futuro común”.

La eurodiputada Sylvie Goulard (UDI-Modem) –liberal como Verhofstadt y que participó, al principio de su carrera, en las negociaciones del Tratado de Moscú de 1990– juzga que los griegos se equivocan de guerra. “Sería peligroso abrir la caja de Pandora del pasado”, dice la eurodiputada. En su opinión, el Plan Marshall de 1947 o la Conferencia de 1953, obedecía a una lógica nueva para la época: “Trazar una línea sobre el pasado, construir un futuro común”. “Idealista en apariencia, esta solución del pasado se ha revelado infinitamente más juiciosa que los ciclos anteriores de guerras, represalias y reparaciones”, concluye.

¿Pueden los griegos estar desmontando uno de los pilares del proyecto europeo, atrapados en un discurso demasiado nacionalista, como temen algunos en Bruselas? Para Manolis Glezos, lo importante no es tanto el importe de las “reparaciones” que Alemania debe a Grecia. Lo que importa es el gesto, simbólico, en un contexto en el que Berlín solo exige, desde el inicio de la crisis, incesantes esfuerzos a los griegos. “Aunque la deuda solo fuese de un marco, Alemania tiene la obligación jurídica, histórica y, sobre todo, ética de saldar su deuda con Grecia”, escribe Manolis Glezos, que hace hincapié de paso en el papel de la resistencia griega en la caída del nazismo.

El ministro Nikos Kotzias, cuya mujer es alemana, así lo señaló durante una entrevista en Berlón con su homólogo alemán. “Lo que pedimos, lo que imploramos, es comprensión”. Hasta la fecha, los alemanes, se la niegan. “Estamos convencidos de que todas las cuestiones relativas a las reparaciones al préstamo impuesto a Grecia durante la ocupación alemana se abordaron definitivamente desde el punto de vista jurídico”, le respondió Franck-Walter Steinmeier.

En definitiva, lo que reclama Atenas es sobre todo un cambio de actitud, un poco de humildad alemana, frente a la firmeza de Berlín desde hace cinco años. “Lo más importante para mí, como ministro de Asuntos Extranjeros, es que mis colegas y nuestros socios nos consideren socios en igual de derechos”, explicó Nikos Kotzias. “Durante estos cinco últimos años, solo hemos sufrido reveses. Ser pobre no significa estar desprovisto de derechos. Los pobres tienen derecho a votar y decidir en común”. Este recordatorio de las deudas alemanas y de las bonificaciones de las que Berlín pudo beneficiarse, quizás no se puedan tomar al pie de la letra.

El reembolso del préstamo de ocupación o el pago de reparaciones hipotéticas podrían materializarse bajo otra fórmula financieras, por ejemplo, con la participación en grandes proyectos dirigidos a revitalizar la economía griega.

Traducción: Mariola Moreno

Leer el texto en francés:

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