Israel ha reducido la ciudad de Gaza a ruinas y un cementerio a cielo abierto

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Clothilde Mraffko (Mediapart)

Al anochecer en verano, casi toda Gaza se reunía en el paseo marítimo. Los paseantes respiraban la brisa marina, escapando por unas horas de sus sofocantes pisos, sumidos en la oscuridad por los cortes de electricidad que marcan la vida cotidiana por el bloqueo. Las familias se agolpaban en torno a pequeños quioscos que vendían café, maíz a la parrilla y bezer, una mezcla de semillas que los lugareños comían después en un banco o directamente en la playa, mirando al horizonte donde podían imaginar un mundo que les estaba vedado. 

En los últimos años, se habían abierto varios restaurantes elegantes en la costa, y los cafés estaban abarrotados. En cuanto llegaba el buen tiempo se llenaban los salones y hoteles del paseo marítimo con bodas y ceremonias de graduación de estudiantes. 

Tras cinco meses de guerra, el paseo marítimo ha quedado casi completamente arrasado por las bombas y las excavadoras israelíes. El puerto pesquero ha sido pulverizado y la mezquita que destacaba reducida a un montón de escombros. En las fotos de Gaza, el elegante bulevar de Al-Rachid a lo largo de la costa, con sus palmeras y aceras a rayas blancas y negras, es ahora sólo un ancho camino de tierra arrasada bordeado por las siluetas de edificios grises reventados. 

"Gaza ha perdido su rostro familiar. Es como si ya no conociera este lugar, como si nunca hubiera vivido aquí. Nada se parece a lo que era Gaza; todo son escombros y tumbas anónimas", escribió el 8 de marzo en la red social X Hossam Shabat, uno de los pocos periodistas que siguen en el norte del enclave. 

Basándose en fuentes abiertas y en imágenes por satélite de la Agencia Espacial Europea, los investigadores del Grupo Descentralizado de Cartografía de Daños han estimado que, a 9 de marzo, "el 54,8% de los edificios de la Franja de Gaza estaban probablemente dañados o destruidos". La gobernación de la ciudad de Gaza, la más afectada, estaba destruida en casi tres cuartas partes (73,7% según sus estimaciones).

En Gaza, más de la mitad de los edificios han sido destruidos en cinco meses de guerra

A fecha 9 de marzo, un análisis de datos satélite muestra que han sido destruidos alrededor de 157.000 edificios o dañados desde el 7 de octubre. La devastación se corresponde con el espantoso balance humano: han muerto en el enclave desde el 7 de octubre más de 31.700 palestinos, de los cuales 13.500 niños, , según cifras del Ministerio de Sanidad local. Hay miles de cadáveres aún atrapados bajo los escombros y más de 70.000 heridos, según las autoridades palestinas. A finales de enero, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) estimaba que la Franja de Gaza había quedado ya "prácticamente inhabitable", cifrando el coste de la reconstrucción del enclave en "varias decenas de miles de millones de dólares".

 

Hemos perdido nuestros recuerdos y a aquellos con quienes los construimos.

La casa de Yasmin Matar, en el centro de Gaza, se derrumbó en gran parte a principios de diciembre, cuando fueron bombardeados los tres edificios colindantes. Esta profesora de francés de 25 años había huido unas semanas antes, cuando los tanques rodeaban el barrio, llevando toda su vida en una pequeña mochila. 

“Han matado a muchos de mis vecinos", dice la joven palestina, que llegó a Francia hace tres semanas después de que el consulado francés coordinara su salida de Gaza. “Echo de menos cada detalle de mi casa: mi habitación, mi cama. No quedará nada cuando volvamos, cuando acabe la guerra. No pienso en ello o me volveré loca. La mayor parte de mi barrio está totalmente destruido.” 

De momento, Yasmin sólo ha visto la destrucción a través de las fotos que le envían sus conocidos. Las pérdidas materiales se mezclan con la pérdida de seres queridos. "Cuando vuelva, no sé cómo me sentiré. No sólo hemos perdido lugares, hemos perdido recuerdos y a aquellos con los que los construimos". 

Han muerto tres de sus colegas del Instituto Francés, entre ellos su mentor, Rami Fayyad, que falleció por no tener acceso a tratamiento médico en el enclave asediado por Israel. "Era el mejor profesor de francés. Yo quería ser como él", recuerda. 

La artista Heba Zaqout, asesinada el 13 de octubre; la actriz Inas Saqqa, muerta en un bombardeo el 31 de octubre; el investigador en física y matemáticas aplicadas Sufyan Tayeh, presidente de la Universidad Islámica de Gaza, muerto por las bombas el 2 de diciembre... Los ataques han acabado con toda una élite cultural e intelectual que había ayudado al enclave a brillar a pesar de las restricciones y la falta de intercambios con el extranjero. "La sociedad gazatí se verá gravemente afectada", opina Yasmin. 

Una de sus figuras más famosas, el poeta y escritor Refaat Alareer, que ha enseñado literatura inglesa y anglosajona a toda una generación en Gaza, había recibido amenazas antes de que la casa donde se había refugiado fuera bombardeada el 6 de diciembre de 2023, cuentan sus amigos

Los israelíes "parecen querer matar a los intelectuales u obligarles a marcharse para que no pueda reconstruirse Gaza", afirma una de sus amigas, Pam Bailey. En 2015, esta periodista americana creó, junto a dos gazatíes, Ramy Abdu y Ahmed Naouq, el colectivo "We Are Not Numbers" (Wann, No somos números), que publica textos en inglés de jóvenes autores gazatíes para ofrecer una perspectiva diferente de Gaza. Refaat Alareer les apoyó desde el principio. 

Según la UNESCO, hay 41 lugares culturales dañados

Desde el 7 de octubre han muerto en Gaza casi un centenar de profesores universitarios y más de 4.300 estudiantes. El sistema escolar, como el resto de los servicios del enclave, hace tiempo que se ha hundido. Las escuelas no han sufrido daños se están utilizando como refugios para los desplazados. Todas las universidades de Gaza han quedado parcial o totalmente destruidas, a veces tras ser utilizadas por el ejército israelí para actividades militares. 

El 17 de enero, un vídeo, aparentemente grabado por un dron, mostraba la implosión de la universidad de Al-Israa, en el centro del enclave. El general israelí que llevó a cabo la operación fue después amonestado, no por dinamitar la facultad, sino por hacerlo sin autorización de sus superiores

Las bombas también han arrasado franjas enteras de la historia de Gaza. A principios de marzo, la UNESCO contabilizaba al menos 41 lugares dañados, entre ellos la gran mezquita de Al-Omari, la primera del enclave, construida en el siglo VII y habitualmente abarrotada durante el Ramadán, y el hammam de Al-Sammara, en el casco antiguo de Gaza, el único baño público que seguía en uso antes de la guerra. 

"Israel pretende borrar la identidad cultural y étnica y la educación de Gaza, destruyendo todos los lugares posibles que recuerden a sus habitantes lo que es Gaza", acusa Maram Faraj, que, como Yasmin Matar, forma parte del colectivo Wann. Esta joven de 26 años sobrevive en una tienda de campaña en Rafá; su casa fue bombardeada en la primera semana de la guerra y no tiene noticias de algunos de los hombres de su familia que fueron detenidos por Israel. 

Se queda sin palabras. "Siento que vivo en una pesadilla, todo lo que está ocurriendo no es real. No hay futuro. Hoy, Gaza se ha convertido en el cementerio de la gente, de sus sueños y ambiciones", escribe desde el enclave que sigue cerrado a los periodistas extranjeros. 

Desde Cisjordania, Ahmed El Farra y sus colegas intentan calcular la magnitud de la destrucción a medida que avanzan las operaciones militares, utilizando imágenes de satélite. El jefe de programas de Unido, una agencia de la ONU que apoya el desarrollo industrial, quiere estar preparado para el día después. “Va a ser un largo camino", dice con una triste sonrisa, "sólo retirar los escombros llevará 150 meses, según sus cálculos". 

Antes de la guerra, Unido trabajaba en el crecimiento de varios sectores de la economía gazatí, sobre todo el textil y las energías renovables, para compensar la falta de electricidad. El estricto bloqueo israelí, impuesto desde 2007, ya obstaculizaba enormemente el potencial económico de Gaza. 

Hoy, señala Ahmed El Farra, "ninguno de los sectores se ha librado de la destrucción, todo era un objetivo". La población gazatí, a menudo desplazada varias veces, no tiene acceso a las necesidades básicas, empezando por el agua potable. “Han sido atacadas y destruidas las principales infraestructuras en varias ciudades", añade el funcionario de la ONU. “La gente está agotada.”

 

La destrucción masiva de bienes constituye un crimen de guerra.

 

Las viviendas privadas también están en el punto de mira. En el norte del enclave, los habitantes de Gaza han informado de que los militares israelíes han prendido fuego a algunos edificios mientras llevaban a cabo detenciones masivas de personas que vivían allí. A veces, los propios militares graban la destrucción. 

A principios de diciembre, por ejemplo, volaron una hilera de edificios del complejo residencial Hamad, construido hace unos años gracias a Qatar, en Jan Yunís, al sur del enclave. Los edificios se derrumbaron, uno tras otro, entre enormes columnas de humo negro. Las tropas israelíes llevaron a cabo entonces una operación terrestre que duró semanas. Se retiraron a mediados de marzo, dejando detrás un campo de ruinas

“La destrucción masiva de bienes, no justificada por necesidades militares y llevada a cabo de forma ilícita y gratuita, constituye una grave violación del Cuarto Convenio de Ginebra y un crimen de guerra", declaró Volker Türk, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en un discurso pronunciado en Ginebra el 8 de marzo. “Israel no ha aportado razones convincentes para justificar una destrucción tan importante de infraestructuras civiles". 

Urbanicidio

Varios dirigentes israelíes han pedido públicamente que Gaza sea arrasada. El ministro de Patrimonio, el supremacista judío Amichai Eliyahu, consideró la opción de lanzar una bomba atómica sobre la franja costera palestina un mes después del comienzo de la guerra, siendo cesado por esos comentarios. Físicamente, sobre el terreno, el ejército israelí ya está arrasando barrios enteros; Beit Hanoun, en el extremo norte, ha sido prácticamente desolado. 

"Pero lo que está en juego va mucho más allá", afirma Bruce Stanley, profesor emérito de Relaciones Internacionales de la universidad americana de Richmond, en Londres. Sostiene que Israel está cometiendo un urbanicidio en el enclave. "El urbanicidio es el acto deliberado de destruir y arrasar todo lo que hace posible vivir como ser humano. Fíjense en lo que está ocurriendo en Gaza: ¿cuántos elementos esenciales de lo que necesitamos para ser humanos han sido aniquilados? Educación, sueño, acceso a aseos... El genocidio tiene una dimensión biológica, mientras que el urbanicidio afecta al contexto social y espacial de nuestras vidas", explica. 

El general israelí Giora Eiland, ex jefe del Consejo de Seguridad Nacional israelí, ya intentaba plantear esta estrategia a mediados de octubre en las columnas del diario Yediot Aharonot. Según Eiland, Israel debería responder a los ataques del 7 de octubre con una operación terrestre o creando, mediante una crisis humanitaria, "condiciones que hagan imposible vivir en Gaza"

Esos comentarios, unidos a los de otros dirigentes, incluidos ministros, que intentan popularizar la idea de una "emigración voluntaria" de los palestinos de Gaza, se hacen eco de la política de expulsión que fundó el Estado de Israel en 1948, en la época de la Nakba, el éxodo forzoso de unos 750.000 palestinos. 

En aquel momento fueron destruidos más de 500 pueblos y fueron vaciados de sus habitantes once ciudades y distritos; sus ruinas están ahora ocultas y, en muchos casos, se han reconstruido ciudades israelíes en su lugar. Gaza es un símbolo, la mayor ciudad palestina. "Es un lugar de resistencia, una ciudad rebelde. Para los israelíes, representa todo lo que les molesta, el fracaso a la hora de completar el proyecto de apoderarse de Palestina. Gaza ha sido un residuo de este proyecto durante setenta y cinco años, y ahora dicen que quieren completar el proceso", analiza Bruce Stanley. 

"El urbanicidio puede ser lento o violento. El urbanicidio lento es lo que los israelíes han estado utilizando en Gaza aislándola desde 2007. Lo que está ocurriendo en Hebrón es parecido: han asfixiado la ciudad y la capacidad de vivir en ella, como han hecho en el campo de refugiados de Yenín", prosigue el investigador, que subraya la "lógica colonial" que hay detrás del proyecto israelí. "Se trata de control y dominación", como hizo Bashar al Assad en Siria o los marines americanos en Faluya (Irak), añade. 

La destrucción de Gaza se inscribe en un Oriente Medio marcado por "la más larga historia urbana y la más larga historia de urbanicidios", subraya Bruce Stanley, recordando en particular el saqueo de Bagdad por el soberano turco-mongol Tamerlán en 1401, durante el cual fueron asesinados unos 25.000 habitantes. "Los conquistadores hacen eso: destruyen ciudades y con ellas el sentido mismo de la existencia humana. Luego imponen su propio proyecto distorsionado.” 

"Despejar una zona de seguridad”

Israel ya está remodelando Gaza. Las excavadoras del ejército están dejando marcas que probablemente se convertirán en hechos consumados. Han alargado una carretera en el centro del enclave, cortándolo en dos a lo ancho, desde el mar hasta el kibutz de Be'eri, uno de los atacados por Hamás el 7 de octubre. 

Esta "carretera operativa", bautizada como "corredor Netzanim", permitirá el paso de tropas para controlar la zona, según el ejército israelí. Corta el enclave en dos entre el norte y el sur, fragmentando la Franja de Gaza del mismo modo que los islotes palestinos de la Cisjordania ocupada, donde los soldados israelíes controlan y restringen la circulación de los palestinos. 

En una entrevista concedida al canal israelí 14, el comandante israelí encargado de las obras explicó que estaba construyendo una zona tampón alrededor del corredor de Netzanim destruyendo los edificios circundantes con "un gran número de minas y explosivos". Un hospital cercano fue parcialmente demolido

A principios de febrero, la agencia de noticias americana AP reveló que la magnitud de la destrucción al norte y al este del enclave sugería que Israel estaba creando una zona tampón de un kilómetro de ancho en la Franja de Gaza, a lo largo de todo su territorio. El ejército no lo ha confirmado oficialmente, pero a finales de febrero las autoridades israelíes indicaron que estaba en marcha el proyecto. 

La ONG israelí B'Tselem informó de palabras pronunciadas por militares, uno de ellos diciendo que él se encargaba de "arrasarlo todo" y reservistas confirmando la destrucción para "despejar una zona de seguridad". "Las demoliciones llevadas a cabo por Israel con esa finalidad son ilegales y constituyen un crimen de guerra", declaró la ONG el 21 de febrero. 

Israel también tiene el ojo puesto en el corredor Filadelfia, una carretera de 13 kilómetros en la Franja de Gaza que discurre a lo largo de la frontera con Egipto, lo que causa preocupación en El Cairo. El ejército israelí cree que así puede controlar la llegada de armas para Hamás desde los túneles que unen el enclave con el Sinaí. Pero los acuerdos de Camp David, que sellaron la paz entre ambos países, establecen que no debe desplegarse armamento pesado en esta zona.

 ¿Qué pasará con una Gaza tan destruida y desfigurada? Israel no habla mucho de lo que ocurrirá después, dejando que algunos de sus dirigentes hablen de recolonizar el enclave, y manteniendo la vaguedad. 

El plan revelado el 22 de febrero por el primer ministro Benyamin Netanyahu prevé el mantenimiento de tropas israelíes que conservarán "la libertad de acción en todas las partes de la Franja de Gaza, indefinidamente, para impedir el resurgimiento del terrorismo". El plan israelí consiste en confiar la gestión cotidiana del enclave a "funcionarios locales con experiencia administrativa", prescindiendo de la Autoridad Palestina y, por supuesto, de Hamás. 

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En las últimas semanas, Israel se ha dedicado a organizar un vacío institucional, trabajando en particular para marginar a la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, que, a través de su papel como aparato cuasi gubernamental en Gaza, había tomado en gran medida el relevo de la administración de Hamás entre los civiles al comienzo de la guerra. Cuando la hambruna provocada por el asedio está estrangulando el enclave, la victoria de Israel, a falta de acabar con Hamás, consiste en imponer, poco a poco, una gestión puramente humanitaria de los gazatíes.

 

Traducción de Miguel López

Al anochecer en verano, casi toda Gaza se reunía en el paseo marítimo. Los paseantes respiraban la brisa marina, escapando por unas horas de sus sofocantes pisos, sumidos en la oscuridad por los cortes de electricidad que marcan la vida cotidiana por el bloqueo. Las familias se agolpaban en torno a pequeños quioscos que vendían café, maíz a la parrilla y bezer, una mezcla de semillas que los lugareños comían después en un banco o directamente en la playa, mirando al horizonte donde podían imaginar un mundo que les estaba vedado. 

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