José Antonio Kast toma posesión en Chile y presenta un Gobierno de extrema derecha
En el imponente salón de honor del Congreso Nacional chileno en Valparaíso, el 11 de marzo, el presidente progresista saliente Gabriel Boric entrega solemnemente los símbolos republicanos —la banda presidencial y el pico del libertador O'Higgins— a su sucesor de extrema derecha, José Antonio Kast.
El ya expresidente, el jefe de Estado más joven de Chile, se retiró tras ofrecer un firme apretón de manos y esbozar una sonrisa a su oponente. Deja las llaves de la república chilena en manos de un hombre que asume abiertamente la herencia de Augusto Pinochet, quien lideró la dictadura cívico-militar que asoló el país de 1973 a 1990.
El traspaso de poderes se desarrolló en un ambiente tranquilo, a pesar de las tensiones que marcaron los últimos días de la transición entre los presidentes entrante y saliente. El 3 de marzo, José Antonio Kast puso fin abruptamente a una reunión bilateral con su predecesor. El motivo de la discordia fue un cable submarino que conectaría a Chile con su principal socio comercial, China.
Este proyecto de telecomunicaciones provocó sanciones por parte de Washington, que lo consideró “un peligro para la seguridad de la región”. A finales de febrero, tres funcionarios de la Administración Boric, entre ellos el ministro de Transportes, vieron revocados sus visados. Ante esta situación, el nuevo presidente de extrema derecha, aliado de Donald Trump, reprochó a Gabriel Boric no haberle informado de las amenazas estadounidenses, interrumpiendo a continuación las reuniones en el marco de la transición.
Tras cinco días de suspensión, y por invitación de Gabriel Boric, el presidente del Partido Republicano, elegido el 14 de diciembre, dio marcha atrás y prometió “una transferencia de poderes impecable”.
Inexperiencia política y ultraconservadurismo ideológico
La investidura de José Antonio Kast, finalmente pacífica, concluyó con la presentación del nuevo Gobierno. Luciendo la banda presidencial, el nuevo jefe de Estado tomó juramento a sus veinticuatro ministros sobre la Constitución de Chile, la misma que se adoptó en 1980 bajo la dictadura.
Claudio Alvarado, ministro del Interior, fue el primero en subir a la tribuna. Este exdiputado de 65 años es miembro de la Unión Demócrata Independiente (UDI, derecha), partido fundado en 1983 por la mano derecha de Pinochet, Jaime Guzmán. Subsecretario de Estado durante los dos mandatos presidenciales de Sebastián Piñera (2010-2014 y 2018-2022), es uno de los pocos miembros del Gobierno vinculados a un partido político.
De hecho, la mayoría de los ministros son independientes con perfil técnico y empresarial que tienen poca experiencia en la administración del Estado. Esta audaz elección del nuevo inquilino del palacio presidencial de La Moneda preocupa incluso a su propio bando. “La apuesta del presidente conlleva riesgos”, afirma el diputado de Renovación Nacional (RN, ultraliberal) Luis Pardo, quien añade que “los partidos aliados tendrán que colaborar para paliar esa falta de experiencia política”.
El nuevo equipo ministerial se centra en la lucha contra la delincuencia, la inmigración clandestina y la reactivación económica
Las críticas hacia este nuevo Gobierno también provienen del bando progresista, que teme que se produzcan conflictos de intereses.
Uno de los nombramientos que más ha molestado a la oposición es el de Trinidad Steinert como ministra de Seguridad. Conocida por su labor como fiscal en la persecución de los delitos cometidos por el cártel venezolano de la droga Tren de Aragua, ha sido señalada por la diputada Maite Orsini (Frente Amplio, izquierdas), quien considera que el nombramiento de una magistrada para un alto cargo político podría perjudicar la imparcialidad del Ministerio Público y afectar al Estado de Derecho.
Otros dos ministros, Fernando Barros, nombrado para Defensa, y Fernando Rabat, que asume la cartera de Justicia y Derechos Humanos, han suscitado la preocupación de las asociaciones de familiares de detenidos desaparecidos durante la dictadura. Un centenar de organizaciones de defensa de los derechos humanos manifestaron en un comunicado su “total rechazo al nombramiento” de estos dos abogados “que no solo defendieron jurídicamente a Augusto Pinochet”, sino que también “han relativizado públicamente las violaciones de los derechos humanos cometidas durante la dictadura”.
Los movimientos feministas también están preocupados por el nombramiento de Judith Marín para el Ministerio de la Mujer y de la Igualdad de Género. Secretaria general del ultraconservador Partido Social Cristiano, conocida por sus posiciones antiabortistas, es también, con 30 años, la ministra más joven.
En total, este nuevo equipo ministerial está compuesto por once mujeres y trece hombres. Llegan con la promesa de un gobierno “de emergencia”, centrado en la lucha contra la delincuencia, la inmigración clandestina y la reactivación económica. Simbólicamente, José Antonio Kast firmó, pocas horas después de su investidura, una serie de decretos emblemáticos sobre el aumento de la plantilla policial y el refuerzo del control fronterizo.
Ausencia de los progresistas del continente
Hacia las 12:30, en el Congreso Nacional, la presidenta del Senado, Paulina Núñez, dio por concluida la ceremonia de traspaso de poderes. El nuevo presidente de la República se mezcló entonces con la multitud y saludó a los diferentes jefes de Estado presentes en la toma de posesión.
Entre ellos, muchos son aliados del bando conservador y ultraliberal: Javier Milei (Argentina), que intercambió un largo abrazo con el recién investido presidente, pero también Santiago Peña (Paraguay), Daniel Noboa (Ecuador) o Tamás Sulyok (Hungría). Los representantes de las grandes potencias progresistas de América Latina brillaron por su ausencia.
La presidenta mexicana y el presidente colombiano no asistieron, y Lula da Silva canceló su asistencia en el último momento alegando “motivos de agenda”. Según varios medios de comunicación brasileños, habría influido en esta decisión la presencia del hijo de Bolsonaro, probable oponente de Lula en las próximas elecciones.
Hay una alineación de los ultraconservadores con Donald Trump, que no oculta su deseo de hegemonía en todo el continente
Según Claudia Heiss, politóloga de la Universidad de Chile, José Antonio Kast “cometió un error al darse el gusto de invitar a un aliado político”, Flávio Bolsonaro, cuando “es mucho más importante contar con el presidente de Brasil”, socio diplomático histórico y primer aliado comercial de Chile en América Latina.
“Estamos asistiendo a un fortalecimiento de las fuerzas ultraliberales”, añade Claudia Heiss, refiriéndose a la cumbre Shield of Americas (Escudo de las Américas) de Miami, en la que se reunieron el 7 de marzo el presidente estadounidense y doce jefes de Estado cercanos a la Casa Blanca. Entre ellos, Kast. “Hay una alineación de los ultraconservadores con Donald Trump, que no oculta su deseo de hegemonía en todo el continente”, opina la politóloga chilena.
Al caer la noche, José Antonio Kast se presentó en el balcón del palacio de La Moneda, en Santiago, y se dirigió a los cientos de simpatizantes reunidos en la plaza de la Constitución.
Insistió en las políticas de seguridad que deben aplicarse para “perseguir, juzgar y condenar” a aquellos “que han tomado el control de sus barrios o han sembrado el terror entre la población”. También prometió a las fuerzas armadas y a la policía “apoyo legislativo y mejores recursos” para combatir el crimen organizado y limitar la migración en las fronteras.
El republicano atacó indirectamente al Gobierno saliente en varias ocasiones. Así, consideró que el país le “ha sido transmitido en las peores condiciones” en el plano económico. Sin embargo, Gabriel Boric termina su mandato con una inflación estabilizada en el 3,5 % y un crecimiento del PIB en torno al 2,4 %, tras haber accedido al poder en 2022 tras una revuelta social y una pandemia mundial que generaron grandes dificultades económicas.
José Antonio Kast terminó su discurso saludando a sus hermanos, uno de los cuales fue ministro durante la dictadura de Pinochet, y a sus padres. Su padre es un exmilitar de la Alemania nazi que emigró tras la Segunda Guerra Mundial. Este ferviente católico, miembro del movimiento conservador de Schönstatt, concluyó su primera intervención como jefe de Estado con una invocación religiosa: “¡Que Dios bendiga a Chile y nos dé sabiduría para gobernar!”.
Caja negra
Marion Esnault es periodista independiente en Chile. Este es su primer artículo para Mediapart.
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Traducción de Miguel López