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"Tres o cuatro semanas", pronosticó Trump: quitamos al ayatolá y malo será que pongan otro. No hay que impacientarse, raro será que fallen los cálculos del hombre que declaró seis bancarrotas.

Van quince días de guerra. El nuevo Jamenei ordena por carta que minen el Golfo Pérsico. ¡Viva el servicio postal! Como el tipo no da la cara y arrecian los rumores. ¿Estará herido? ¿Habrá muerto? En un país donde vuelan más misiles que pájaros, yo tampoco asomaría el turbante. "Está herido, probablemente desfigurado", aseguran los portavoces del ejército estadounidense. Un remake de El fantasma de la ópera, lo que nos faltaba

¡Atención! Comunicado del gabinete presidencial. "Los ataques de Irán son lo único que impide el tránsito por el estrecho de Ormuz". ¡Lo único! "Tenemos un plan para derrotar, destruir e inutilizar sus capacidades militares a un ritmo nunca antes visto". La fanfarronada no amilana a los mercados: el petróleo campa por sus respetos y Washington ha tenido que levantar las restricciones a los importadores rusos. Otro triunfo geopolítico. La inflación sube casi tanto como el contador de bajas estadounidenses: siete muertos y ciento cuarenta heridos. Los enterradores de Arlington, previsores, exigen que el cementerio se declare zona tensionada.

"Tres o cuatro semanas", pronosticó Trump: quitamos al ayatolá y malo será que pongan otro. No hay que impacientarse, raro será que fallen los cálculos del hombre que declaró seis bancarrotas

Once mil millones de dólares en misiles, chiquita propina. La factura, por favor, mándela al Pentágono. La operación Furia Épica (¿tenemos quince años?) tiene a los contables amargados. Tras la debacle arancelaria, los yanquis deben treinta y seis billones de dólares a sus prestadores: un tercio del pagaré (arrea) está en manos de potencias extranjeras. Quisiera felicitar al colectivo MAGA, ¡al fin una grandeza! No todos tenemos el privilegio de vivir en la mayor multipropiedad del mundo

En nuestro condominio particular, el personal no encuentra su postura. Von der Leyen, que comenzó la semana ciscándose en el derecho internacional, trata de hacerse perdonar dándole besitos a la carta de Naciones Unidas. No aprendemos: ¿a quién se le ocurre dejar a una alemana a cargo del polvorín? "No se debe llorar por el régimen iraní". Regalo un penique al que me localice a una sola plañidera. En nuestro terruño, el pe so e ha desempolvado el "No a la guerra". Se agradece la cabriola nostálgica, aunque ya veremos si surte efecto. Según parece, ni Consumo ni Hacienda consideran que convenga aprobar medidas para paliar el sablazo. Dos rayitas me marca el depósito del coche: al final voy a tener que pagar la gasolina con bailes exóticos.

Trump aseguró en octubre que había parado ocho guerras en ocho meses. Todos nos choteamos, le dieron la medallita a María Corina Machado (¿estará bien esa señora?) y el señor del tupé raro se nos rebotó. Los cubanos, sabiendo que no hay dos sin tres, se aprestan a dialogar, ¡como si les fuera a servir de algo! La próxima, por caridad, riámosle la gracia y a otra cosa, carajo. 

Pero tranquilos, un brillo de sensatez despunta en el horizonte. "Ya no me interesa el Nobel de la Paz", ha declarado don Donald. Será que con el FIFA se contenta. He buscado las declaraciones y les aseguro algo: reconozco el tonillo. Lo he usado mil veces para decir que no adelgazo porque no quiero.

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