ASPAVIENTOS

La gresca

La noticia de la semana ha venido por triplicado. Otro yanqui ha intentado liquidar al presi. Les das armas, les niegas la cobertura de salud mental y sucede la magia. «Violencia política», sapristi. En todas las provincias del imperio, los redactores tocan a zafarrancho: ¡Gran suceso en la metrópolis! ¡Llamad al hermeneuta!

Como soy vicioso, me los he zampado todos. Que si matan más los capuletos o los montescos (los extremos se tocan, blablablá) y, oye, no nos pongamos tan estupendos, que aquí al Gobierno lo «apoya la ETA» (sic). Uno diría, valorando la historia reciente (¡inmediata!) de los Estados Unidos, que lo más recomendable es que se liquiden entre ellos. Mira que si no balean al prójimo. ¿El magnicidio? Venerable tradición de cualquier república bananera. De esas en las que reeligen presidente a un fulano cuyos simpatizantes —gente sensatísima, de la que se disfraza de bisonte— tomaron el Parlamento.

Los tertulianos, sobrepasados entre el currículo del maestrillo justiciero y los sesudos análisis del dispositivo de seguridad (cada español lleva dentro un seleccionador y un fan de esas películas en las que los libios asaltan la Casa Blanca), no han tenido un segundillo para comentar que en Mali le han dado matarile al ministro de Defensa. Y a la primera, oiga.

Será la primavera, pero un frenesí homicida se respira en el ambiente. Que se lo pregunten si no a los afiliados de Más Madrid, que se fueron de verbena y acabaron en un rosario. De la aurora. Gran trifulca en los bajos de la tabla: «moniquistas» contra «emilistas», probablemente la contienda más estéril desde lo del Cantón de Cartagena. Como campo de batalla, el plató de Ferreras. «Es muy burdo, voy con ello», qué alipori. Pelea en el barro entre los cabecillas del Frente Popular de Judea, nada más movilizador.

Mientras tanto, la famélica legión mastica corchopán. Decayó el decreto que prorrogaba los alquileres y se avecina «la inseguridad jurídica». ¡Uuuuuuh! Pobres caseros, los tenemos en un sinvivir

Mientras tanto, la famélica legión mastica corchopán. Decayó el decreto que prorrogaba los alquileres y se avecina «la inseguridad jurídica». ¡Uuuuuuh! Pobres caseros, los tenemos en un sinvivir. En el hemiciclo, sus señorías le pisaron el gaznate a esos peligrosos bolcheviques que anhelan vivir bajo techo. ¡Una jauja! Desde la tribuna de invitados, una señora gritó al respetable: «Haced algo ya, coño». Los diputados, tristemente, no se dieron por enterados, así que lo mismo hay que obligarlos.

El próximo 24 de mayo hay convocada una manifestación por el derecho a la vivienda. Exigencia constitucional, para que luego nos llamen levantiscos. Viendo que nuestros augustos representantes no sienten nuestras angustias, convendría comunicárselas. ¡Un ejercicio de empatía! Puede que, al enseñarles qué son los sudores fríos, el miedo y la vulnerabilidad, se vuelvan más comprensivos. No por intimidarlos, conste, ¡sino por explicarnos! Lo mismo, a fuerza de pisar moqueta, la electricidad estática les ha fundido los plomos (el electroshock más burgués de la historia). No creo que sean malas personas: seguramente, entre el sueldazo y el ujier, habrán olvidado lo mal que se vive aterrado. No le encuentro un pero, así que aquí mi propuesta; un esfuerzo pedagógico, coordinado y continuado en favor de una reclamación fundamental: las casas son para vivir en ellas.

Nogueras, me lo copia usted cien veces. Y con buena letra.

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