Un Primero de Mayo para ir más allá

Desde que tengo uso de razón, el Primero de Mayo ha sido para mí un día en el que mirar al futuro, para frecuentar Il sol dell'avvenire, por acordarme ahora de la deliciosa película de Nanni Moretti.

De la mano de mi padre, quien veía en cada Primero de Mayo la oportunidad de tomar aire e impulso para construir una sociedad más habitable para la gente corriente, para los que trabajan. Sus Primeros de Mayo eran los días con más trabajo del año, donde la reivindicación se mezclaba con los afectos y la camaradería, construyendo esa atmósfera única que se forma cuando la solidaridad se hace palpable en calles y plazas abarrotadas de trabajadoras y trabajadores.

Años después soy yo quien doy la mano a mi hija para recorrer las calles que ahora se convierten para mí en un recuerdo emocionado de Suso Díaz, el sindicalista de hierro, soldado, con la robustez con la que se unen los metales en Astano, a la memoria colectiva de la clase trabajadora de nuestro país.

El presente de este Primero de Mayo es muy diferente de cualquier otro. España ha completado la gran transformación del trabajo. No es solo que sea más, sino que es mejor. Tenemos la tasa de temporalidad más baja de nuestra historia, que por fin está en los parámetros europeos; más trabajo indefinido que nunca, que llega a las mujeres y a los jóvenes que antes quedaban fuera del empleo de calidad. Hemos desplegado normas ambiciosas y adelantadas a cualquier otro país para proteger a los y las trabajadoras del cambio climático. Fuimos pioneras en dar acceso a los representantes de los trabajadores al funcionamiento laboral de los algoritmos, porque no aceptamos que el trabajo del siglo XXI nos obligue a retroceder a las condiciones del s. XIX. Hemos hecho que los ERTE sean una alternativa real al despido. Hemos reconocido la ciudadanía laboral a las empleadas de hogar y a los artistas. La protección por desempleo ha mejorado sustancialmente y los trabajadores extranjeros que viven con nosotras podrán acceder a la integridad de sus derechos dejando atrás años de intolerables abusos y explotación.

Pero yo jamás vine a un Primero de Mayo a mirar para atrás, sino a conquistar el futuro, a pedir más y a reivindicar avances para quienes crean la riqueza en un país, que no son otros que los trabajadores y las trabajadoras.

Yo jamás vine a un Primero de Mayo a mirar para atrás, sino a conquistar el futuro, a pedir más y a reivindicar avances

El Primero de Mayo, como se recordará, fue instituido por Largo Caballero como fiesta nacional para “solemnizar” la conquista de la jornada de ocho horas.

No es posible que 95 años después de Largo Caballero las ocho horas de trabajo diario sigan constituyendo una referencia y, lo que es peor, que no se cumplan porque muchas empresas siguen basando su rentabilidad en la execrable práctica de no pagar horas extraordinarias y aumentar ilegalmente la jornada de sus trabajadores. Solo un registro digital y al que pueda acceder la Inspección de Trabajo puede resolverlo. Los que defraudan lo saben y por eso lo quieren evitar a toda costa. Nosotras también lo sabemos y no vamos a parar hasta que esté en el BOE.

Hoy es también un día profundamente democrático. La democracia se vive y se siente en la calle y por eso mismo se percibe todavía más su ausencia en las empresas. En los lugares donde pasamos un tercio de nuestras vidas no podemos decidir. Cuenta más un fondo buitre dedicado a desguazar una industria que la opinión de la plantilla que lleva media vida en la empresa. Tenemos derecho a decidir porque la democracia no se frena en seco en la puerta de la oficina o del supermercado y porque es un estándar europeo frente al que España es una anomalía. No estábamos condenados a ser el país con más temporalidad de la UE al igual que no estamos condenados a sufrir un sistema autoritario de relaciones laborales.

Y no olvidemos que son precisamente las trabajadoras y los trabajadores de nuestro país quienes sufren en primera persona la dificultad de acceso a una vivienda digna, porque no tienen herencias, sino salarios con los que no cabe afrontar las exigencias de los especuladores.

Pero el Primero de Mayo es también un día para no olvidar la fragilidad de lo que tenemos.

Hasta que llegamos al Gobierno, el PP permitía despedir trabajadores enfermos. Que nadie dude de que lo volverán a hacer: Rueda propone perseguir trabajadores de baja y algunos dirigentes patronales se ríen de quienes no pueden ir a trabajar hablando de bajaciones. Y, mientras tanto, las CCAA gobernadas por la derecha privatizan la sanidad y privan a los trabajadores de un diagnóstico y una curación rápida.

Hoy el SMI es de 1.221 euros. Lo hemos subido año a año, alguno de ellos con mucho esfuerzo. El PP lo congeló en dos ocasiones. ¡Congeló un SMI de 641 euros! Hoy Feijóo nos dice sin ambages que las subidas del SMI son “indiscriminadas”… mañana ya sabemos qué nos espera.

Nuestras conquistas, las que ya hemos logrado y las que vamos a lograr, no son eternas. Cada gobierno autonómico que queda en manos de la ultraderecha bicéfala de PP y Vox las pone en peligro persiguiendo a los sindicatos, primer paso antes de criminalizar la huelga y la acción sindical, como cuando el PP se dedicó a meter huelguistas en la cárcel con el Código Penal en la mano, el Código Penal que afortunadamente nosotras hemos derogado.

Pero toda esta sinrazón que siempre se dirige frente a los mismos, frente a la clase trabajadora de nuestro país, no nos hace perder la esperanza porque sabemos de dónde venimos y sabemos dónde encontrarnos: en las calles, las plazas y las grandes avenidas para clamar que ¡Viva el Primero de Mayo!

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Yolanda Díaz es Vicepresidenta Segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social.

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