Greenpeace Francia anuncia un plan de despidos que provoca un estallido social
Sillas vacías en plena calle y una gran pancarta con el lema “Hasta que se retire” colgada en la fachada. ¿Una acción más de Greenpeace contra TotalEnergies o contra las políticas ecocidas del Gobierno? No exactamente. Desde hace un mes, numerosos empleados y activistas de la ONG ecologista han emprendido una lucha contra su propia dirección.
Denuncian el plan de despidos anunciado a mediados de marzo, cuyo objetivo es reducir en una cuarta parte la plantilla de Greenpeace Francia. Es decir, la supresión de 33 puestos de trabajo. El miércoles 29 de abril, los sindicatos convocaron una concentración frente a Greenpeace seguida de una asamblea general abierta al público. Una forma de ampliar la lucha para aumentar la relación de fuerzas en un conflicto social que se está volviendo explosivo.
Todo comienza el 10 de marzo, cuando la dirección anuncia a los órganos de representación del personal un plan de despidos (denominado oficialmente PSE, por Plan de Salvaguarda del Empleo). Este se justifica por las dificultades económicas de la ONG, que ha visto cómo el crecimiento de las donaciones se ralentizaba en los últimos años, sin poder absorber ya el aumento de los gastos. Y es que la “generosidad del público” constituye el único recurso de la asociación, que no recibe ninguna subvención pública.
Según documentos internos consultados por Mediapart, la dirección de Greenpeace Francia prevé un grave aumento del déficit en los próximos años. En los últimos cuatro ejercicios, la ONG ha cerrado tres con un ligero saldo negativo: una media de 300.000 euros de déficit en tres años, menos del 1% de sus ingresos.
Pero los presupuestos previstos y comunicados a la plantilla son bastante alarmistas. En 2027, el déficit superaría los 4 millones de euros y la situación se repetiría en los años siguientes. Según estas previsiones, la asociación agotaría en solo tres años los cerca de 11 millones de euros de tesorería de los que dispone actualmente.
Esta situación económica preocupa mucho a los empleados. De hecho, los resultados pasados y actuales de Greenpeace no son especialmente malos. La tesorería sigue siendo sólida. En el conjunto de los últimos ocho años, la ONG ha obtenido 6,4 millones de euros de resultado neto positivo.
“Llevamos años escuchando esta suave melodía austeritaria por parte de la dirección, sin que se nos facilite toda la información. Pero la realidad es clara: aunque su crecimiento disminuya, los ingresos siguen aumentando. Son los gastos los que se disparan. No es señal de una crisis económica, sino de una mala gestión”, critica Mickaël*, miembro del comité de empresa (CE).
Una decisión del Tribunal de Casación que afecta a la recaudación
Por parte de la dirección explican que en septiembre de 2025 se produjo un gran cambio. “La asociación se ve gravemente debilitada por una decisión sin precedentes del Tribunal de Casación de septiembre de 2025. Esta decisión supone un golpe brutal a uno de los pilares históricos de la recaudación de donativos para la asociación”, dice un comunicado. El tribunal declaró ilegal el uso de los contratos temporales habituales en la asociación.
Porque la ONG utilizaba, a nivel interno, este tipo de contrato, muy flexible, para realizar la recaudación de donativos “cara a cara” en la calle. Un método que hasta ahora constituía una gran parte de sus ingresos. De ahí que el cuestionamiento judicial de ese modelo sea motivo de preocupación para los próximos años.
Al tener que externalizar o recurrir a contratos indefinidos a tiempo parcial anuales, la recaudación cara a cara resultará más costosa. Y, dado el clima sombrío que se vive en el sector asociativo, la dirección cuenta con “unas perspectivas de recaudación más bajas”, según se puede leer en un documento interno.
“De esta situación se derivan unas previsiones plurianuales muy preocupantes […], hasta el punto de que, si no cambiamos nada, nuestras reservas se agotarán en 2029 para cubrir los déficits, lo que provocará la desaparición pura y simple de Greenpeace Francia”, asegura la dirección a Mediapart.
Con estas previsiones en mente, la dirección presenta el plan de despidos. Los empleados se han quedado “estupefactos”. “Entendíamos que había dificultades económicas, pero nunca habría imaginado un plan de despidos así, de la noche a la mañana”, confiesa Louis*, empleado desde hace varios años en Greenpeace.
Más que la situación financiera, es el método lo que indigna. “Somos conscientes de las dificultades financieras a las que se enfrenta nuestra organización desde hace varios años. […] Sin embargo, a pesar de que tenemos en cuenta la situación financiera, denunciamos el marco y los métodos en los que la dirección impone este plan social”, escriben 103 empleados de la organización en una carta abierta.
Y, además, el anuncio del plan de despidos se produce cuando está vacante la dirección general de Greenpeace. Tras la salida de Jean-François Julliard en otoño de 2025, fueron nombradas tres personas codirectoras generales de forma interina, antes de la reciente llegada de la nueva directora general, Charlotte Schneider.
Los valores de Greenpeace en entredicho
“El anuncio del plan es, evidentemente, un momento muy difícil para cualquier organización, y más aún para Greenpeace, donde el colectivo es un valor fundamental que genera una gran cercanía y solidaridad entre todas y todos”, justifica Laurence Veyne, una de las codirectoras interinas. “Pero este tipo de plan está muy limitado jurídicamente. No podíamos hablar de ello antes de presentarlo a los órganos de representación del personal”.
Un argumento legalista que no cuaja. “Es una forma neoliberal de concebir el trabajo y la toma de decisiones. Parece que estuviéramos escuchando a los peores directores generales de grandes multinacionales”, critica un miembro de la asamblea estatutaria de Greenpeace Francia, un órgano de gobernanza que actúa de enlace entre los activistas voluntarios y el consejo de administración.
Para él están “gravemente pisoteados” los valores de “horizontalidad y gobernanza compartida” inherentes a la ONG. Lucas*, un empleado, tiene la misma sensación: “Que no haya habido ninguna concertación previa, ninguna reflexión colectiva, es tan escandaloso como la brutalidad de este plan de despidos”.
Esto es como la farsa de la Convención Ciudadana por el Clima de Macron. Un mecanismo para adormecer a las personas movilizadas
Una disonancia bastante compartida por todas las personas que aceptaron testificar ante Mediapart, pero que la nueva directora general parece no escuchar. En un correo electrónico dirigido a todos sus equipos, Charlotte Schneider se muestra molesta por estas críticas recurrentes.
“Leo y oigo mucho que, una vez conocida la situación, se deberían haber elaborado escenarios en colaboración con todas las comunidades. Una vez más, estoy perpleja. ¿De verdad creen que no hemos explorado todas las opciones antes de llegar a esto?”, escribe.
Un poco más adelante en el mismo correo, asume: “Un plan de despidos no se elabora conjuntamente, pero las medidas de acompañamiento, sí. […] Es lógico que este tipo de medidas, dolorosas, sean responsabilidad de la dirección, que asume las consecuencias y respeta el diálogo social y el derecho laboral”.
Es una respuesta frontal, sintomática de un conflicto que se enreda cada vez más en Greenpeace. Desde hace una semana, numerosos activistas voluntarios han decidido suspender toda forma de acción para la ONG. “Consideramos que no se dan las condiciones para llevar a cabo acciones bajo la bandera de Greenpeace, de acuerdo con los valores que defiende Greenpeace”, escriben los activistas.
“Se trata solo de algunos voluntarios. También sabemos que muchos quieren seguir y han comprendido perfectamente que, sin medidas drásticas, lo que está en juego es la propia existencia de Greenpeace”, replica Laurence Veyne.
Los puestos de responsabilidad, en general, no se ven afectados
Para intentar calmar la revuelta, la dirección anunció a principios de mes la puesta en marcha de “espacios de reflexión conjunta [destinados a] todos los empleados, sin miembros de la dirección general”. Espacios muy bien aprovechados: “Nos hemos organizado bien para intentar encontrar el máximo de soluciones para preservar el mayor número posible de puestos”, dice una empleada.
Pero otros se desilusionan rápidamente. En un correo electrónico dirigido a la dirección, los empleados solicitan una “aclaración” del proceso: “El marco propuesto habla de ajustar el plan de despidos. ¿Qué significa ajustar?” Respuesta de la dirección: “Las propuestas o ajustes han de tenerse en cuenta en la planificación actual del plan de despidos, ya que cualquier aplazamiento podría provocar un fuerte agravamiento del déficit. El consiguiente desfase en la planificación podría dar lugar a la necesidad de más despidos para recuperar el equilibrio”.
Algo que indigna a Louis*. “Esto es como la farsa de la Convención Ciudadana por el Clima de Macron. Un mecanismo para adormecer a las personas movilizadas”.
Para los empleados, la cuestión del calendario es fundamental. “Nuestra principal reivindicación, además, claro está, de la retirada del plan, se refiere a los plazos. Queremos conseguir un aplazamiento del calendario de seis meses, para disponer de tiempo real para debatir y estudiar alternativas”, explica Quitterie Czupryna, delegada sindical de Asso-Solidaires, el sindicato mayoritario en Greenpeace. La dirección ha concedido un plazo de unas semanas. “No se puede esperar más, dada la urgencia de la situación”, asegura Laurence Veyne.
Nos preguntamos si esta constatación [de suprimir numerosos puestos de delegados o sindicalistas] no proyecta una imagen poco ‘social’ de la organización
Una presión desesperante, pues, además del método, el contenido del proyecto de plan de reestructuración presentado también es objeto de fuertes críticas. De hecho, se mantiene la gran mayoría de los puestos más altos —y, por tanto, de los salarios más elevados—. Los dos niveles jerárquicos más altos de Greenpeace representan cerca del 20% de la plantilla actual de la asociación.
En el plan presentado, solo el 6% de los puestos suprimidos (dos puestos) corresponden a esas categorías. Por el contrario, el 48% de los puestos suprimidos (16 puestos) afectan a los cuatro niveles más bajos, cuando estos solo representan el 26% de la plantilla de Greenpeace. “Asumimos el hecho de mantener a directivos con experiencia que asumen muchas tareas operativas y que también acompañan y apoyan a sus equipos”, explica Charlotte Schneider.
“Para mí, estamos ante un clásico conflicto de lucha de clases. Los más ricos, los que tienen el poder, deciden despedir a los más pobres”, critica el miembro de la asamblea estatutaria. “¿Por qué deberían ser las y los empleados ‘subalternos’, que no han decidido nada, quienes sufran las consecuencias perdiendo su empleo?”, se pregunta la intersindical Solidaires-CGT en un folleto difundido internamente.
En este contexto ya de por sí tenso, una información ha avivado el enfado de muchas personas. Los empleados se han enterado de que las tres codirectoras habían recibido un aumento salarial del 15% durante su interinidad, que finalizó oficialmente, al igual que el aumento, el 23 de abril.
“[Este aumento] respondía al hecho de desempeñar una doble función durante los meses de ausencia del director general. […] Pero me sorprende la instrumentalización de este símbolo para denigrar y poner en duda la honestidad de las tres codirectoras, que hoy se encuentran física y moralmente muy afectadas por las acusaciones vertidas”, escribe la nueva directora general en el correo electrónico enviado a los equipos de Greenpeace.
Las cantidades de este aumento son insignificantes en comparación con el ahorro que persigue el plan de despidos. Pero el símbolo, evidentemente, ha sentado muy mal.
Una lucha para retirar el plan de despidos
Los sindicatos denuncian otro elemento del plan. Según ellos, el 75% de los representantes de personal y miembros activos de las secciones sindicales verían suprimido su puesto. Un punto que preocupa profundamente y que ha llevado a la codelegada general de Solidaires, Murielle Guilbert, y a la cosecretaria nacional, Julie Le Mazier, a escribir directamente a Charlotte Schneider. Un gesto simbólico, cuando la unión sindical Solidaires y Greenpeace llevan años luchando juntos en el seno de la Alianza Ecológica y Social.
“Nos preguntamos si esta constatación [de suprimir numerosos puestos de representantes electos o sindicalistas] no proyecta una imagen poco ‘social’ de la organización”. “No es en absoluto nuestra intención”, responde Laurence Veyne. “El plan de despidos se centra en los puestos, no en las personas. Hemos tratado de preservar los puestos que permitirán a Greenpeace seguir llevando a cabo campañas y tener impacto”.
“Queremos que se respete la democracia social, las asambleas generales de trabajadores y de representantes del personal: de hecho, es la condición para que el rescate de la organización no se haga en detrimento de los trabajadores de la asociación”, dicen los sindicalistas.
Algunos ya lo asumen: si llevan a cabo el plan de despidos, abandonarán la asociación. “Me desvincularé por completo. No tengo nada en común con la dirección, no defendemos lo mismo. ¿Cómo pretender defender la vida cuando no se es capaz de cuidar de las personas? Si el proyecto llega hasta el final, será la muerte de Greenpeace”, critica Mila*, una activista voluntaria histórica de la asociación.
Incluso entre los empleados que se han librado del plan de despidos, la cuestión surge cada vez con más fuerza. “Para mí, este plan de reestructuración pone en peligro la esencia misma de lo que es Greenpeace: una asociación militante, radical y de desobediencia civil. El único departamento que gana puestos en la reorganización presentada es el de recursos humanos. Eso dice mucho de lo que la dirección quiere construir en el futuro”, confiesa Lucas, visiblemente afectado.
Antes de plantearse marcharse, asegura que quiere “hacer todo lo posible” para que la dirección dé marcha atrás en el plan de despidos. Una postura ampliamente compartida en la asociación, aunque los métodos difieran, porque hay conflictos históricos que enfrentan a una parte de los empleados con la sección sindical.
“Esta lucha genera un momento de solidaridad interna fuerte, aunque no todo el mundo comparta las mismas formas de acción”, añade el empleado. Cartas abiertas, acciones en la sede, huelgas, peticiones, asambleas generales, fuerte implicación en los espacios “autogestionados de reflexión conjunta”, búsqueda colectiva de soluciones… En los últimos días no faltan las iniciativas.
El objetivo planteado es claro: “salvar a Greenpeace”. Aunque los métodos y las soluciones sean contradictorios, el objetivo, al menos, es compartido unánimemente en la ONG.
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* Nombres ficticios
Traducción de Miguel López