Violencia radical

Un hombre está en su casa, quizá está solo o ha cenado en familia y le ha contado un cuento a su hija o ha llegado de trabajar y, tirado en el sofá, aburrido, coge su teléfono y decide escribir palabra por palabra frases como: vamos a por ti, te voy a violar, te vamos a deportar, serás ejecutada públicamente, puta, guarra, zorra, roja de mierda, escoria, vas a aparecer en una cuneta. Ninguna de estas frases es inventada, están registradas ahí, en la jungla sin ley de las redes sociales. Están dirigidas a periodistas. Cristina Fallarás, Ana Pardo de Vera, Sarah Santaolalla, Laura Arroyo, Ana Bernal-Triviño, Andrea Ropero y tantas otras. Y una se pregunta quiénes son los que escriben estos mensajes y dónde están. ¿Están junto a mí, sentados en esta terraza tomando un café mientras escriben eso?, ¿es mi vecino?, ¿son hombres solitarios e independientes o están organizados? ¿Qué les pasa, cuánta rabia contienen y cómo de real puede llegar a ser la amenaza? Cómo se vive con esa furia contra ti en la palma de tu mano.  

Y más allá: en estas dos últimas semanas hemos sabido que Irene Montero ha denunciado ante la Policía Nacional que ha recibido amenazas de muerte por parte de una organización de extrema derecha considerada terrorista por el FBI, que Rita Maestre está siendo acosada en su casa desde marzo del año pasado y que dos hombres han sido detenidos por amenazar de muerte a Ione Belarra a través de redes sociales. 

Sin restar gravedad a la violencia verbal, no se sabe cuándo estas palabras pueden pasar a los hechos. Ni quién será la próxima. La pregunta que estos matones misóginos quieren provocar es: ¿vale la pena? Yo pensaría que claro que no y, sin embargo, ellas siguen ahí. Y sí da miedo. ¿Hay que abandonar ciertos espacios? 

Hace unos días, vi una serie nórdica, se titula Un hombre mejor. Cuenta la historia de Tom, un trol machista y solitario que detrás de un seudónimo pasa la vida acosando a mujeres a través de redes sociales. La serie arranca con una voz que dice: “La agenda del feminismo radical aquí está ligada a tal nivel de prestigio que el precio se oculta a toda costa. El hombre escandinavo está deprimido, les quitan a sus hijos, satura las cárceles y las estadísticas de suicidio. Noruega ama la fragilidad y odia a los hombres auténticos. ¿Y quién ha provocado ese desastre? El feminismo estatal. El poder vaginal de Noruega avergüenza a los triunfadores y hace creer a los ciudadanos más incompetentes que son perfectos solo por intentarlo”. Me resuena. Una noche, escribe unas amenazas de violación contra una cómica feminista. Unos hackers revelan su identidad y empieza la trama de esta miniserie que les recomiendo ver. 

Lo que no puede ser es que el mismo dedo que señala al feminismo como un movimiento agresivo se olvide casi siempre de apuntar hacia el daño que ha hecho y hace la violencia de género: 1.354 mujeres muertas desde que empezaron a registrarse las cifras en el año 2003

Más de la mitad de los hombres españoles de 15 a 29 años ven el feminismo como una herramienta de manipulación política y en el caso de las mujeres roza el 39%, según el barómetro de Fad Juventud. España lidera en Europa la percepción de que la igualdad discrimina a los hombres: lo cree el 49% de la población. “Me echaría antes una pareja de 200 kilos que no sea feminista que al mayor modelo de Victoria’s Secret que sí lo sea”, dice un usuario de Tik Tok. Cuánta misoginia puede contener una sola frase. 

Lo que no puede ser es que el mismo dedo que señala al feminismo como un movimiento agresivo se olvide casi siempre de apuntar hacia el daño que ha hecho y hace la violencia de género: 1.354 mujeres muertas desde que empezaron a registrarse las cifras en el año 2003. Once mujeres asesinadas en lo que va de año, el doble que en 2025. Eso sí me parece agresivo, eso sí me parece radical. Se pide al feminismo que rebaje sus formas mientras no se hace nada para que la violencia que se extinga. Es la misma reacción por la que se castiga a la persona que denuncia. 

Del troleo en redes a la agresión física. De la falta de educación y debate a que llamen a la puerta de tu casa en plena noche mientras tus hijos duermen. De los insultos machistas y la revelación de datos personales a la persecución callejera. ¿Funcionará esa herramienta llamada Hodio que se ha presentado esta semana para monitorear la toxicidad y violencia en las redes sociales? Lo que no acabo de entender es qué hacen los gobiernos alimentando las mismas redes que van a vigilar, los espacios donde se produce esa violencia. Quizá no debería ser un canal de comunicación institucional y quizá tampoco debieron entender el “zasca”, una onomatopeya para el golpe brusco, como lenguaje político.

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