Líbano, en un callejón sin salida militar y diplomático por los ataques de Israel

ersonal de emergencia en el lugar de los hechos tras un ataque aéreo israelí contra un barrio de la localidad de Mieh Mieh, cerca de Sidón, en el sur de Líbano.

Leila Aad y Zeina Kovacs (Mediapart)

Beirut (Líbano) —

Linda Habbash creía haber encontrado refugio en la playa pública de Ramlet Al-Baida, en el corazón de la capital libanesa, Beirut, donde lleva más de diez días acampada junto a cientos de personas desplazadas. Con su sobrino Emir en brazos, de tres meses, envuelto en una manta de terciopelo, cuenta que huyó de las bombas israelíes que caen sobre los suburbios del sur de Beirut desde que se reanudó la guerra entre Hezbolá e Israel, el 2 de marzo.

En los centros de acogida, desbordados por la afluencia de cientos de miles de personas que huían de los mortíferos bombardeos, ya no había sitio. Linda Habbash y su familia no tuvieron más remedio que montar una tienda de campaña y colocar sus escasas pertenencias a orillas del mar.

Pero en la noche del miércoles 11 al jueves 12 de marzo, mientras las familias celebraban el suhur, la comida que se toma justo antes del amanecer durante el Ramadán, el paseo marítimo se convirtió en un escenario de guerra. Israel atacó por primera vez una moto que circulaba por la carretera que bordea la cornisa y, segundos después, volvió a atacar, causando ocho muertos y treinta y un heridos. Entre ellos, personas desplazadas que se encontraban cerca de la explosión o que habían acudido a socorrer a las víctimas del primer ataque.

Esa misma noche, la aviación israelí también llevó a cabo una decena de ataques en los suburbios del sur de Beirut y otro en el centro de la capital, sumiéndola en un caos ensordecedor en el que se mezclaban el rugido de los aviones de combate, las explosiones y el zumbido de los drones. Para la familia Habbash, el mensaje es claro: “Ninguna calle es segura en el Líbano”.

El último ataque en el centro de Beirut se inscribe en la escalada israelí en el Líbano, incluso en zonas civiles situadas fuera de las regiones de mayoría chií, donde tiene tradicionalmente influencia el Hezbolá.

Israel amenaza, bombardea y continúa con sus incursiones

El jueves por la tarde, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, declaró que había ordenado al ejército ampliar los ataques en el Líbano. Pocos minutos después, el portavoz araboparlante del ejército israelí anunciaba la ampliación de la zona de evacuación del sur del país hasta el río Zahrani, a cerca de 40 kilómetros de la frontera.

Mientras el país se ve arrastrado a una espiral peligrosa, las autoridades libanesas parecen impotentes. El presidente de la República, Joseph Aoun, ha hecho todo lo posible por poner fin al conflicto, proponiendo negociaciones directas con Israel, que hace oídos sordos.

Los esfuerzos de su homólogo francés por negociar un alto el fuego han dado pocos frutos. A pesar del llamamiento de Emmanuel Macron al ejército israelí, el jueves, para que “renuncie a una ofensiva terrestre” en el Líbano, Israel no parece dispuesto a dar marcha atrás y continúa sus incursiones en territorio libanés. El mismo jueves, Israel Katz afirmó haber advertido al presidente libanés de que, si su Gobierno no lograba controlar a Hezbolá, Israel “tomaría” territorios y lo haría por su cuenta.

Para el comandante en jefe del ejército libanés, es imposible continuar con el desarme de Hezbolá con los bombardeos israelíes

Es una forma de presión sobre el Gobierno libanés, que no logra contener al partido chií, aún muy influyente, y que quiere evitar una confrontación directa que podría reavivar los disturbios civiles. Paralelamente, Hezbolá sigue lanzando ataques diarios contra Israel, el último de los cuales, una gran ofensiva de doscientos cohetes, se lanzó en la noche del miércoles al jueves, en cooperación con Irán.

Según el diario libanés L’Orient-Le Jour, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habría solicitado el 11 de marzo la destitución del comandante en jefe del ejército libanés, Rodolphe Haykal. Desde que asumió el cargo en marzo de 2025, el general Haykal solo tenía un objetivo: desarmar a Hezbolá en territorio libanés. Pero desde la escalada entre Israel y el partido chií, le resulta imposible continuar con este plan bajo los bombardeos israelíes.

La solicitud fue rechazada por el Gobierno libanés, que se encuentra, sin embargo, atrapado en un cerco: el de Israel y su aliado estadounidense, que justifican las operaciones militares israelíes por la ineficacia del desarme, y el de un ejército libanés débil que trata por todos los medios de recuperar las armas del movimiento chií, reacio a entregarlas.

El presidente Aoun, aislado

No es por falta de intentos. Desde los lanzamientos de cohetes del movimiento chiíta contra Israel en la noche del 2 de marzo, los primeros tras la firma del alto el fuego, el Gobierno libanés ha prohibido toda actividad militar del movimiento chiíta en todo el Líbano. También dice que ha expulsado del territorio nacional a un centenar de sus aliados, los Guardianes de la Revolución iraníes.

“Para los americanos, esto no es suficiente: el Estado aún no ha tomado ninguna medida visible”, opina un diplomático occidental. La semana pasada, la decisión de un juez militar de liberar a combatientes de Hezbolá a cambio de una multa de 21 dólares fue recibida de forma muy crítica en Washington, añade.

Anteriormente, en enero, Rodolphe Haykal, comandante en jefe del ejército libanés, se felicitaba por haber liberado el sur del río Litani de todas las infraestructuras militares de Hezbolá y por haber desplegado allí a miles de soldados libaneses. Esfuerzos insatisfactorios para Washington, según el diplomático occidental, aunque “la comunidad internacional sigue siendo consciente de las limitaciones a las que se enfrenta el Estado libanés”.

Desde el punto de vista del ejército libanés, fue la incursión terrestre israelí la que echó por tierra sus esfuerzos. El 3 de marzo, Israel anunció la creación de una “zona tampón” bajo su control en territorio libanés, lo que obligó al ejército regular a abandonar el perímetro. Ahora las fuerzas israelíes se enfrentan allí a combatientes de Hezbolá que han regresado a varias posiciones cercanas a la Línea Azul, que marca la frontera entre ambos países.

Ni Israel ni Estados Unidos tienen actualmente intención de llegar a un alto el fuego. Y, por desgracia, Hezbolá tampoco

Un diplomático occidental

Francia, por su parte, se limita a enviar ayuda humanitaria. A lo largo del día 12 de marzo debían llegar al Líbano por avión sesenta toneladas de productos de primera necesidad. Pero ni hablar de ayudar al ejército libanés suministrándole armas. “Ni siquiera era ese el objetivo de la conferencia del 5 de marzo”, confiesa una segunda fuente diplomática a Mediapart, precisando que esta conferencia “de apoyo al ejército libanés”, que debía celebrarse en París, tenía como objetivo principal respaldar al ejército en el plan de desarme de Hezbolá.

Pero esta conferencia se ha aplazado hasta abril debido a la escalada militar en curso, sin fecha concreta. En 2025, el ejército libanés contaba con un presupuesto de 700 millones de euros, es decir, menos del 3 % del presupuesto del ejército israelí, apenas lo suficiente para cubrir sus gastos de funcionamiento.

Israel y la comunidad internacional sitúan al Líbano en un callejón sin salida al dejarle pocas alternativas. El Gobierno podría intentar lo imposible y continuar con su plan de desarme bajo los bombardeos de su vecino, o bien esperar a que el ejército israelí doblegue a Hezbolá por la fuerza, matando de paso a cientos de civiles.

Desde el 2 de marzo, los bombardeos del ejército israelí han matado a 641 libaneses, entre ellos 91 niños, han herido a otros 1.586 y han provocado el desplazamiento de más de 800.000 personas.

Hoy, el presidente Aoun parece aislado en sus esfuerzos diplomáticos. Las conversaciones del “Mecanismo”, un canal inédito entre el Líbano e Israel creado por el acuerdo de 2024 bajo la supervisión de Francia y Estados Unidos, se encuentran prácticamente paralizadas. Washington y Tel Aviv amenazan con abandonar la mesa de negociaciones, según L’Orient-Le Jour.

Hezbolá, aunque muy debilitado por la guerra del otoño de 2024 y la actual contra Irán, su mayor apoyo, se niega ya a dialogar con el Gobierno libanés, lo que nos lleva directamente a una escalada. “Ni Israel ni Estados Unidos están actualmente dispuestos a un alto el fuego. Y, por desgracia, tampoco Hezbolá”, explica la fuente diplomática occidental.

Resulta difícil por tanto imaginar la cooperación del movimiento chií en estas condiciones, las mismas “que llevaron a su formación en los años 80”, explica la académica libanesa Elena Aoun, en referencia a la creación de Hezbolá en 1982 tras la invasión israelí del sur del Líbano. “Hezbolá ya no tiene nada que perder. El alto el fuego que Israel nunca ha respetado [12.000 infracciones en un año según L’Orient-Le Jour – ndr], era una hemorragia a pequeñas dosis”, añade. “Hoy en día, simplemente hemos vuelto a una hemorragia total. Y Hezbolá no aceptará nada mientras una parte de los territorios del sur siga estando delimitada por Israel”.

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Pero ahí siguen los cientos de miles de libaneses chiitas, agotados por los desplazamientos forzados y los bombardeos incesantes sobre sus lugares de vida, y cuya opinión respecto a Hezbolá es difícil de conocer. Muchos oscilan entre la lealtad a unos milicianos que parecen ser los únicos que quieren defender los territorios del sur, y el resentimiento hacia los dirigentes del partido, que sabían perfectamente que al lanzar cohetes contra Israel en apoyo a Irán, la represalia sumiría a todo el país en el caos.

 

Traducción de Miguel López

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