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Neonazis consiguen hacer carrera en el Ejército francés

En su cuenta de Instagram, Alan, militar del 27º batallón de cazadores alpinos, muestra un tatuaje en el antebrazo donde se puede leer: "Meine Ehre heißt Treue [Mi honor se llama fidelidad]". Era la divisa de las  SS en alusión a Adolf Hitler.

El 25 de junio de 2018, Alan V. cuenta en Facebook que habría que “pegar un buen tiro en la nuca” a los migrantes. ¿La enésima expresión de odio en las redes sociales? No sólo eso. También es una cuestión de seguridad nacional. Alan V. es un joven militar del 13º Batallón de cazadores alpinos (BCA).

En su cuenta de Instagram, el propio Alan publica fotos donde se le ve en uniforme, en el marco de la misión del Centinela (Mediapart, socio editorial de infoLibre, no ha podido determinar qué misión de vigilancia se le había asignado, en especial si se trataba de un lugar de culto).

El militar no oculta en las redes sociales sus opiniones políticas como cuando muestra en un primerísimo plano un tatuaje en su antebrazo. En él se puede leer: “Meine Ehre heißt Treue [Mi honor se llama fidelidad]”Meine Ehre heißt Treue. O lo que es lo mismo, la divisa grabada en la hebilla del cinturón de las SS, en alusión a su fidelidad a Adolf Hitler.

Cuando la Comisión de Investigación de la Asamblea Nacional publicaba, el 6 de junio de 2019, el informe sobre la lucha contra los grupúsculos de extrema derecha en Francia, se cuidó de situar al comienzo de sus 32 recomendaciones: “La vigilancia de los miembros o exmiembros de las fuerzas armadas o de las fuerzas de seguridad interna que participan en grupos de extrema derecha”.

El general Jean-Marc Cesari, director adjunto de la anticipación operacional (SDAO, servicio de inteligencia de la gendarmería), se mostró tranquilizador ante dicha comisión: “Es evidente que no hay lugar entre nosotros para las personas que transmiten ideas extremistas antirrepublicanas y violentas, cualquiera que sea la ideología que las inspire”. Veamos.

La investigación llevada a cabo por Mediapart se ha realizada fundamentalmente mediante la consulta de las publicaciones realizadas en abierto en redes sociales. Dicha investigación pone de manifiesto una decena de casos de personal militar o exmilitar (pero todavía en servicio en el momento de realizar determinadas publicaciones) que no ocultan en público su ideología neonazi. Hasta ahora, dichos posts no les han supuesto la expulsión del Ejército. Los dos únicos soldados que han dejado las Fuerzas Armadas francesas lo han hecho por voluntad propia.

Al habla con el Ministerio francés de las Fuerzas Armadas, éste nos ha respondido que “algunos de los soldados mencionados en la investigación [de Mediapart] siguen en activo y [que] los hechos han sido puestos en conocimiento de su cadena de mando”.

El artículo (L. 4139-15-1) del Código francés de Defensa prevé la expulsión de los mandos o la rescisión del contrato de un militar cuando una investigación administrativa revele que su conducta “ha pasado a ser incompatible con el ejercicio de sus funciones, habida cuenta de la grave amenaza que representa para la seguridad pública”.

Para detectar este tipo de comportamiento, la investigación de seguridad, realizada antes del reclutamiento, debe permitir “descartar a cualquier candidato que presente señales, incluso débiles, de radicalización”, según detalla el informe de la misión de investigación sobre los servicios públicos ante la radicalización de los diputados europeos Éric Diard y Éric Pouilliat, el 27 de junio de 2019. Este control lo lleva a cabo el Centro Nacional de Habilitaciones de Defensa (CNHD, por sus siglas en francés). Cada candidato está sujeto a una “comprobación básica”, que tiene por objeto “evaluar el grado de confianza que se puede depositar en él”. Entre otras cosas, se examinan los antecedentes penales del solicitante. ¿Pero qué sucede con las redes sociales?

Mediapart ha dado con el caso de Yann G., que desde octubre de 2016 y en varias ocasiones, se presenta con ropa con el logotipo de la red neonazi “Blood & Honour”, cuyo nombre proviene del lema de las Juventudes Hitlerianas, Blut und Ehre. Esto no le impedirá enrolarse en el 1er Regimiento de Húsares Paracaidistas a finales de 2018. Desde entonces, ni su condición de soldado ni la disolución de la filial francesa de “Blood & Honour”, dictada por el Consejo de Ministros en julio de 2019, han impedido que Yann publique nuevas fotos en agosto de 2019 en su cuenta de Instagram en las que aparece con una sudadera con los colores del grupo prohibido.

“Por definición, no tenemos los medios para seguir las publicaciones de nuestros 140.000 empleados cuando se expresan en internet”, admite el Ministerio de las Fuerzas Armadas. “No todos mencionan su condición de militares en sus publicaciones o se expresan bajo otra identidad. [...] Una minoría de los soldados se expresan a través de sus cuentas personales en las redes sociales o en sitios extremistas sin que el Ejército de Tierra pueda detectarlo”. El CNHD tiene una herramienta que permite “la criba de las redes sociales”. Pero, según el Ministerio, esto sólo permite “una foto instantánea en un momento dado”.

“Gracias führer”, responde un militar a un compañeroführer

Una vez finalizada la etapa de reclutamiento, corresponde a la Dirección de Inteligencia y Seguridad de la Defensa (DRSD, por sus siglas en francés) investigar cualquier posible radicalización que pueda producirse en el marco del servicio o “cuando el interesado esté en contacto menos frecuente con la institución militar (baja por enfermedad, reciclaje, etc.)”, explica el informe de la misión de investigación. La DRSD, el llamado servicio de inteligencia del primer círculo, puede entonces recibir apoyo de sus homólogos.

La Dirección General de Seguridad Interior (DGSI) organiza reuniones de concienciación con los diferentes cuerpos del Ejército. El objeto es mejorar el intercambio de información sobre los militares sospechosos de pertenecer a la ultraderecha. Hay que pensar que no es suficiente. Todavía hay, como lamentaba recordar un exministro del Interior, “ovejas negras”.

Entre los casos identificados por Mediapart está también el de Rurik R. A este sargento del 2º Regimiento de Infantería de Marina (RIMA) le gusta exponerse sin camisa en su cuenta de Instagram. Sus 1.000 seguidores tienen mucho tiempo para admirar su colección de tatuajes, su cruz celta a la altura del corazón, coronada por la palabra “White”, así como el lema de las SS, el mismo del cazador alpino Alan. Con una diferencia, Rurik se lo tatuó en ruso y no en alemán en el antebrazo.

Sin embargo, el Ejército de Tierra ha establecido un sistema que se supone que debe aportar “información sobre una posible radicalización”, según el informe de la misión de investigación, que cita como ejemplo de abusos sancionados: el mando “no puede tolerar, por ejemplo, una barba ‘mal recortada’ (contraria al reglamento) o un discurso discriminatorio”. Pero, ¿qué se puede decir en este caso sobre los signos de la imaginería neonazi?

“El Ejército de Tierra lucha contra todo tipo de radicalismo”, dicen fuentes del Ministerio. “Lleva a cabo acciones de concienciación desde el momento de su incorporación y luego permanece atento a cualquier comportamiento desviado. Cualquier caso probado está sujeto a procedimientos disciplinarios que conducen a una sanción inmediata y fuerte”.

François D. pudo haber sido detectado antes o después de su reclutamiento. Dos meses antes de que se uniera al 13º Batallón de cazadores alpinos en septiembre de 2016, se le vio en Facebook presumiendo con el brazo extendido, haciendo un gesto parecido a un saludo nazi. Su perfil se especifica en la foto, lo que facilita su identificación.

Y una vez que se convirtió en cazador alpino, François no oculta sus opiniones a algunos de sus camaradas de regimiento, como Dylan a quien le escribe “Gracias führer” después de publicar una de sus fotos.

Según Streetpress, el cazador alpino era también militante del Edelweiss, la sección del Bastión Social con sede en Chambéry. Heredero del GUD, el famoso grupo de extrema derecha militante posterior a 1968, el Bastión Social trató de mejorar su imagen “ayudando a los más desamparados”, aplicando al mismo tiempo la “preferencia nacional”. Sin embargo, sus miembros no renunciaron a la tradición del puñetazo. En octubre de 2017, François D. participó así, junto con otros militantes del Bastión Social, en el ataque perpetrado a un concierto de la federación anarquista local. Se le amonestó. Pero esto no afectó a su carrera militar. Y reincide.

El 29 de junio, François D. fue juzgado. Unos días antes, el soldado había golpeado a un muchacho de 17 años y luego le disparó en un rincón discreto, donde le fracturó la tibia y le cortó los cordones rojos de los zapatos, símbolos de la pertenencia de la víctima al movimiento antifascistas. “Quise demostrarle que siempre hay alguien más fuerte que él”, se justificó el cazador alpino, según el acta de la audiencia de Le Dauphiné Libéré. El tribunal correccional lo condenó a 18 meses de prisión, 12 de los cuales en suspensión. Ahora duerme en prisión. A la espera de una eventual acción disciplinaria, sigue siendo militar.

Mediapart no ha podido determinar con certeza si el legionario de origen ruso, Rodion K., había publicado fotos conflictivas antes o después de su entrada en el Ejército francés. Lo que es seguro es que varias imágenes publicadas en agosto de 2015 lo muestran haciendo un gesto similar a un saludo nazi en un bosque, o usando una sudadera con una esvástica. Las primeras fotos de Rodion en la Legión Extranjera que pudimos identificar fueron tomadas en enero de 2017, lo que no significa que no se haya alistado antes. En cualquier caso, estas fotos existen y no plantearon ninguna pregunta a sus superiores. Además, en la red social VKontatke, un equivalente de Facebook muy popular en Rusia, Rodion K. se exhibe en los locales de CasaPound, un movimiento neo-fascista italiano.

“La proximidad con miembros de las fuerzas de seguridad aumenta su capacidad de atacar”

En el período actual, la primera alerta de la DGIS sobre la creciente proporción de miembros de las fuerzas militares o de seguridad que se han unido a los grupos de ultraderecha se remonta al otoño de 2017. Tal y como revelaba meses después Mediapart.

En particular, se dijo que los servicios de inteligencia tenían entonces “medio centenar de policías, gendarmes y soldados” entre sus “objetivos” seguidos por sus vínculos con la “extrema derecha violenta”, lo que supone casi el doble de los objetivos seguidos por la adhesión al islamismo radical a tenor de las declaraciones del ministro del Interior que, a finales de 2019, habló de una veintena de policías y de una decena de gendarmes, seguidos por sospechas de conversión al fundamentalismo musulmán.

Desde entonces, un informe confidencial de Europol ha hecho sonar las alarmas: la ultraderecha europea se está armando y está reclutando en las filas del Ejército. En noviembre de 2018, un cabo del ejército británico, Mikko Vehvilainen, era condenado a ocho años de prisión después de intentar reclutar a otros soldados del grupo neonazi prohibido Acción Nacional.

El perfil del antiguo personal militar es particularmente buscado por los diferentes grupúsculos de ultraderecha. Por ejemplo, Valentin D., exsoldado del 17º regimiento de ingeniería de paracaidistas, es miembro activo del grupo neonazi “Arsouille Naoned” con base en Nantes. Uno de los autores de estas líneas lo identificó como implicado en el ataque a un activista LGBT en diciembre de 2019.

Activo en los círculos militantes de extrema derecha, Valentín participó en un torneo de boxeo organizado por Generación Identitaria en septiembre pasado. También aparece en un vídeo del grupo “Animus Fortis” con sede en Bourges, y cercano al movimiento del antiguo Bastión Social. Contactado, Valentín respondió que era “civil desde hace más de dos años” y que antes de eso, “nunca había estado activo como soldado porque [él] respetaba [su] deber de reserva”.

Grupúsculos bajo vigilancia, seguidos por los servicios de inteligencia, sobre todo por la recrudescencia de militares en su seno. ¿Cómo se explica entonces que la decena de casos identificados por Mediapart no hayan llamado la atención del Ministerio de las Fuerzas Armadas? Preguntado sobre este punto, el Ministerio no ha respondido. Una fuente interna del Ejército afirma que algunos de ellos –sin querer especificar cuántos– ya estaban identificados y “en proceso de ser tratados”. Esto obviamente lleva tiempo. Los primeros elementos de radicalización destacados por nuestra investigación se remontan, en cada caso, en el periodo 2015-2018.

Al margen de que esto es contrario a los valores republicanos y, por cierto, ilegal, la presencia de neonazis en el Ejército francés no debe reducirse a la mera reproducción de un folklore tan anticuado como nauseabundo. Conlleva amenazas de acción, como señaló Nicolas Lerner, jefe de la DGSI, durante la audiencia mencionada: “La proximidad de ciertos grupos a los miembros de las fuerzas de seguridad (militares o policiales, estén o no en servicio) aumenta su capacidad de ataque y su desinhibición de la violencia”.

Mediapart ha preguntado al Ministerio de las Fuerzas Armadas por el número de soldados identificados como de extrema derecha, cuántos están bajo vigilancia, cuántos están fichados. Fuentes ministeriales responden que “la DRSD no comunica ninguna cifra al respecto. De hecho, las personas vigiladas (militares o civiles) están sometidas a investigaciones que requieren la máxima discreción”. Alemania no tiene esa modestia.

El servicio de inteligencia militar alemán acaba de publicar un informe sobre la radicalización de las tropas. Y las cifras son preocupantes: 592 soldados eran identificados como de extrema derecha en 2019.

El ministro de Defensa alemán está haciendo limpieza en las filas de su Ejército y acaba de disolver parte de su comando de fuerzas especiales (KSK), infiltrado por la extrema derecha. El informe de la investigación dirigida por el jefe de personal del Bundeswehr, que condujo a la disolución parcial de la unidad de élite, denuncia la existencia de un “muro de silencio” que ha fomentado una cultura de impunidad.

En Francia, ¿se hace algo por averiguarlo?

La ley SILT establece la formación de un consejo que debe dictaminar sobre una eventual expulsión una vez que una investigación administrativa ha revelado que la conducta de un soldado se ha vuelto incompatible con el cumplimiento de sus deberes.

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Dicho consejo a día de hoy no se ha reunido. Los representantes de la institución militar que han comparecido ante la misión de información sobre los servicios públicos por la radicalización señalaron que, dado que los casos se tratan en la fase preliminar, “este órgano paritario podría no ser consultado nunca”…

Traducción: Mariola Moreno

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