“La República Islámica está dispuesta a todo para sobrevivir”: Irán y EEUU, historia de un fracaso
24 horas después del inicio de las negociaciones en Pakistán entre Irán y Estados Unidos, el vicepresidente estadounidense J. D. Vance abandonó Islamabad en la noche del sábado al domingo tras constatar el fracaso de las mismas.
Tras seis semanas de conflicto —desencadenado por Estados Unidos e Israel—, han terminado en un terrible fiasco las primeras negociaciones diplomáticas directas entre ambos países a este nivel desde el advenimiento de la República Islámica en 1979.
Como represalia, Donald Trump anunció este domingo el bloqueo total del estrecho de Ormuz y “la interceptación de todos los buques que hayan pagado un peaje a Irán para pasar”.
Clément Therme, historiador e investigador del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (Ifri), es especialista en las relaciones entre Estados Unidos e Irán. El autor de Teherán-Washington, 1979-2025. El Gran Satán a prueba de la revolución islámica (Hémisphères Éditions, 2025) describe un espacio diplomático minado entre una administración estadounidense que desconoce la realidad sobre el terreno en Irán y una República Islámica dispuesta a todo por su supervivencia, hasta la destrucción del país.
Mediapart: ¿Cómo analiza usted este fracaso diplomático tras un único día de conversaciones? ¿Le ha sorprendido?
Clément Therme: Teniendo en cuenta las líneas rojas planteadas por ambas partes, sabíamos que era extremadamente improbable un acuerdo político para resolver el conflicto.
Pero también es cierto que la composición de las delegaciones de ambas partes y el hecho de que fueran numerosas indicaban que las dos querían realmente explorar la opción diplomática. Este alto nivel de representación diplomática por los dos lados sigue siendo una primicia desde 1979.
Creo que el problema es que, para la Administración Trump, la opción diplomática no excluye la opción militar. Ambas van de la mano en la estrategia de “máxima presión” o de “paz por la fuerza”, tal y como la ha definido la Administración Trump II.
Resulta de todas formas muy difícil alcanzar un acuerdo diplomático mientras la opción militar esté sobre la mesa. Esa es la principal diferencia con respecto a las negociaciones que se llevaron a cabo en la época de la administración Obama —las primeras negociaciones directas sobre lo nuclear—, porque entonces existía un compromiso claro por parte de la administración americana de renunciar a la opción militar.
De hecho, hemos sido testigos de una diplomacia americana bastante brutal, con un presidente estadounidense que recurre a insultos y amenazas de aniquilación de Irán, al tiempo que se declara “abierto a la negociación”. En efecto, parecen muy lejanos los tiempos de las negociaciones de la era Obama sobre el tema nuclear…
Más allá de esas brutales declaraciones, hay que recordar que Donald Trump, que tiene casi 80 años, encarna la continuidad de la diplomacia estadounidense respecto a Irán.
Es más bien la administración Obama la que representa, en su relación con Irán, con un auténtico ciclo diplomático, un paréntesis y una excepción, tal y como describo en mi libro Teherán-Washington, 1979-2025. El Gran Satán, a prueba de la revolución islámica.
Trump afirma desde los años 80, tras la toma de rehenes en la embajada americana [en 1979, durante más de cuatrocientos días, 52 diplomáticos y civiles estadounidenses estuvieron retenidos por estudiantes iraníes en la embajada de Estados Unidos en Teherán –ndr], que es partidario de una intervención militar contra la República Islámica de Irán.
Las ideas que Trump está poniendo en práctica son muy antiguas en Estados Unidos, donde la cuestión iraní siempre se ha instrumentalizado en las luchas políticas internas. Cuando los americanos hablan de Irán, hablan de sí mismos. Trump habla de Obama, Obama habla de George W. Bush… Sus posiciones no se basan en las realidades del país, del terreno.
De manera sistémica, desde que ya no mantienen relaciones diplomáticas con Irán, ni tienen diplomáticos sobre el terreno, su capacidad de análisis y comprensión de Irán es muy limitada.
La administración Trump ha denunciado la intransigencia de Irán en materia nuclear para explicar el fracaso de las negociaciones. Pero Irán, tras seis semanas de bombardeos intensivos, ¿sigue estando en condiciones de mantener sus líneas rojas?
En primer lugar, me parece importante distinguir entre Irán y la República Islámica, el régimen. ¿Por qué? Porque hay que entender que la República Islámica está dispuesta a destruir Irán para mantener sus líneas rojas. Suele haber un malentendido mediático sobre este tema. La República Islámica no está interesada en la defensa de los intereses nacionales iraníes, especialmente en el plano económico. Está dispuesta a todo por su supervivencia, hasta la destrucción del país.
Cuando el régimen ataca a los Emiratos Árabes Unidos (EAU) como represalia, ataca a su principal socio comercial, después de China. Eso desafía, a priori, toda lógica, al menos económica. Quiere mantener sus líneas rojas, con una estrategia diplomática de “cueste lo que cueste”, aunque ello suponga el suicidio militar.
La cuestión nuclear es el último tema en el que cederá, por táctica diplomática, ya que es de interés prioritario para los americanos. Pero esa intransigencia hasta el final es también una cortina de humo que oculta las vulnerabilidades reales del régimen.
Ha sido parcialmente decapitado por la última ofensiva israelo-americana. El nuevo Líder Supremo Mojtaba Jamenei está gravemente herido, desfigurado y quizá ni siquiera en condiciones de hablar, como reveló Reuters.
Si mantiene esas líneas rojas, en apariencia, es porque el régimen sufre tensiones internas entre los diferentes grupos, fruto del autoritarismo fragmentado de la República Islámica. Si la delegación iraní era tan numerosa en Islamabad es porque todas esas facciones se vigilan entre sí: hay un miembro del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, un presidente del Parlamento, que también es un guardián de la revolución, hay un ministro de Asuntos Exteriores, y todo ello son instituciones y sistemas que se solapan. Como esos grupos compiten entre sí, juegan a ver quién demuestra más pureza revolucionaria.
En este contexto, ¿qué camino queda para un posible acuerdo diplomático?
Si todas las facciones que he mencionado consideran que está en juego la supervivencia del régimen, en ese momento pueden llegar a un compromiso para salvar la República Islámica. El régimen está dispuesto a sacrificar la ideología por su supervivencia. Y eso es lo que busca la Administración Trump, ese punto de inflexión: una República Islámica que considere que, dado que su supervivencia está amenazada, debe ceder en materia nuclear, en el apoyo a las milicias aliadas en la región y limitar su programa balístico.
Un punto clave en los próximos días será la capacidad de los americanos para desbloquear el estrecho de Ormuz, que sigue siendo una de las principales bazas de la República Islámica.
Además, no se ha hablado de ello hasta ahora, ya que no fue invitado a Islamabad, pero el pueblo iraní también puede convertirse en un actor en este gran juego diplomático. En este momento aún se desconoce el efecto del impacto militar externo que acaba de producirse sobre la lucha de los iraníes por liberarse de este régimen.
El apoyo a Hezbolá en el Líbano y, en general, a las milicias aliadas en otros países, como los hutíes en Yemen, cada vez es más rechazado por la población iraní, que ya no soporta que el destino de la paz dependa de los intereses de esos grupos.
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Traducción de Miguel López